MI AMIGO DAHMER. La pubertad del demonio.

La destreza de John Derf Backderf para retratar el nacimiento y la trastienda emocional del que fue uno de los más salvajes asesinos en serie de los USA es aplastante. Un cómic tan naturalmente extraño y siniestro como lo pudo ser la adolescencia del pobre diablo de Jeff Dahmer, el carnicero de Milwaukee.

Por Ramonet Daví

‘I wanna be loved, be loved by you’ cantan los Johnny Thunders & The Heartbreakers mientras empiezo a aporrear sincopadamente el teclado de mi portátil. El Punk Rock de finales de los 70, los porros, la cerveza y los bailes de fin de curso marcaron a toda una generación de jóvenes que vivieron cerca del protagonista del cómic del que os voy a hablar hoy. Unos jóvenes que, como muchos de los jóvenes yankees que vemos en las pelis, soñaron con coche familiar, un futuro solucionado y con poder estudiar en un de las prestigiosas universidades que pueblan el territorio americano. Si Jeff Dahmer, el conocido ‘carnicero de Milwaukee’, estuviera vivo a día de hoy, quizás nos diría que lo único que hubiera querido antes de que empezara todo, era sencillamente que lo quisieran un poco, tal y como reza la canción.

Esta vez he ido al revés del mundo, pues en el pasado Festival de Sitges pude ver la adaptación al cine de este tebeo, y lo que para mi se prometía uno de los films del festival, me dejo con un gusto bastante amargo en mi paladar cinéfilo. Así que, como no había tenido tiempo de leer el cómic y había escuchado buenas críticas sobre él, me decidí a comprarlo. Por suerte.

Como buen tebeo de temática, digamos, poco comercial, sus orígenes no podían ser otros que los del tebeo underground. John Derf Backderf, autor de este y ex-compañero de instituto del protagonista de la historia, decidió que debía contar al mundo sus vivencias con el que se convirtió en un sanguinario loco despiadado que mataba a sus víctimas, tenía sexo con ellas, y a algunas hasta se las comió. Así pues, con toda esa necesidad de contar algo que los medios no podían contar, Derf intentó que le publicaran sin éxito una historia de 100 páginas que se transformó en una breve historia de 24 páginas (por motivos lógicamente económicos), que finalmente fue auto-publicada por él en 1997. Para sorpresa de todos, esa historia se transformó en una obra de culto, consiguiendo hasta una nominación a los Eisner y siendo adaptada al teatro, entre otros logros.

La obra de la que os hablo, es la versión mejorada y completa que finalmente consiguió publicar más allá del año 2000 y que Astiberri nos trae aquí con una cuidada edición en tapa blanda, en sus originales 224 páginas en blanco y negro y con unos interesantes extras, como explicaciones del autor que nos harán conocer un poco más de cómo se gestó este mucho más que destacable cómic, y como su autor recopiló la información para intentar que fuera lo más fiel posible a la realidad.

Lo que se sucede a través de la historia, es una breve etapa de la vida en el instituto de Jeff Dahmer, en la que, narrada magistralmente por Derf, a modo de narrador, vamos conociendo como era la relación que tenía con sus padres, sus compañeros de clase y su relación con el mundo en general, que más allá de contaros prefiero que leáis vosotr@s mism@s. Lo que si os diré es la capacidad aplastante de Derf para imaginar como era la trastienda emocional, a los tiernos 15 años del que llegaría a ser una auténtico monstruo. A través de las viñetas y el uso de sombras vemos lo extraño y siniestro que era el comportamiento de ese chico. Extraño y siniestro, visto a través de los ojos de un lector adulto, pero que a través de los ojos de un chaval de 15, pues más que siniestro podría llegar a parecer hasta gracioso.

Como bien cuenta el autor y claramente se ve en su modo de mostrarnos lo que sucedió, lo que denota es ese anhelo de comprensión a través de la historia, de desesperación por entender como esa persona, a la que ciertamente se la etiquetaba de ‘rarito’, fue capaz de cometer esas atrocidades. Es como cuando en las noticias salen los vecinos de un asesino diciendo que si ‘era una persona tan normal’, o que ‘nunca habíamos visto nada sospechoso’. Aunque Dahmer no era como los demás, y no se comportaba como los demás, supongo que fue difícil imaginar que algo así pueda llegar a suceder, mucho más allá de la típica broma entre amigotes de ‘ese tío de ahí tiene pinta de asesino en serie’. Imaginad si tenía pinta, que terminó siendo el peor, después de Jack el destripador.

Ya para terminar, deseando que aceptéis mi recomendación y os acerquéis a esta historia, me pregunto como es posible que la sociedad en la que vivimos sea tan ciega de no detectar lo que muchas veces salta a la vista. Una persona, que lo que necesitaba en su día a día era la ayuda de un psicólogo o de quien fuera, para que esa cabecita loca no estallara. Una bomba de relojería que nadie supo desactivar a tiempo, y que terminó con la vida de inocentes, que nada tenían que ver con lo que perturbó a ese chaval rarito de Milwaukee. Definitivamente es mejor ir por la vida con los ojos abiertos. Bien abiertos.

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