7 Late Night Shows para no iniciados

La idea es (en apariencia) muy simple. Se necesita un presentador carismático, un par de cámaras, una mesa, una silla un fondo en el que se vea una ciudad y un sofá para los invitados. Por supuesto, invitados interesantes. El formato Late Night está prácticamente muerto en España, pero en Estados Unidos se ha mantenido con fuerza prácticamente desde su creación. ¿Cuáles son sus claves? ¿Qué los hace diferentes? ¿Cómo tienen tanto éxito?

Por Andrés R. Paredes.

A día de hoy existen 7 Late Night Shows en Estados Unidos, cada uno de ellos apoyado en los hombros de sus respectivos presentadores. Cada uno de ellos orientado a un público diferente y cada uno de ellos con sus ases debajo de la manga. Debe existir una razón para que convivan tan bien siete programas de temática tan parecida, con estructuras e ideas en un principio tan similares. Y es que debajo de esta apariencia simple, cada uno de estos Late Night Shows destaca por sus diferencias en tono, agresividad, temática e incluso objetivo. Y por supuesto, cada uno de ellos tiene defectos que claman al cielo.

THE TONIGHT SHOW WITH JIMMY FALLON

Comencemos por el show más antiguo en emisión: The Tonight Show. Lo de “Show más antiguo en emisión” es literal: fue emitido por primera vez en 1954, se han emitido un total de 11.800 episodios y ha contado con algunos de los mejores entrevistadores que ha podido ofrecer la televisión estadounidense: Steve Allen, Johnny Carson o el mítico Jay Leno. La salida de este último provocó una auténtica crisis en el programa: ¿Quién vendría a sustituir a la figura pública número uno? Ni más ni menos que Conan O’Brian, un pelirrojo salido de Saturday Night Live, auténtica cantera de talentos en la NBC y ex-guionista de Los Simpson. Conan se marcharía en 2010 para presentar su propio programa (tras una crisis de la que hablaremos más adelante) dejando un hueco un poco más pequeño que el heredado por Leno, y lo vendría a ocupar Jimmy Fallon.

El Tonight Show nunca ha destacado por su atrevimiento o valentía, y ninguno de sus presentadores se ha atrevido a ser más político ni polémico de lo necesario. Se trata de un show casi blando en el que el humor (especialmente en esta temporada de Fallon) se extrae de noticias ajenas, la mente de los guionistas y noticias rocambolescas. En búsqueda de equidad y respeto por todos los frentes políticos, Jimmy Fallon invitó a su programa durante las elecciones del año pasado a Hillary Clinton, Bernie Sanders y Donald Trump. Esto sería más que correcto si no fuera porque el entrevistador perdió una serie de oportunidades de oro para bombardear a los entrevistados con entrevistas serias y auténticas preguntas sobre sus candidaturas, pero se limitó a leer cartas de niños con Hillary, jugar al juego de los susurros con Bernie Sanders o… removerle el pelo a Donald Trump.

He aquí el problema con Jimmy Fallon: Es gracioso, pero no es un buen presentador. Es exagerado, ruidoso y no permite que sus estrellas invitadas se luzcan ni que hagan promociones decentes. Buena parte de su show son actuaciones pasadísimas de vueltas que, aunque sorprenden y son originales, no nos aportan nada nuevo sobre los invitados. Insisto, el Show de Jimmy Fallon es divertido y gracioso, y sin él no contaríamos con el maravilloso vídeo de Daniel Radcliffe cantando Alphabet Aerobics. Pero al mismo tiempo es una especie de Pablo Motos (menos casposo). Un Showman que apenas puede evitar ser el centro de atención.

JIMMY KIMMEL LIVE!

El show de Jimmy Kimmel nació en 2003. El presentador venía de una larga carrera en Comedy Central  y tenía a sus espaldas mucha experiencia como entrevistador, cómico y básicamente, tío majo que permite que otros se luzcan mientras él queda en segundo plano. Todo ello lo trasladó a la ABC a un show de 60 minutos.

Si entramos en el canal de YouTube del programa encontraremos algo maravilloso: De las 10 listas de reproducción, tan sólo tres incluyen a Kimmel como protagonista, el resto comienzan con introducciones de famosos, sketches protagonizados por los mismos, lectura de tweets malvados y entrevistas que valen la pena en las que los invitados cuentan anécdotas realmente interesantes.

Kimmel da cancha a sus invitados para que sean ellos mismos, los convierte en seres realmente cercanos al alejarse él mismo de los focos. Es un presentador muy comedido y equilibrado. Nunca muy extremo, nunca exagerado y siempre prudente, Jimmy Kimmel es uno de los mejores presentadores a día de hoy en televisión porque se sacrifica a sí mismo en favor de sus invitados. No se hace el mártir. Jimmy Kimmel Live! es la plantilla sobre la cual todo Late Show debería dejarse llevar.

CONAN

Si empezábamos hablando del Show más antiguo de la televisión, ahora pasamos a hablar del presentador que más tiempo lleva en activo: Conan O’Brian. Ya lo mencionamos brevemente en The Tonight Show, programa del que salió bastante quemado.

En 2010 Conan O’Brian trabajaba en NBC, al mismo tiempo que Jay Leno, cada uno en su show. Cuando llegó el momento de Leno de retirarse y entregar el programa a Conan, la cadena trató de mantener a ambos haciendo piruetas con sus horarios, cosa que no infringía el contrato, pero que muy probablemente heriría de muerte al show de Conan.

El presentador no quiso provocar más problemas, y tras unas negociaciones en apariencia muy tensas, él y su equipo se marcharon de la cadena con 45 millones de dólares debajo del brazo para aterrizar en la TBS. Allí trabaja desde entonces, emitiendo un programa estructurado casi exactamente como el Show de Jay Leno de entonces: un breve monólogo, noticias y entrevistas.

Si bien el programa de Conan es bastante más serio que el de Fallon, con entrevistados a los que se les permite explayarse sobre sus proyectos o pensamientos, este no se corta a la hora de incorporar nuevos sketches e ideas. Tanto, que en su canal de YouTube (Team Coco) nacieron secciones como la de crítica de videojuegos (es el único Late show que se toma este campo más o menos en serio), tomas falsas o Watch This, en el que diversas celebridades muestran sus vídeos favoritos de YouTube.

Sin embargo, a pesar de todos estos intentos y nuevas experiencias, el programa sigue viviendo bajo la pesada sombra de Jay Leno. Conan no puede levantar él solo los 42 minutos de duración para los cuales cuenta con su inseparable compañero Andy Richter. Lo que intento decir es que Conan no es ni por asomo tan gracioso como podría parecer.

Conan ha abrazado en diferentes ocasiones varias causas importantes y en su canal de Youtube podemos ver que ha realizado viajes y concedido entrevistas en las que aborda problemas reales de la sociedad. Sin embargo, le falta algo. Da la impresión de que a pesar de ser el único pelirrojo que se atreve a improvisar (improvisar realmente) en sus Shows, se ha expandido tanto y trata de tocar tantos temas que no llega a ninguna parte. No hay cohesión, ni bajo su personalidad ni bajo su programa. Podría cambiar de nombre, duración (incluso de presentador) y formato, y seguiría siendo un Show más.

THE DAILY SHOW WITH TREVOR NOAH

Si Conan O’Brian y Jimmy Fallon lo tuvieron difícil para llenar los zapatos de Jay Leno, lo que intenta Trevor Noah es una hazaña más que particular. The Daily Show nació bajo la tutela de Craig Kilborn y tras tres años pasó a presentarlo John Stewart. Y me gustaría ser claro en esto: Nadie ha presentado mejor un programa de política y actualidad mejor que John Stewart. Entre muchos de sus logros se encuentran enfrentarse al senador John McCain en directo, afirmar que el uso de las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki fue excesivo, y sus coberturas tas el 11 de Septiembre y de los tiroteos en Tucson fueron ejemplos claros de cómo un show puede transitar entre la comedia y la seriedad sin que haya ningún problema.

Cuando Stewart anunció su salida de The Daily Show (justo en medio de unas elecciones presidenciales en las que nos lo estábamos pasando pipa,  porque somos imbéciles) y se conoció la identidad de quién lo sustituiría muchas bocas se quedaron abiertas pensando ¿Quién Diablos es Trevor Noah?

Lo habíamos visto antes, era un colaborador habitual de The Daily Show y cuenta con su propio especial de comedia en Netflix (You Laugh but It’s True). Ha presentado programas en la televisión inglesa y tiene un currículo casi impecable. No del todo, porque cuando se dio a conocer su nombre muchos telespectadores clamaron al cielo por ciertos chistes racistas que aparecieron en su cuenta de Twitter. La polémica pasó (gracias a un buen manejo de la misma tanto por parte de Noah como de la cadena Comedy Central) y Trevor Noah comenzó a presentar uno de los programas con mayor tirón político de la historia de la televisión estadounidense… con la mitad de garra, gracia y cuchillos afilados que Stewart.

El grave problema de The Daily Show es precisamente la sombra de John Stewart. No hay manera de que nadie se ponga a la altura de uno de los presentadores más correctos, arriesgados y valientes que ha pisado un plató, y Noah parece no haberse dado cuenta todavía. Sus comentarios son graciosos, si, pero eso no puede serlo todo. No venimos a The Daily Show simplemente a reírnos, venimos a que alguien apriete las tuercas a la situación política de un país en declive. Trevor Noah no nos da eso. O al menos no nos lo da con la misma fiereza con la que lo hacía su predecesor.

LAST WEEK TONIGHT

John Oliver aterrizó en la HBO tras trabajar para Stephen Colbert (del que hablaremos más adelante) y a día de hoy su programa es prácticamente de visión obligada. Es uno de los programas más jóvenes de la televisión, pero su importancia es capital, no sólo porque parece haber heredado la rabia y la acidez de John Stewart, sino porque sus reportajes son algunos de los mejores trabajos periodísticos que nos podemos echar a la cara en la actualidad.

Haciendo un resumen rápido: John Oliver ha entrevistado a Edward Snowden, Stephen Hawking, el Dalai Lama o Jane Goodall. Sus especiales sobre Donald Trump son indispensables para comprender como un déspota terrorífico se ha hecho con la Casa Blanca, su crítica al periodismo alternativo es una lucha a brazo partido incansable y su análisis del Brexit (pre y post referéndum) es un trabajo ejemplar. John Oliver no depende tanto de sus invitados famosos o de grandes nombres para su programa como de un trabajo periodístico que hace las envidias de cualquier profesional de la comunicación. No es un Late Show como los demás, porque John Oliver no utiliza sketches, números musicales ni florituras para contar información crucial para la sociedad estadounidense. Es sólo él y una pequeña ventana a su derecha en la que aparecen imágenes. Poco más.

¿Cuál es el mayor problema de Last week Tonight? Básicamente, que todavía incluye elementos humorísticos en su discurso. Durante la entrevista a Edward Snowden la mejor manera de hacer ver a los estadounidenses el grave problema de la vigilancia de la NSA fue utilizar las dick pics como referente. Esta semana, en su informe sobre el presupuesto federal propuesto por el gobierno de Trump, Oliver intercaló un vídeo de una madre completamente desesperada por no saber cómo iba a cuidar de sus hijos con un chiste. Un chiste gracioso, si. Pero un chiste. Esto es un problema. Hacer humor de temas tan serios los hace más fáciles de seguir, pero también los banaliza y los simplifica, rebajando su nivel de importancia. 

LAST NIGHT WITH SETH MEYERS

Seth Meyers es el último de los presentadores de Late Show en aparecer, pero es el que más rápidamente ha cogido el truco al formato. Tras bastantes temporadas participando en el Weekend Update de Saturday Night Live, Meyers recibió la oferta de crear su propio Late Show, y si bien su estilo rígido y de aguantarse la risa ante sus propios chistes no acababa de encajar fuera del ambiente de improvisación de SNL, poco a poco este presentador de Illinois ha conseguido soltarse, ganar confianza en sí mismo, y alternar de forma fantástica comentarios políticos en su magnífico segmento “A Closer Look” y entrevistas a personalidades del mundo de la música, el cine y televisión.

Seth Meyers es una especie de versión de Jimmy Kimmel con una tacita de John Oliver. Nunca del todo en serio, nunca del todo en broma. Nunca es todo lo político que podría alcanzar, nunca es todo lo irreverente que podría ser. Es ecuánime, y sabe que su papel no es el de revelar ninguna verdad increíble a los espectadores, es tan sólo ridiculizar a la figura política de la semana (cosa que a lo largo de los últimos meses ha sido más fácil que nunca).

THE LATE SHOW WITH STEPHEN COLBERT

David Letterman llegó en 1990 a CBS y no se movió de su sillón hasta 2015. Con él envejeció toda una audiencia y el público de su show había bajado durante sus casi 25 años de emisión. Colbert parecía la respuesta acertada de la CBS para sustituir a uno de sus presentadores más queridos. Y acertaron. Vaya si acertaron.

Stephen Colbert venía de presentar The Colbert Report en el programa de John Stewart, en el que creó un alter ego terrorífico ultra republicano que era el escarnio del propio partido. Para cuando consiguió heredar el programa de Letterman, propuso un cambio de paradigma bestial para el programa nocturno. Mucho más político, pero sin olvidar el humor absurdo y las entrevistas a personajes populares, con un monólogo inicial siempre acertado y una banda en directo envidiable. Combinando entrevistas a personajes célebres (desde George Clooney a Jeb Bush), figuras políticas vitales y cómicos de categoría, Colbert es a día de hoy, el presentador que América necesita. Un quejica con sentido del humor, un activista político que conoce los defectos de su país, se ríe de ellos y al mismo tiempo se los toma muy en serio.

¿Y en España?

En España tenemos El Hormiguero (una pésima copia de Jimmy Fallon), Late Motiv (sólo en Movistar) y El Intermedio cuya fórmula ya pesa. ¿Os imagináis un programa de calidad como el de Colbert, John Oliver, o Meyers en pantalla? Cada semana, mostrando los grandes errores políticos y sociales. Con entrevistas que no se convierten en juegos estúpidos, con presentadores que saben inglés (te vuelvo a mirar a ti, Pablo Motos) y con ganas de hacer televisión de calidad.

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