666 Park Avenue: un “casi” pero con ganas de marcha

Es como si el guionista fuese un zippo al que le rascan y rascan pero no acaba de sacar chispa. La serie está en ese “uyyyysss… ¡casi!” en donde le falta muy poco para prender.
Por Patri Tezanos


Jopé, yo me senté a descubrir esta serie con mi máquina de picar carne al lado dadas las primeras impresiones negativas que estaba leyendo por la red, pero de nuevo advino el sabio manotazo del compruebe-con-sus-propios-ojos para apartar mi mano de la manivela y echar fuera las ideas preconcebidas.

No sé si fue el efecto de las malísimas expectativas superadas con bastante margen, pero 666 Park Avenue no me parece merecedora de ese pisotón más o menos generalizado del público, no cuando series con grandes pretensiones, mayores presupuestos y peores resultados han pasado el filtro inicial sin dejar tropezón alguno (coj coj The Newsroom cojjjjjjjjjjjjj *gargajo* *escupitajo*). No es que sea una serie explícitamente buena, ni de hechura fenomenal, ni de actores especialmente buenos, pero al menos me ha parecido una propuesta original (a pesar de que nace muy probablemente para aprovechar el rebufo de American Horror Story), de esas que dices “hmm, puede sorprenderme”.

Lo que es 666 Park Avenue es una de esas ideas atractivas usadas ligeramente mal, como una señora de buen ver embutida en un traje tres tallas menor al suyo que le saca lorzas, ¡pero ella es sexy! Y tiene arreglo. Me imagino una serie bien construida en torno al misterio de un edificio, con un universo de personajes bien cerrado, carismático y variado, algo así como una La Comunidad en donde el esperpento ha sido ligeramente transformado en misterio o un Aquí no hay quien viva en donde el humor es tétrica, y da gustito. Lo que pide 666 Park Avenue a gritos es detalle y carisma, personajes imperfectos a parte de pecadores e introducirlos en situaciones un poco más peculiares y menos manidas. Es como si el guionista fuese un zippo al que le rascan y rascan pero no acaba de sacar chispa. La serie está en ese “uyyyysss… ¡casi!” en donde le falta muy poco para prender. Yo rezo porque aparezca pronto algún coprotagonista carismático que haga de contrapunto a todos esos perfectos pijus magníficus, un Hércules Poirot o un Walter Bishop, y por que no empleen los escarceos vecinales como una orgía de paja y creen en su lugar locuras al estilo Broadway con total sentido. El puntito con lo que acabe de saltar esa llama de zippo.

Estructuralmente, estos tres capítulos de lanzamiento dibujan una serie con una trama general en torno al enigma que encierra el edificio, su misterioso propietario, el mosaico del dragón del sótano, la nueva ama de llaves rubia de inquieto trasero (más del 90% del tiempo en bragas, muchachos) y la forma en que los habitantes van cayendo poco a poco en las garras del pecado y el deseo egoísta, aderezada (o estropeada) por tramas autoconclusivas en cada capítulo a cargo de vecinos que campan (o camparon, je…je…je…) por la comunidad o que aparecen de un día para el otro.

Ahora que CityTV se está quedando sin Fringe es hora de introducir una propuesta satisfactoria. Ojalá sea esta. La serie cojea, pero está en ese punto en que puede joderse la pierna del todo y quedarse desparramada por el suelo como un estafermo derribado o puede empezar a andar bien y, quién sabe, hasta a bailar como Fred Astaire.

Si te gusta el misterio dale una oportunidad. Veamos a dónde nos lleva.

Sigue a Patri Tezanos en Twitter: @PatriTezanos

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