AGGRETSUKO. La ira kawai.

Todos necesitamos una vía de escape para soportar los devenires de la vida. Una pequeña parcela, sólo nuestra, donde liberarnos a gusto de la carga acumulada. Retsuko también tiene la suya y parece efectiva.

Por Teresa Domingo.

Unos se pelean con un saco, otros meditan, algunos escribimos. Están los que leen, los que juegan a la Play, los que se beben el agua de los floreros, los que van clase de bailes de salón o hacen punto de cruz. Hay gente que, incluso, ve la tele. Pero todos, absolutamente todos, necesitamos reconciliarnos con nosotros mismos y despojarnos de la frustración que el día a día nos carga sobre los hombros. Y el motor principal de esta serie es, precisamente, la vía de escape de nuestra protagonista.

Retsuko es una pequeña panda rojo que trabaja en el departamento de contabilidad de una gran empresa. Su trabajo consiste en hacer balances y aguantar las impertinencias de sus jefes. Como la mayoría de los mortales, odia su trabajo y sólo piensa de qué manera podría jubilarse antes para no tener que ver a toda esa gente que la rodea. Además, ya tiene 25 años y sigue sin pareja, algo que le vendría muy bien para lograr su objetivo. Así que, como no le queda más remedio que seguir aguantando todo lo que le echan encima, de vez en cuando, Retsuko explota. Ella va guardando las apariencias y sonriendo a todo el mundo, pero al final del día, se transforma en la sala de karaoke y se desahoga a ritmo de death metal.

El contraste entre lo kawai de los dibujos y de la propia personalidad de Retsuko con lo que sale por su boca cuando berrea (porque eso no es cantar, por mucho que me guste), resulta uno de los puntos fuertes de la serie. Ver cómo la pobre se va saturando por el trabajo y los comentarios hasta que revienta, soltando una sarta de improperios en clave gutural, dignos del mismísimo Satán. Además, como ni ella misma sabe cuándo va a llegar a su límite, ni si va a poder aguantar hasta el karaoke, lleva un micrófono en el bolso para poder soltar toda mierda en el baño. Es que la estampa es brutal: una oficinista, de uniforme, cantando death metal, con la taza del wáter como escenario, cagándose en los muertos de sus superiores.

Otro de los aciertos de la serie es la propia simbología de los personajes que rodean a la protagonista. A saber: el jefe es un cerdo, la jefa es una lagarta, su compañera de al lado es una zorra, fénec sí, monísima, pero zorra, al fin y al cabo, y sus amigas de yoga y secretarias en su empresa, unas pajarracas. Un diseño explícito para cada personaje que te condiciona para empatizar con la ira o simpatía que provocan en Retsuko.

 

Y si estás mínimamente interesado en las costumbres japonesas, a lo largo de los capítulos asistimos a escenas cotidianas que a nosotros nos resultan, cuanto menos, pintorescas. Además de ir al karaoke todo el rato, la sociedad japonesa es tan particular que la gente con la que mantienes las distancias y apenas cruzas un ‘buenos días’ en el trabajo, es la misma con la que por la noche acabas abrazado y cantando Asturias, patria querida con la cogorza de tu vida. Y de ahí para arriba, porque, si las relaciones sociales son extrañas, las relaciones de pareja, y aquí solo se ven las primeras citas, son para darles de comer aparte.

Aunque la serie sea novedad y uno de los animes estrenos por Netflix en exclusiva, el personaje no es nuevo. Apareció en unos cortos de animación creados por Fanworks (los mismos estudios responsables de la serie) para TBS TV, entre 2016 y 2018, que están basados en los personajes antropomórficos del Universo Hello Kitty, creaciones de la marca de juguetes SanrioCo y donde se la bautizó como Aggresive Retsuko. Parece que esto de los contrastes sigue siendo trending topic en esta reseña: lo que mola Retsuko y el asco que me da la gatita hortera esa.

En definitiva, unos dibujos adorables, tremendamente simples, al igual que la animación, que no dejan de ser lo que son, una sátira de nuestro día y a día, de cómo aguantamos los convencionalismos estúpidos y la falta de educación y de cuánto nos gustaría tener el micrófono de Retsuko para poder ir un momentito a evacuar al baño.

 

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Si es creepy, es para mí.

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