Aborreciendo Xbox One: Manual para hacer llorar a todo el mundo.

Ha sido atroz. Traumático. Terrible. Una orgía de sangre digna de un desembarco vikingo. Un desastre de proporciones Dreamcast, capaz de arrasar con todo. Como la onda expansiva de una bomba de estupidez letal, gigante y arrolladora. Tanto, que hemos necesitado que dos de nuestras cabezas traten de explicar lo inexplicable. Señoras y señores, bienvenidos al infierno árido y cruel de la Xbox One.

Por Cabezas Cortadas.

Xbox Media Briefing

Steve Ballmer y el brillo cegador de su calva planetaria.
Por Javier Marquina.

Me imagino a Steve Ballmer abrillantando su calva con el suero hecho con la sangre de algún bebé vietnamita mientras sonríe y se sienta en el salón de su mansión insondable a ver la presentación de la nueva Xbox One. Tiene en la cara esa mueca de villano retrasado capaz de destruir el mundo tan típica de los regímenes norcoreanos.

Nunca lo habían tenido tan fácil. Nintendo había sacado un ladrillo que se había quedado obsoleto casi antes de salir y había confundido a todos los compradores de la Wii que eran incapaces de entender que lo que se vendía no era un nuevo mando, sino una nueva consola. Además la había llamado WiiU. Aquello parecía el mugido de un kiwi.

Sony, por su parte, en un alarde de originalidad, había bautizado a su máquina como PS4 y había mostrado un fantasma que bien podría ser un PC de última generación con prestaciones que la consola jamás podría soñar. Ah, sí. Su mando era feo como una colonoscopia. Y algunos de los juegos que enseñaron parecían de la Master System. Y Diablo III. Jajejijoju.

Estaba chupado. Pan comido.

¿Verdad Stevie?

Y es que, estimado señor Ballmer, la gente que juega a videojuegos y que curiosamente, además, son los que mantienen tu división de (dejad que lo escriba con mayúsculas) VIDEOJUEGOS pedía de forma clamorosa un retorno a la vía más pura y dura del medio, un giro hacia máquinas dedicadas para jugar, un nuevo panorama de buenos títulos de esos que te hacen perder la salud y la vida. La gente que juega a videojuegos y que curiosamente, además, son los que mantienen tu división de (dejad que lo escriba con mayúsculas) VIDEOJUEGOS pedía de forma única e irresponsable una buena consola. Nada más y nada menos. Era tan fácil que parecía imposible. Un chollo. Robarle el caramelo a un niño.

Y entonces se encendieron las luces y apareció la Xbox One.

Desconozco la cara que puso mi querido Ballmer a medida que el despropósito tomaba forma. Algo me hace sospechar por sus rasgos bovinos que creyó de verdad que estaba  partiendo la pana. Durante años he supuesto que para ser CEO en Microsoft debes tener un hálito de inteligencia oculto en tu faz vacuna, pero después de ver la presentación de la nueva consola de los de Redmond empiezo a dudar hasta de las Leyes de Newton. Hay cosas que no te entran en la cabeza ni con el mazo de los diez millones de dólares. Me cuesta creer que un tipo que cobra una cifra indecente y amoral de dinero al mes haya aprobado semejante despropósito. Pero sé que es sólo por mi inocencia natural y por mi recalcitrante fe en el ser humano. Soy incapaz de asumir que estamos en manos de gilipollas.

Pero ahí está. La evidencia obstinada en bajarme los pantalones en público para dejarme con cara de idiota. El fracaso contra todo pronóstico. El fiasco cuando más fácil te lo habían puesto. El jodido horror.

Tanto para los que ya sabéis cómo fue la presentación como para los que no, os la resumiré de manera breve, para dejar claras las cosas. Esto es lo que se dijo: TELEVISIÓN. Puede que alguien también dijera deporte. Y eso fue todo. Es cierto que en un alarde de capacidad y en un movimiento genial que estoy seguro los directivos de Microsoft creyeron que les daría el triunfo, en la conferencia sí pudimos ver la consola físicamente, presente, real. Eso sí, después de ver su aspecto de parilla para carne cuadrada desde todos los ángulos posibles, preferiría que no lo hubieran hecho. Es fea. Y asusta. Creo que hay calefactores que escupirán menos calor que ella. Yo tengo miedo.

De todas formas, y dejándonos de disquisiciones estéticas, está claro que el aspecto  aquí no es lo importante. Lo que cuenta de verdad es lo que va a darnos la máquina en cuanto a prestaciones y capacidad de ofrecernos aventuras deslumbrantes  y la respuesta que nos dieron es, como ya habréis podido suponer, TELEVISIÓN. En todos los sentidos. Contenido, interacción, acceso a nuevos programas, conexión a internet… exactamente lo mismo que cualquier Smart TV de última generación que podemos adquirir a un precio más que razonable, lo que convierten a  la Xbox One en algo obsoleto e innecesario. Un aplique más con el que afear nuestro bonito mueble del salón. Hablaron de cine, de deporte, de entretenimiento, control por voz, programación a la carta y conversaciones por Skype mientras juegas al Dead Space 14. Algo así como la llamada de una madre mientras te están comiendo los bajos. Pero entonces… ¿y los videojuegos? ¿Y jugar?

De eso nada de nada. Más bien todo lo contario. Un sistema que acaba con la venta de juegos de segunda mano y por tanto con esos mismos juegos que le pasabas a tu amigo, primo o sobrino. Kinect perpetuamente encendido, controlando todos tus movimientos, como el ojo de un Gran Hermano aterrador. Restricciones locales que vulneran de forma clara las leyes de libre comercio de la Unión Europea. Trabas, pagos, cuotas, normas… una auténtica fiesta. Y de juegos poquito. Más bien nadita. Las mismas licencias de deportes de siempre y Call of Duty con Scooby Doo. Un absoluto desastre. Y mira que lo tenían fácil para posicionarse de manera decisiva en el mercado abierto por esta nueva generación. Sin embargo fueron las acciones de Sony las que subieron un 10% durante la conferencia de Microsoft. Bill Gates debe de estar removiéndose en su tumba. O en su cámara isobárica.

Es cierto que Microsoft ha anunciado que para el E3 va a explicarnos en que se ha gastado todos esos millones de dólares y nos presentará franquicias exclusivas que van a hacer que nuestra mente estalle pero, visto lo visto, yo no espero nada mejor que bodrios de Kinect para perder el tiempo y hacer el gilipollas moviéndote como un payaso y algún momento de grandeza puntual que será estirada hasta la nausea. Muy poco para tantas lucecitas. Muy poco para empezar una nueva generación. Veremos. Algo me dice que voy a tener razón.

Con una WiiU muerta y enterrada casi antes de nacer y de la que solo podemos esperar cadavéricas y muy esporádicas resurrecciones con los Mario, Zelda y Metroid de turno, la pelota está en el alero de Sony, que tiene ahora todos los números para comerse el mercado, si le place, haciendo muy poco. Apenas nada. Les basta con sacar una máquina centrada en los juegos y en los jugadores. Para los juegos y por los jugadores. Y dejarse de plataformas multimedia, centros de entretenimiento y mandangas superfluas que no le interesan a nadie. Chupado. Pan comido. Hacer las cosas bien y dejar que la Xbox One con su Windows 8 arda sobre la calva abrillantada con sangre de nonato de Steve Ballmer.

La loca idea que revolucionará el mundo de los videojuegos.
La loca idea que revolucionará el mundo de los videojuegos.
Somos todos unos ladrones bastardos.
Por Chema Mansilla.

En algún momento, a alguien de Microsoft se le ocurrió una estrategia para lanzar Xbox One, su nueva consola para al 2013, el infinito y más allá. Lo que pasa es que esa persona debe de trabajar para Sony. O para Nintendo. O para IMA, Hidra, o directamente, ser un Lord Sith o un espectro del anillo. Y es que muy difícil diseñar una estrategia de lanzamiento que enfade a todo el mundo.  La estrategia, en resumen es “todo el mundo es un cabrón”.

Así dicho, parece sencillo, pero resulta más problemático que saber el patrimonio del rey (de España). El proceso, muy resumido, y visto desde la periferia, sería algo así: te dedicas a fabricar consolas de juegos, tienes que tener contentos a tres grupos de gente que hacen posible tu negocio. A saber. Los que hacen los juegos que son unos cabrones y sólo saben quejarse; los que los venden, que son unos cabrones, porque sacan dinero del mercado de segunda mano del que ellos no se lucran; y los que los compran, que son unos cabrones, así directamente, que no saben lo que quieren (o sí lo saben, pero no es lo que ellos quieren). Ya es difícil, en un mundo tan interrelacionado, y especialmente en una industria que depende tanto de las sinergias, hacer enfadar a los tres. Pues un gigante como Microsoft lo ha conseguido, y oigan, en una tarde.

No vamos a hablar de que si la consola parece un VHS de los viejos. No, yo prefiero decir que ha decidido incorporar un rayador de queso sobre el ventilador. No vamos a decir que han confundido a los jugadores con gente que quiere ver la tele y cambiar de canal con voz porque se sienta sola y necesita hablar con alguien. No. Vamos a decir que no les hemos entendido.

La gente que hace juegos, ya que para que su producto sea rentable, intentan que haciendo un solo juego, un solo código, pueda llevar el mismo, con el mínimo de esfuerzo (y de inversión) al mayor número de plataformas posibles. No es que  Microsoft pretenda hacer lo mismo que Sony en PS3, que obligaba a saber Klingon y ser capaz de hacer el pino puente a los programadores. Pero sí es verdad que mientras las distintas desarrolladoras ya hablan maravillas de los primeros kit de trabajos de Sony, con los de Microsoft sólo se escucha uno de esos silencios que viene con planta rodadora del desierto incorporada. Sí, es cierto, exagero, pero son pocas( y sabemos las que son) las que hablan bien de este invento. Si a estas alturas no ha salido nadie diciendo que programar para Xbox One es mejor que follar es por algo. Que con Sony no han dicho que sea mejor que follar, pero han dicho que es casi mejor que hacerse pajas.

Además, Microsoft, que se había apuntado un buen tanto con los desarrolladores de juegos indies, ahora también los tienen enfurruñados. Personalmente creo que esos desarrolladores son unos nostálgicos que hacen juegos para modernillos que creen que ser cool es jugar a títulos que parecen los que jugaba yo es Master System. Pero bueno. Tienen su mercado, y es una buena tajada de mercado. Porque ahora que ser friki está de moda, también lo está jugar a las consolas. Claro, son esos jugadores “casual”, que suelen ser los mismo que van a al estreno de la nueva peli de Iron Man con su camiseta de Los  Vengadores sin haber leído nunca ni un cómic.  Todos sabemos que la industria la soportan esos jugadores, y no otros, y es en ellos en los que hay que pensar a la hora de hacer juegos y sistemas de juego.

El caso, que esos juegos venden. Y a Nintendo le salió bien la jugada de vender consolas y juegos para que las señoras mayores hicieran ejercicios para combatir las osteoporosis, para que las secretarias del senado aprendieran Inglés (con grandes resultados, imagino) y todo hijo de vecino aprenda a pintar como un van Gogh del copón. Pero de ahí querer coger a la gallina de los huevos de oro y apertrarla fuerte hasta que también eche las visceras de oro por la cuenca de  los ojos hay un paso. ¿Cobrar a los desarrolladores independientes como si fueran EA o Activision?, ¿Obligarles a venir de la mano de una distribuidora? Eh.. Se llaman pequeños desarrolladores independientes precisamente porque no hacen eso…

A duras penas, y dado que la gente que hace juegos son gente de bien y que no quieren que nadie se quede sin su título preferido (que no es por dinero, otros que tal bailan) consiguen tener su título para la consola. A veces incluso exclusivas, con más chanchullos y sobres tras el telón que en muchas sedes de partidos políticos españoles. ¿Y ahora dónde los vendes? Pues en las grandes superficies, las mismas que cada vez ponen a la venta menos variedad de títulos y en menor cantidad porque están perdiendo la batalla contra las tiendas especializadas. Bueno, pues centran sus ventas en las tiendas especializadas. A no, que están de morros porque nos hemos sacado de la manga un sistema que limita y restringe la venta de juegos de segunda mano de la que sacan un buen dinero todos los años. Porque claro, si vender juegos de segunda mano da dinero, pues ellos quieren su parte, que esto no es la mafia, aquí no queremos que nos deban favores, queremos el dinerito. Ding, ding, ding. Así que obligamos a las tiendas especializadas a adaptar su modelo de negocio a una plataforma de nuestra propiedad. ¿Quedan contentas las tiendas? Pues es eso o desaparecer, y al final, qué demonios, si el que paga lo que sea el consumidor. Así que…

Así que vamos a petarle bien el cacas al consumidor, la tercer aparte en discordia, el comprador de videojuegos. Es decir, tú, amigo lector. Que, desde ya, te decimos que a lo mejor, antes de comprarte una consola de nueva generación, es preferible que ahorres y te compres antes un cubo de 50 litros de vaselina. Porque en esta generación de consolas parece que quieren jugar al medievo con tu culo como si fuera un parque temático con entrada libre. Por si no te ha quedado claro, la montaña rusa, el tren de la bruja y la noria es tu ano: todo el mundo se monta y se divierte.

Porque amigo… ¿Por dónde empezar? Microsoft, desde hace unos años, mantiene una posición hacia su usuario que es muy dañina. Más dañina que una exnovia enrabietada. ¿Cuántos años lleva cobrándote por jugar en red un juego que ya has pagado al comprar? Que yo sepa, si un juego vale 70 euros, e incluye modo multijugador, deberías poder jugar a ese modo sin pagar un extra. Es como si te compras una botella de leche y desde ese momento te obligan a pasarle una mensualidad a la vaca. A partir de ahí, lo que quieras.

De momento, ellos ya piensan que les vas a robar. Porque si te compras un juego , lo mismo por las tardes montas un salón de recreativos en tu casa y cobras la entrada. En mi juventud, los chavales que se querían sacar unas pelillas extra, o se dedicaban al trapicheo de hachís, o robaban en el Corte Inglés y revendían CDs. Aquí ya se da por hecho que si le dejas tu juego a tu primo  a tu vecino ya les estás generando pérdidas. Y eso no puede ser: un usuario, una consola, un juego. Se acabó eso de llevarte el Fifa a casa de tu amigo Manolito y pedir unas pizzas. A hora tú paga las pizzas, llevas el Fifa y si Manolito quiere jugar le toca pagar un precio “de alquiler”. Oigan, ya puestos, pongan un taxímetro en la consola, y me cobran por horas de uso, después de haber soltado sus buenos 500 euros (por confirmar, pero por ahí andará).

Y taxímetro no le han puesto, pero si le han puesto un Kinect, que claro, como el anterior funcionó tan de putísima madre, ahora lo vamos a hacer obligatorio. Porque todo el mundo quiere tener una cámara y un micro permanentemente conectado en el salón de su casa. Salón que los de Microsoft deben pensar que es como la sala de espejos del Palacio de Versalles. Porque yo no sé en vuestras casas, pero en mi salón, de donde se puede poner el Kinect hasta la otra pared donde me puedo poner yo a dar botes y dejarme los cuernos, no hay más de 4 metros. Y así el Kinect no me detecta ni aunque me vista de fallera mayor. El caso es que lo tienes que tener conectado todo el rato o el invento no funciona. ¿Por qué? Pues… Bliblibli… Aquí nadie da una explicación. Se oye decir que Kinect detectará incluso el número de personas que hay delante de la consola en cada momento, y si la licencia del juego (o de la película) dice que no se ejecute delante de más de cuatro personas (o que se pague un suplemento) pues, o echas a la abuela de casa o le cobras entrada. Vale, es algo que no está confirmado, pero… ¿por qué no? Puesto a joderte bien, pues ya sólo les faltaba eso…

A no, les faltaba que la conexión a internet fuera obligatoria. Primero, porque claro, Microsoft sabe que eres un pirata y un ladrón (¡golfo!) y para asegurarse que no les estás haciendo perder dinero, cada inicio de sesión (o de juego, esto tampoco está aclarado al 100%) la consola se conecta con sus servidores para asegurarse de que eres tú y no otra persona la que está usando el juego y la consola. Yo creo que Microsoft debería incluir a un señor de Cuenca con cada consola para que se asegurase de que eres tú y levantara acta de cada inicio de sesión, y así también se apañaba un poco lo del paro que está la cosa muy malita. Vamos a hacerlo bien, ¿no? El caso es que parece que eso es sólo es un trámite momentáneo, pero claro, como todo el mundo tiene internet en su casa (que lo tienes, ¿no?) y además, tiene unos caños de conexión iguales que los de Estados Unidos (ahí tropecientos megas por segundo que va eso como el halcón Milenario por el hiperespacio) pues no habrá ningún problema. Claro. CLA-RO. España destaca en Europa (¡y en el mundo!) por las tapas, la buena música y las conexiones domésticas a internet. Lo sabe todo el mundo. Incluso Microsoft. La culpa es tuya que eres pobre.

Ahí está la clave. Uno escribe (o lee, si has llegado hasta aquí) este texto y se da cuenta de que la culpa es nuestra. Y es verdad. La culpa es nuestra que obligamos a Microsoft a que fabrique consolas de videojuegos, cuando lo que ellos quieren, y  lo han dejado muy claro, es hacer centros de ocio multimedia para salones de casas grandes. Ellos quieren fabricar mandos a distancia con voz que te permitan hacer uso de plataformas de entretenimiento en la nube que NO existen fuera de Estados unidos. Si es que es verdad. Ellos están pensando en esa gran masa de público que quiere ver un blu-ray en su consola, y no en su blu-ray, y además usar Skype, mandar mensajes de texto y ver las estadísticas de la Liga Nacional (norteamericana) de Hockey. Si es que somos unos cabrones, nosotros ahí, disgustados, quejándonos en Twitter  y presionando para que encima sirva para jugar a videojuegos. ¿Estamos gilipollas? Pero si le han puesto una rejilla de barbacoa y todo a la Xbox One para que te hagas unos choricillos y unas tostadas mientras te bajas los últimos estrenos de Netflix. Pues eso, que además de unos (presumibles) ladrones, y de ser pobres, somos unos cabrones.

Yo os lo digo ya. Somos tan cabrones, que yo de momento, o la Xbox me da masajes en los pies y me hace la declaración de la renta (y que salga a devolver), o de verdad, que paso de darles problemas y disgustos.  Me paso a Sony, que está deseando que la gente le compre su consola, que por lo visto, admite juegos, de esos de estar sentados en el sofá sin tener que decirles que quieres jugar y pedirle permiso antes al señor de Cuenca.

O no, tampoco, porque si Sony también se pone tonta, me paso a Nintendo y…

… jeje…

No, es coña. Para eso, me hago modernito y me juego todos esos emuladores de Super NES que tengo instalados en la PSP.

¿Veis? Microsoft tiene razón, somos todos unos cabrones.

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Nací, crecí, vomité ácido blanco y lechoso sobre un donut y me lo comí.

1 comentario en Aborreciendo Xbox One: Manual para hacer llorar a todo el mundo.

  1. La consola ha muerto. Larga vida al PC.

    No voy a defender a Microsoft (Stallman me libre) pero creo que sacar conclusiones de la presentación que hizo Microsoft de su consola es demasiado. Me dio la impresión de que esta gente no quería hacer esa presentación y que Sony les obligó a mostrar algo, cuando es evidente que los detalles de la consola no están todavía cerrados. Ha salido a lo seguro a las funciones extra de la consola, los juegos… en el E3. Y claro, presentar tu consola por primera vez con ESO, no le gusta a tu público gamer, o a nadie en general. En la parte de promoción le doy un suspenso a Microsoft.

    Pero no entiendo porque la gente se queja de que le den más funciones a la consola, estamos ante un producto muy potente con una arquitectura de PC que le da para tener muchas más funciones que solamente servir de consola. A mi me parece bien que se aproveche. Pero eso es un extra. Debieron sacar juegos, si. Debieron ser más específicos con los detalles de la consola, pero jugaron a dar palos de ciego para ver como reaccionaría el público.

    Y en cuanto a todas las limitaciones que nos quieren poner, me parece hasta insultante.

    Ya no hay diferencia entre un PC y una consola, la era de las consolas ha muerto, y tardará en morir lo que las compañias consigan pagar juegos exclusivos, en el momento que estos puedan estar para un PC, ya no tendrá sentido comprar una consola.

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