[•REC]4: APOCALIPSIS. O eso dicen.

El mundo [·Rec] ha quemado su último cartucho. Pero lejos de explotar como se esperaba, como una traca que nos deje retumbando los oídos, se ha quedado en un petardo carpintero del dos, defectuoso y que sólo hace fssss.

Por Teresa Domingo.


La idea está bien. Tampoco era difícil
, después de la salida de madre de la tercera entrega, que corrió por cuenta de Paco Plaza. El bodorrio cómico-zombi hubiera podido funcionar si no hubiera pesado sobre él la responsabilidad de pertenecer a una saga  de terror más o menos respetable. Por suerte para Plaza, algunos guiños y personajes en ésta, corroboran que aquella, realmente, lleva su mismo apellido.

La historia parte del mismo punto en donde acabó la primera. En el edificio precintado por la infección zombi quedan los últimos vecinos y bomberos infectados del primer brote, de los que dan buena cuenta un nuevo grupo de bomberos que entra a despejar antes de volar el edificio. Justo antes de salir encuentran a Ángela (Manuela Velasco) que se ha escapado de la niña de Medeiros sin contagio. La evacúan junto a cualquiera que haya tenido contacto con el virus y los embarcan en un crucero con todo excluído. Una especie de cuarentena precaria de seguridad llevada a cabo por militares que, evidentemente, esconde más de lo que aparenta y que acabará como el rosario de la Aurora, no olvidemos que es una gestión de la sanidad española. En alta mar, y con una tormenta aproximándose, lo último que podíamos pensar es que la periodista tuviera que enfrentarse, otra vez, a los devoradores de humanos histéricos, en una nueva mutación.

Los efectos están bien. La fórmula llevada a cabo en el desarrollo de los monstruos es el plato fuerte de esta saga. La oscuridad de las escenas, los planos cámara al hombro, la velocidad de los zombis, la fuerza implacable y la ira desatada vuelven a ser los ingredientes que nos van a hacer apretar el culo en más de una ocasión. Los pasillos estrechos del barco y los camarotes pequeños son escenarios claustrofóbicos, ideales para explotar algunos recursos cinematográficos ya usados de manera inteligente en las escaleras y pasillos del edificio de la primera peli, como las divertidas elipsis visuales, que nos muestran el lugar por donde van a llegar los zombis, que son omitidos mientras oímos como se aproximan, como una estampida de bestias descontroladas. Los efectos en los ojos de los infectados y las nuevas pústulas ocasionadas por la mutación del virus nos muestran la evolución del maquillaje, acompañando a la historia, de manera satisfactoria.

Pero los actores no están bien. Hasta Manuela Velasco, parece que está menos creíble que en las dos primeras, y eso que no las tenía todas conmigo cuando se confirmó que la presentadora que se sacaba mocos en directo en la televisión de los 40 principales iba a ser la protagonista de una peli de terror. El resto de elenco parece sacado de una función de final de curso. Recitando textos de manera forzada  e interpretando con la expresividad de un guisante congelado. Es una pena, porque te sacan por completo de la parte de la historia que se podría salvar. Y digo podría porque el final surrealista, absurdo, chustero y faciloide que se ha buscado Jaume Balagueró destruye cualquier atisbo de diversión que hayas experimentado durante la proyección.

No. El final no está bien. No voy a spoilear nada, tranquilos, pero me parece una resolución poco digna para el tramón que se nos planteó en el ático donde vivía la esperpéntica niña. De todas las opciones que se podían barajar para el final de la historia, Balagueró ha elegido una de las más penosas. Una opción fea e insultante para el público de terror, que hace más aguas que el barco de la escenografía durante la tormenta. Una opción barata que no se sostiene por ningún lado y que degrada la historia, que creíamos salvada por “el bueno” de la pareja creadora de esta saga, y que, para mí, solo merecerá ser recordada por su primer volumen.

Tenía esperanza en esta última parte, pero no me ha convencido en absoluto. Un buen ejemplo de cómo destrozar un guión aceptable en las tres últimas páginas del libreto. Lástima.

Sigue a Teresa Domingo en Twitter: @Tuiteresita

Acerca de Teresa Domingo 147 Articles
Si es creepy, es para mí.

Be the first to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo no será publicada.


*