ÄKTA MÄNNISKOR: a vueltas con los androides

Androides con los que no debes hacer el sueco
Por Patri Tezanos

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A menudo fuera de la ficción estadounidense se encuentran cosas que merecen la pena. Esta vez hemos husmeado las producciones suecas para encontrar una serie con ideas interesantes. ¿La pauta? Robots humanoides y las cuestiones sociales que plantea su convivencia con nosotros (o la nuestra con ellos, más bien).

Äkta människor (Real Humans en cristiano) nos lleva a un futuro no muy lejano y no muy diferente del que disponemos ahora mismo en donde los androides, llamados hubots, se han convertido en un electrodoméstico más. Aquí uno se encuentra con la primera sorpresa agradable de la serie: el entorno en donde están encajados los robots es real y realista, no nos traslada a un futuro plastificado y poco imaginativo en donde todos vestimos monos blancos, todo es blanco ni todos somos más listos y más guapos que los humanos de hoy en día. Lo único plastificado son ellos y su aspecto de Barbie-Ken. La serie presenta un escenario accesible en donde los robots domésticos, como los móviles, el ordenador, las tablets, son un producto más.

En este mundo de Real Humans, además, cada persona elige el robot que prefiere y que mejor le va, como cuando nos compramos un móvil. Hay robots que sólo cuidan de hogar, robots que cuidan de ancianos, robots que conducen, robots que te hacen la compra, robots que follan… robots que hacen de todo. Y no se compran en una despiadada multinacional amurallada, sino en tiendas normales y corrientes, tipo concesionario.

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Ahora bien, como digo, en este futuro que presenta Real Humans el ser humano no ha cambiado (si no lo ha hecho durante sus años de existencia, no lo va a hacer ahora) y se ha llevado hasta ese tiempo el mismo bagaje que lleva arrastrando durante eones: la convivencia no siempre es pacífica y no todos pensamos igual. Lo que otrora se manifestara en incívicas luchas de bandas o tribus con resultados de traumatismo craneoencefálico, lo que en la actualidad es quejarse en twitter y hacer algún que otro acto de desobediencia civil en silencio o terrorismo, en la época de los hubots se traduce en un movimiento llamado “Humanos Reales”, una congregación de tecnófobos que creen que nuestra convivencia con estos autómatas nos desprestigia como especie y no nos traerá más que problemas.

Ahora bien, estos tecnófobos no son tecnófobos como los de ahora. Piénsalo: hoy hay quien rechaza los móviles, la tele o los ordenadores y los insulta, el problema es que los móviles, tele y ordenadores de este futuro que nos presenta la serie son máquinas que se ven como seres humanos, que hablan contigo y te miran a los ojos. Así, estos tecnófobos más que tecnófobos pasan a ser algo así como racistas que promueven un robótico apartheid.

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Debido a los hubots, pues, la sociedad ha encontrado otro punto de división. Los hay que quieren a los hubots en exceso. ¿Cómo no iba a suceder esto si un hubot es un compañero que puede crearse a nuestro gusto? Hay quien se casa con ellos y abandona a su marido o mujer por el cálido abrazo de una piel de goma. Los hay, como he dicho, que los odian y se organizan para exterminar a esta nueva raza. Los hay que conviven con ellos como quien vive con un electrodoméstico más. Los hay quien se alza y pretende otorgarle a estas máquinas unos derechos básicos fundamentales. Los hay quien, secretamente, ha optado por no tener uno sino ser un hubot (o medio hubot). Y, por supuesto, también hay hubots que aspiran a una vida mejor, hubots que han accedido a una conciencia superior y huyen para constituirse en libertad.

Aunque se nota que la serie carece del presupuesto de las producciones estadounidenses, no deja de ser una buena cantidad de temas interesantes que llevarse a la boca tratados dentro de una atmósfera completamente creíble y con cierta personalidad.

No te la pierdas si te molan estos temas.

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