10/10 – Puntuar es fácil con los ojos cerrados.

Gene Siskel lo simplificó: “¿Qué es lo que la gente te pregunta? ¿debería ver esta película? La gente no quiere un discurso sobre la carrera de un director. Pulgares arriba Si, pulgares abajo, no”. Roger Ebert y Gene Siskel fueron los primeros comentaristas de Youtube 20 años antes de que existiese la plataforma virtual… y eso es terrible.

Por Andrés R. Paredes

He aquí un experimento: visita cualquier página Web de entretenimiento que incluya críticas de cine, videojuegos o series y trata de encontrar un sistema de valoración justo. No sólo ya las famosas estrellas de IMDB o los tomates “frescos” o “podridos” de Rotten Tomatoes. Esta misma santa casa tiene cada semana un Mola/No mola en el que resumimos… bueno, pues cosas que están guays y no cada semana. O la revista Hobby Consolas en la que se realiza una media sobre cien puntos de todos los factores que intervienen en un videojuego. Incluso la propia revista Edge en su segunda vuelta por España no se libra de un sistema de puntuación (cuesta encontrarlo, pero ahí está, en la sección de Play al final de la crítica, un número del uno al 10).

Cual emperadores romanos

Gene Siskel y Roger Ebert fueron la voz de la razón en lo que a cine se refiere en Estados Unidos a través de su programa “Siskel & Ebert at the Movies” y “At the movies” que se emitieron desde 1980 a 2010. En ella, dos de los críticos de cine más importantes del Siglo XX despedazaban o ensalzaban películas en menos de diez minutos, dedicaban especiales desde un poco conocido festival de Cannes o discutían (a veces hasta el punto del grito) sobre una película en la que no estaban de acuerdo. Y atentos, porque ambos críticos eran auténticas eminencias. Siskel formaba parte del departamento cultural del Chicago Tribune y Ebert era (y sigue siendo a día de hoy) el único crítico de cine que ganó el premio pullitzer. Y sin embargo, entre los dos consiguieron algo bastante terrible: Democratizar y simplificar la crítica de cine hasta el punto de la banalización del arte a través de sus sistema de puntuación.

Los dos pulgares arriba o los dos abajo implicaban lo que el espectador debía hacer con su dinero: ¿Vamos a ver esta película al cine? Si en el póster aparecían los dos pulgares arriba, la apuesta era segura, la película era buena y merecía la pena gastar el dinero. Si eran hacia abajo, había que huir de ella como de la peste. Y ni que decir tiene que se equivocaban (¿es posible equivocarse al dar tu opinión?) en muchos casos, especialmente Ebert. Poner a caldo a películas como “Butch Cassidy & the Sundance Kid”, alabar cosas como “Speed 2” o dar dos pulgares hacia abajo a “Army of Darkness” porque “no es tan graciosa” debería condenar al ostracismo a cualquier crítico que se precie. Pero como decía antes, el auténtico pecado de los críticos fue simplificar hasta el infinito algo en realidad tan complejo como la crítica de cine.

Todo se reduce a lo que Anghus Houvouras  explica en este artículo: vida o muerte. Teoría Binaria, ¿vale la pena ir al cine o no?. El caso más flagrante lo podemos encontrar en Twitter: Críticos de cine que expresan sus opiniones en 280 caracteres y una nota final en paréntesis (4/10) y esas opiniones pasan a formar parte del grueso de artículos titulados “las primeras impresiones de los críticos del último bombazo de Disney”. Al público medio no le interesan las críticas en las que se aprecian todos los aspectos de una película, porque eso requiere tiempo para leer, comprender y asimilar y lo que más necesitamos en la distopía Momo en la que vivimos a día de hoy es tiempo. Y sin embargo, muy pocas veces el cine, los videojuegos o la ficción en general responde a un esquema de “todo perfecto o todo mal”.

¡ESTRELLAS, CAPS LOCK, SÍMBOLOS!

Y vive Dios que el abajo firmante no está libre de culpa. Mis primeras reacciones a Madre!, la última película de Darren Aronofsky fueron bastante duras para una película en la que he pensado cada día en lo que llevamos de año. Una cinta que odié a muerte antes de que se estrenase (por esa jugarreta cruel y barata de tratar de parecerse a La semilla del Diablo) y que cuando se estrenó me dejó tibio. Pero que con el paso de los días y gracias a un revisionado reciente, se ha convertido en quizá en una de mis cintas favoritas del año. Y la cosa es que no es una cinta perfecta ni la mejor que he visto este año (ese premio se lo lleva Colossal).

Más o menos cuando decidí a ponerme a escribir sobre cine tomé dos determinaciones: Nunca hablar de una película que no había visto o que no había visto por completo y no poner puntuaciones. La primera decisión me parece que tiene un sentido apropiado, si no conoces, no juzgues. La segunda es un poco más compleja. Un sistema de puntuación tan simple como las estrellas, los pulgares o lo que el crítico decida no alcanza ni siquiera a arañar la superficie de una obra por completo. Tan sólo sirve como análisis superficial, como el “facemash” que se veía al inicio de “The Social Network”.

Y he aquí el quiebro: este sistema no es tan terrible. Es malo en el sentido de que simplificar el trabajo de una persona durante un año o dos (pensad en las primeras críticas que recibió Apocalypse Now) hasta el punto de que una crítica puede caber en un Tweet o apenas en cuatro cifras y un símbolo y que el espectador se deje guiar por ellas, pero resulta útil como una primera toma de contacto, y tomadas 5 simples puntuaciones y realizada una media podemos comprender más o menos por dónde van los tiros de una película. Hay que coger con pinzas estas primeras impresiones, esta simplificación del trabajo, pero no pueden ser nuestro único faro a la hora de juzgar una película o obra de arte. Quizá una imagen valga más que mil palabras, pero a la hora de comprender una obra de arte (por completo) debemos detenernos a pensar y leer las reflexiones de otros autores por completo. El cine no es simple, no son dos horas que pasan volando (según qué películas) y que no merecen más reflexión que la que tenemos con amigos al salir de la sala. La crítica de cine no es un Sprint, es una carrera de fondo.

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