AFTER DARK. La suerte de la fea, la guapa la desea

Ojalá hubiera ejemplares de After Dark a golpe de estantería de cualquier adolescente. El mundo seguiría siendo una mierda pero nosotros creceríamos más felices.

Por Teresa Domingo.

 

En un mundo azotado por el consumismo, las apariencias y el qué dirán, resulta difícil hacer entender a nadie que, realmente, el dinero y lo superficial no dan la felicidad. Por suerte, existen autores como Haruki Murakami que nos hacen darnos cuenta de esto , y de más, con unas historias tan cercanas como extrañas.

After Dark nos cuenta la historia de dos hermanas, Mari y Eri Asai, quienes, a pesar de haber sido criadas por los mismos padres tienen diferentes posturas ante la vida: mientras Eri siempre ha sido alabada por su belleza y se ha visto inducida a trabajar como modelo, Mari es una chica menuda e introvertida, pero buena estudiante, y que prefiere pasar las horas leyendo. Así arranca el primer capítulo, con Mari leyendo en una cafetería a las doce de la noche donde se encuentra por casualidad con Takahashi, un estudiante un poco mayor que ella con el que coincidió meses atrás en una cita doble con su hermana y que parece extrañamente interesado en conocerla. Tras conversar un rato, el chico se marcha y aparece Kaoru, la responsable de un love hotel cercano, solicitando su ayuda. Se acaba de encontrar con Takahashi y le ha dicho que ella puede traducir lo que está contando una prostituta china a la que han agredido y robado en su local. Mientras tanto, Eri duerme en su habitación de una manera tan profunda, tan perfecta e inalterable, que no le permite ver que la televisión que hay en una esquina se enciende, ni que, desde dentro de la pantalla, un extraño hombre cubierto de polvo y con la cara borrosa la observa, inmutable.

Una historia de aire post-modernista con toques de fantasía onírica que dota al relato de un aura de misterio, en algún momento de terror, pero con un trasfondo realista y aplicable a nuestro día a día. Un mensaje positivo en el que se enfrenta el materialismo, la apariencia y lo que se espera de uno, con la elección de nuestro propio camino, de nuestro estilo y de nuestro futuro. Una novela que perfectamente podría encajar en el realismo mágico, donde la influencia de la familia y el tiempo que se desaprovecha con la gente que nos rodea, así como los recuerdos que nos vamos creando junto a ellos, nos hacen lo que somos como individuo. Porque, al final, la vida va de eso, de lo que tenemos cerca, de afrontar lo que nos va ocurriendo cada día sin caer en una depresión y dejando que todo sea una herramienta que nos sirva de lección para ir construyéndonos a nosotros mismos.

Pero nada más lejos de encontrarnos ante una novela de denuncia, a pesar de tocar temas como el maltrato, la prostitución o la venganza. Haruki Murakami es especialista en usar personajes complejos y con complejos, jóvenes y solitarios, a través de los que mostrarnos el mundo de una manera poco habitual. A medio camino entre la novela y el guión cinematográfico, Murakami utiliza una redacción visual en la que prima, en todo momento, describir hasta el último detalle el entorno, mediante los planos y movimientos de una cámara imaginaria que nos va guiando a través de las diferentes acciones que ocurren a nuestro alrededor.  Para reforzar esta sensación de película, casi cada escena se acompaña de un tema musical que Murakami se esfuerza por inducirnos, sonando de fondo mientras nos describe la estancia, o en alguna conversación, para que cumpla su función de banda sonora. El propio título resulta ser una referencia al tema de jazz, Five Spot After Dark, de Curtis Fuller.

 A pesar de su procedencia japonesa, este autor tiene una gran influencia occidental y parte de su éxito a este lado del mundo viene dado, tanto por las referencias a músicos, literatos y películas que conocemos y reconocemos, como por el estilo narrativo que utiliza. No hay que olvidar que Murakami es el traductor de las novelas de Paul Auster al japonés, y en su obra vemos una clara y maravillosa influencia del escritor estadounidense. De este modo, en la noche que nos describe Murakami, no hay que fiarse de las apariencias y estar atento a cada detalle, porque todo es lo que parece.

Del mismo modo que, de pronto, nos encontramos dentro de la historia, nos encontramos fuera.  Mari Asai regresa a su casa en el primer tren, dejando varias tramas abiertas, como si realmente hubiésemos pasado la noche en un sitio desconocido, y no tuviéramos pensado volver en mucho tiempo. Lejos quedan los pensamientos bucólicos de personajes que viven momentos reveladores mientras la ciudad duerme. Murakami nos mete de lleno en una historia en la que se nos muestra el confort de una habitación perfecta como algo aterrador y hostil, y una noche en soledad, en lugares desconocidos y con gente aparentemente turbia, como un ajetreado terreno por descubrir y en el que aprender sobre las personas.

After Dark es un grito a la evolución personal a base del conocimiento y la experiencia propia, la reafirmación de cada uno como individuo único e independiente, sin dejarnos influenciar por los delirios de la sociedad de hoy, pero también es una experiencia visual diferente para cualquiera que se deje embaucar por su estilo de narración diferente y original.

Sigue a La Isla de las Cabezas Cortadas en Twitter y en Facebook.

Acerca de Teresa Domingo 151 Articles
Si es creepy, es para mí.

Be the first to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo no será publicada.


*