ALL-STAR BATMAN

All-Star Batman es una de esas historias que casi te reconcilian con un guionistas inflado al que nunca había acabado de pillarle el tino y que te reafirman en posiciones rocosas acerca del talento superlativo de un dibujante.

Por Javier Marquina.

Hay personas que nacen con una misión, con una vocación de martillo en un mundo lleno clavos. Hay personas tocadas por una luz llena de magia que iluminan angostos caminos transitados por seres oscuros. Hay personas con tanto talento, que cuando descansan y crean un solo paso por debajo de su insuperable nivel completo, son atacados por una horda de ciegos vengativos con las retinas abrasadas por la verdad suprema de su arte. Hay personas con suerte, que caen en gracia, que tienen una buena idea y soltura con el procesador de textos, y consiguen estirar su hallazgo como un chicle en una sucesión interminable de estructuras idénticas que no conducen a nada. Hay personas capaces de levantar edificios de cartón piedra que parecen reales, pero tras cuya fachada perfecta solo hay endeble tramoya a punto de derrumbarse. Hay personas afortunadas, que llegan primero, a los que se les ofrecen oportunidades maravillosas que, en ocasiones, las musas impiden que tiren por la borda con una de sus típicas vacuidades sin trascendencia. Hay personas que nacen con estrella. Hay personas estrelladas. Hay personas que, como una supernova a punto de revelarse y tragarse una sección del universo, brillan durante toda su carrera para anunciarnos que, cuando falten, el hueco que dejarán será un enorme agujero negro imposible de llenar.

Batman
Romita Jr. está acabaBANG!

Reconozco que, en su momento, deje el Batman de Scott Snyder por puro aburrimiento. Después de un interesante comienzo lleno de búhos, su interpretación del Joker me pareció una explosión efectista pero vacía, en la que, al final, ese status quo en apariencia siempre cambiante, amenazado y al borde del cataclismo irrenunciable del mundo de los superhéroes, permanecía (¡como no!) inalterable, una tradición cargante a la que deberíamos estar acostumbrados, pero que resulta insoportable. De ahí a la gran nada, solo un paso. Y quien dice nada, dice aburrimiento máximo que apenas fui capaz de soportar un par de números. Eso de utilizar títulos de sagas que parecen recordar a momentos gloriosos y redondos no va conmigo, y por mucho que me guste el amigo Capullo, la saciedad te empuja a huir de tebeos que consiguen que te duermas con la efectividad de un palazo en la nuca.

Sin embargo, toda regla tiene su excepción, y el Universo suele conspirar contra ti cuando juras por la gloria de lo más eterno que jamás (y hago énfasis en este JAMÁS) volverás a hacer algo. Como he dicho, a las mecánicas planetarias les falta tiempo para crear un acontecimiento que te obligue a comerte tus palabras una tras otra y, haciendo honor a un célebre título de una película de James Bond, recules con vergüenza para hacer exactamente aquello que habías prometido en sagrado sacramento no cometer nunca más.

En  mi caso, la máxima de no volver a acercarme a nada escrito por Scott Snyder para evitar el peligro de caer en la maléficas redes de la narcolepsia, se han visto desbaratadas por la colaboración de este afortunado guionista en cuyo esfínter florece una flor que no se marchita con uno de esos dibujantes a los que adoro de una forma irracional, completa y casi sectaria. Saber que John Romita Jr. iba a dibujar Batman eliminó de mi cuerpo cualquier resto de reticencia hacia los guiones de Snyder, y me lanzó como un kamikaze hacia una colección surgida de ese enésimo renacer en busca de prados de ventas más verdes que es el Rebirth de la editorial DC Comics. Si mi adorado, idolatrado y venerado Romita Jr. estaba en ella, yo necesitaba tenerla, sin importar las atrocidades que pudieran perpetrarse en su nombre.

Batman
El encarnizado debate sobre el creador acabado.

Y aquí es cuando el destino, compasivo, sale a recogerte y acunarte antes de que te descalabres. No tenía duda alguna de que el dibujo, para mí, iba a resultar totalmente satisfactorio, pero claro, cierta deformación profesional conseguía llenarme de congoja ante el más que previsible hastío producido por la historia. Había puntos a favor que me hacían albergar cierto grado de esperanza, como la inclusión en la saga de Dos Caras, uno de mis personajes favoritos de la iconografía del Hombre Murciélago, pero la experiencia pasada con el Joker reducían mis expectativas a un número demasiado cercano al cero. Por suerte, y metidos ya en harina, Snyder entrega una historia intrascendente, pero trepidante. Un viaje frenético que sabes que no sacudirá los cimientos de lo establecido, pero que conseguirá que lo pases bien en cada etapa. Es cierto que se aprecia ese tufillo grandilocuente del que peca siempre nuestro querido guionista, pero evitarlo es tan sencillo como ignorar los cantos de sirena y centrarse en una trama hecha para la acción y para el siempre delicioso bagaje de un John Romita Jr. capaz de tapar bocas sin necesidad de forzar la máquina, en una nueva demostración de oficio y clase con el lápiz al alcance de una escueta élite de elegidos. Genio en estado puro que sus fans (es decir, cualquiera que ame el cómic) deberían conseguir cuanto antes.

Sabemos que cuando la aventura acabe, todo quedará como estaba, tal y como lo encontramos, pero eso habrá sido lo menos, porque es tan importante lo que se cuenta como la manera en que se hace. Aquí lo trascendental habrá sido el camino, una carrera que quita el aliento y en la que un maestro, de nuevo, nos ha enseñado cómo se hacen las cosas. No está mal, de vez en cuando, recuperar la estrella del dibujante y reclamar su papel fundamental en una dupla descompensada en la que uno de los elementos es mucho menos de los que tratan de vendernos, y el otro es muchísimo más de lo que una legión de polemistas con ganas de menosprecio se atreven a admitir.

Esta historia ha sido editada en España por la editorial ECC en los números 1 al 5 de la colección All-Star Batman.

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Nací, crecí, vomité ácido blanco y lechoso sobre un donut y me lo comí.

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