5 cómics que leer en noviembre, ese mes en medio de ninguna parte.

Odio noviembre. No sé muy bien el porqué, pero lo odio. Es como ese mes anodino en medio de ninguna parte que antecede al fastuoso y excesivo diciembre. Es el hermano que no molesta, el que no destaca, el que nunca hace nada, ni bien, ni mal. Por fortuna, y a pesar de todo, hasta en noviembre se pueden leer buenos cómics.

Por Javier Marquina.

Y eso es todo lo que puedo decir acerca de noviembre. A veces uno tiene que hacer lo que tiene que hacer aunque no sea el mejor en su trabajo, por muy sucio que éste sea. Saquemos las garras con un potente SNIKT y empecemos a ver a qué cinco cómics hay que echarles un vistazo durante este otoñal y gris mes.

El Resurgir. ECC Ediciones.

Para mí Scott Snyder es uno de esos guionistas que todo el mundo ponía por las nubes y que parecía que iba a llevar el arte de escribir tebeos a un nuevo nivel de excelencia y que, al final, ha resultado ser un tío con ideas bastante mediocres que, aunque al principio sabe rodearlas de un halo de novedad y misterio, con el tiempo y de manera inevitable, acaba descubriendo sus cartas. Es como un tahúr malo, de los que acababan cubiertos de brea y plumas en los salones del Lejano Oeste. Sean Murphy, sin embargo, es uno de esos dibujantes que poseen ese “algo” que me hace comprar sus cómics; uno de esos artistas a los que miras página tras página y siempre te está dando algo; uno de esos tipos con talento que, sin estridencias, se coloca en posiciones ventajosas para hacerte flipar con algunas páginas memorables. Y es que el señor Snyder, a pesar de ser bastante mediocre, es otro de esos tipos con suerte (en la estela del nunca suficiemtemente odiado Matt Fraction) al que le suelen dar proyectos con dibujantes excepcionales. Hay gente que nace con una flor en el culo. Eso es así. En esta ocasión, y partiendo una lanza en favor de Snyder, debo decir que sabe sacarle el máximo partido a su artista y nos regala una historia de ciencia ficción muy resultona, no demasiado original, pero de las que lees sin casi darte cuenta. Un tomo más que recomendable que recopila todos los números americanos de una serie que, además, se llevo un Eisner a la mejor serie limitada de año.

The Rise of Aurora West. First Second Books.

No he podido esperar. No he sido capaz. Cuando en un cómic se juntan dos de mis autores preferidos, pues entonces soy presa del ansia y acudo raudo y veloz a páginas como http://www.bookdepository.com/ para hacerme con mi ejemplar, a poder ser en tapa dura. Dicho y hecho. Cargo en la tarjeta, envío internacional y ejemplar en casa. Y ahí empiezan las sorpresas. La primera es, sin duda, el formato. Porque la edición original de The Rise of Aurora West es sorprendentemente pequeña. Casi demasiado. Parece un libro de juguete, de los que nos leían de pequeños nuestros padres sentados en el borde de la cama. Y no por eso deja de ser un libro delicioso. Bonito. Un libro que huele a nostalgia. A viejo libro de aventuras. A pulp leído por un niño bajo las sábanas armado con una linterna. Aurora West es peligro y misterio. Ciencia imposible. Relaciones paterno filiales. Dramas personales y monstruos muy feos y con muchos tentáculos. Paul Pope en estado puro. Mientras,  Rubín sigue siendo Rubín. Y eso es muy bueno. Con todas sus virtudes y defectos, creo que David Rubín es el autor más adecuado para transmitir esa sensación de nostalgia y aventura. Un Rubín cada vez más armado de recursos y trucos. Un Rubín que maneja el medio y la narrativa de una manera asombrosa. Un Rubín que ha encontrado un puente que puede llevarle directo al Olimpo Americano, algo que unos cuantos ya predijimos hace meses. Yo a veces sueño con que dibuja Daredevil.

Réquiem: El caballero Vampiro. West Wind Cómics.

Pat Mills es un flipao. Uno de esos tipos que debió abusar del ácido en algún momento de su adolescencia y ya nunca volvió de aquel viaje por colores que viven y seres con ojos de mapas del infierno. Es un Grant Morrison más de andar por casa, menos generalista, más vinculado a la manera europea de hacer cómics. Lo conozco desde sus tiempos de aquel alucinante Slaine con Simon Bisley y la verdad es que aunque sus guiones nunca me parecieron nada del otro mundo más alla de alguna buena idea llena de momentos absurdos y diálogos imposibles, sus cómics siempre han tenido ese algo curioso y extraño que te acaba atrapando. Ahora, y está vez de la mano de los dibujos pintados del no menos alucinante Olivier Ledroit, Mills nos trae las estroboscópicas aventuras de un vampiro gótico y blanquecino en un reflejo infernal y de pesadilla de nuestro planeta. Un álbum lleno de ideas alucinadas y lisérgicas, ilustrado de una manera espectacular, con esos colores que te atrapan y colocan tu cabeza en otro lugar, un sitio de fuego y sangre y mujeres que entregan su sangre muy ligeras de ropa. Un sitio de maldad eterna en el que el héroe lo es por ser menos monstruoso que los demas. Un cómic de esos que aparece de la nada y disfrutas de principio a fin.

Nuevo X-Factor nº 8: Más que una marca. Panini Cómics.

A veces, hasta los ídolos se equivocan. Hasta los héroes caen. Hasta los genios cometen errores. Es cierto que en esta sección intento reseñar y recomendar brevemente cómics que me parecen interesantes de entre la lista de lo que leo a lo largo del mes, pero esta vez voy a hacer una pequeña excepción. Y lo hago, sobre todo, por la profunda admiración que siento por el guionista de este colección y la profunda decepción que me han producido los primero números de este renacido X-Factor. Para mí, Peter David es uno de esos artesanos de la palabra, todo oficio y saber hacer, capaz de crear aventuras mas tras mes con una solidez y un talento pocas veces visto en el cómic americano. Con sus pequeños altibajos, David nos ha proporcionados miles de páginas de cómics bien escritos, divertidos, inteligentes y amenos. Cómics de eso que se cierran con un a esbozo de sonrisa mientras piensas: “qué bueno es este tío”. Sin embargo, este tomo ilustrado por Carmine Di Giandomenico es una mierda pinchada en un palo. Así. Sin rodeos. Los chistes están más forzados que nunca. La historia no cuenta apenas nada y lo que cuenta es tan trepidante como el crecimiento del coral en el Pacífico. Las ilustraciones son ese típico “Ah. pues muy bien. Pues vale”. Se nota cierto agotamiento en el veterano guionista, algo totalmente comprensible dados los graves problemas de salud que ha sufrido en los últimos tiempos, pero eso no camufla que el cómic sigue siento una bazofia infumable, una de esas con las que Marvel nos regala cada vez más a menudo. Una verdaderá lástima, la verdad, pero yo confío en mi querido Peter. Seguro que encuentra de neuvo el camino y, pese a todo, Mercurio vuelve a ser aquel magistral personaje al que Doc Samson psicoanalizaba.

Rachel Rising 2: Tumbas invernales. Norma Editorial.

Creo que fui uno de esos pardillos que, animado por la expectación generada por los muchos comentarios favorables, cayó en la compra de Strangers in Paradise como gran pecado inconfesable. Afortunadamente, mi mecanismo de sopor manifiesto, me avisó de lo aburrida que era esa serie número tras número, y dejé de seguirla antes de que causara en mi organismo efectos parecidos a los del tripanosoma. De cómo llegué a este Rachel Rising sabiendo que era obra del mismo autor (Terry Moore), sigue siendo uno de esos misterios con los que mi subconsciente adorna mi, por otra parte, aburrida vida. El caso es que, guiado por una mano fantasmal y misteriosa, en algún momento que no logro recordar con claridad, adquirí el primer tomo de esta colección, empujado tal vez por esa voluntad de conceder segundas oportunidades que tanta mierda ha traído a mi colección de tebeos. Y sin embargo, y contra todo pronóstico, esta vez acerté al concederle al señor Moore unos cuantos minutos para que me entretuviera. Y es que Rachel Rising está muy bien. Pero que muy bien. Sin dejar ese lado femenino y personal característico del autor, se nos va desgranando una historia llena de costumbrismo y brujería, plagada de personajes reales e interesantes e ilustrada de manera minuciosa y preciosista en un maravilloso blanco y negro. Vamos, una auténtica delicia; una pequeña maravilla; una joya divertida, oscura y muy bien planteada; una recomendación positiva como la copa de un pino. A por Rachel.

Eso es todo, queridos amigos. Espero que algunos de estos cómics os sirvan para pasar las tardes oscuras que el funesto cambio de hora ha hecho descender sobre nuestras cabezas. Armaos con una manta, un pijama de superhéroes del Primark y un termo de café del bueno (no de esa achicoria con meado de gato que nos dan en las máquinas de vending) y encended vuestra luz favorita para entregaros al placer inigualable de la lectura.

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Nací, crecí, vomité ácido blanco y lechoso sobre un donut y me lo comí.

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