3, CALLE DE LOS MISTERIOS. Cuentos sobre la muerte.

Shigeru Mizuki nos narra varias historias cortas sobre la muerte y los fantasmas. La fusión de estilos es el motor que hace funcionar a estas, pasando del miedo a lo cotidiano.

Por Joe Runner.

El tema de la muerte es tabú en nuestra sociedad por alguna extraña razón. No podemos negar que cuando alguien fallece, a su alrededor se suceden una serie de sentimientos por parte de sus allegados y conocidos, a veces tan contradictorios como unánimes, pero todos somos conscientes de nuestra mortalidad. O por lo menos en teoría, porque en realidad nos creemos seres inmortales, inmaculados y ajenos a las desgracias directas y por mucho que nos cueste de asimilar, no es la realidad. En ciertas culturas la muerte no es más que una etapa más de la vida, e incluso, la primera etapa de la supuesta verdadera vida, según si nos metemos en tema de religiones o no. Sea como fuere, es una estupidez hacer ojos ciegos ante el inevitable hecho de que todos somos mortales, de que todo lo que vive debe morir y que no existe brebaje, conjuro o artimaña que nos libre de ello. Lo gracioso viene cuando la gente que niega este hecho cree a pies juntillas en los fantasmas. Es tan absurdo como los que dicen que si algo no lo ven no lo creen, pero están seguros de que existe una deidad capaz de juzgarles por sus actos. Gracias a este tipo de personas actualmente podemos disfrutar de la temática paranormal, que tanto ha dado a la ficción.

De hecho, el cómic de 3, Calle de los Misterios no es más que una compilación de pequeñas historias relacionadas con la muerte y los fantasmas. Alejada de la temática terrorífica, los cuentos se narran de manera totalmente normalizada, ridiculizando a los personajes temerosos de estas entidades o de la misma muerte. No es una lectura para aquellos que busquen algo macabro o que les haga tener miedo a la oscuridad durante una temporada. No son más que fábulas cortas, basadas en la actualidad sobre personas totalmente normales que han tenido alguna que otra experiencia sobrenatural, pero de una forma totalmente desmitificada y neutra, en la que el amor, el humor o la amistad tienen cabida. Podría decirse que es esa forma de narrar cada una de estas historias cortas lo que más llama la atención, ya que el lector puede estar esperando que alguna bizarrada aparezca en escena de un momento a otro, pero nunca llega a suceder. Y pese a todo ello, no podría decir que me haya decepcionado en demasía.

Está claro que uno cuando lee por primera vez a Shigeru Mizuki, el padre del movimiento yokai, espera encontrarse con algo totalmente distinto, sobre todo si el tema central es la muerte. Se hecha en falta cierto halo oscuro y turbio, que nos mantenga con el culo apretado durante la lectura, pero Mizuki prefiere tirar por la tangente y usar la temática del más allá de forma tranquilizadora y pacífica. Pese a quedarme algo frío con la obra, admiro la facilidad con la que es capaz de entrecruzar aspectos tan contradictorios con la Parca (o al menos así me lo parece) como son el romance, la crítica social o las situaciones estúpidas. Creo que en ningún momento se toma en serio a la mayoría de sus personajes, a excepción de un par de personajes. Os prometo que esperaba encontrarme con algo completamente distinto. Quería tener pesadillas durante días. No atreverme a ir al aseo en mitad de la noche por temor a ser sorprendido por algún extraño ser y terminar yendo encendiendo todas las luces y con mi bate de béisbol. Pero no ha sucedido. Y creo que en el fondo me alegro, pese a la desilusión.

Me alegro, más que nada, porque al final se me ha quedado el regusto de haber leído algo original, sin llegar a ser la bomba. Y no sólo por el guión, sino por el característico arte de Mizuki. Estoy seguro de que si quisiera hacer un dibujo realista lo podría conseguir sin dificultad alguna, ya que todos los fondos y objetos que dibuja están cuidados hasta el último detalle, contrastando todavía más el aspecto caricaturizado de sus personajes. Incluso diría que, en la mayoría de casos, lo único caricaturizado es la cabeza de sus protagonistas, consiguiendo expresiones que rozan lo esperpéntico. Algo asombroso, debido a que sus yokais o monstruos, son representados con un realismo (a excepción de la imagen de abajo) que te llegas a preguntar sobre la cantidad de basura abstracta que podía pasar por la cabeza del autor. Todo ello desde la admiración, que quede claro.

En resumidas cuentas, nos encontramos ante una obra atípica, le pese a quién le pese. El sentimiento de desasosiego al no tratarse de algo sumamente retorcido y terrorífico se compensa con las historias y su amalgama de estilos que, lejos de ser lo mejor que vayáis a leer en vuestra vida, son bastante originales. Ahora que ya me he iniciado con el artista, espero que lo siguiente sea sustancialmente mejor, haciendo así honor a la reputación que le precede. Además, para los que estén interesados, Astiberri está publicando todo lo del artista, incluida el presente cómic, por lo que podéis haceros con la obra del maestro nipón. Porque la muerte no debería ser un tabú nunca más.

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Acerca de Joe Runner 22 Articles
Cuenta la leyenda que un zhéroe entró en una isla llena de cabezas cortadas...

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