Amor loco.

Y es que el amor mola. Sea loco, freak o moderadamente nuboso.

Por Cabezas Cortadas.

 

 

Contra todo pronóstico hasta los frikis masculinos, arquetipo del fracaso sentimental por excelencia, logran llevar una vida sentimental fructífera y plena, en brazos de la mujer de sus sueños, sea ésta friki o no.

A continuación en La Isla de Las Cabezas Cortadas, les narramos de primera mano las experiencias de dos habitantes que han encontrado a su media naranja en dos lugares opuestos del globo (siendo el globo un mundo lleno de tíos en spandex, macizas con poderes, ninjas zombies y negras empuñando katanas milenarias) y gritan como Lina Morgan con las rodillas apretadas: “Sí al amor”.


@IronMonIsBack :


Llegó un momento en el instituto, en el que decidí que ser friki molaba. Fue una decisión arriesgada, lo sé. Sobre todo teniendo en cuenta que mis hormonas ya ejercían sobre mí ese influjo inexorable que me acercaba como zombie babeante hacia todo organismo del sexo opuesto y que declararme sin tapujos como freak, me alejaba de forma igualmente inexorable de cualquier realidad en la que hubiera opción alguna de contacto con hembras de mi misma especie. Pero decidí arriesgarme.

 
Forré todas mis carpetas de fotocopias coloreadas por mi mismo de los cómics que por aquel entonces partían la pana, me puse una camiseta de The Sandman y me enfrente sin vergüenza alguna a todas las carpetas de mis rivales femeninas forradas de fotos infames sacadas de la SuperPop.
 
A día de hoy no sé si eso fue realmente una victoria, pero tengo claro que esa declaración de intenciones, de asumir sin complejos que aquello que me apasiona es también aquello que me define, me ha llevado a ser quien soy, para bien o para mal. Y ese Yo creado en plena adolescencia, esa enfermedad que nos asola para transformarnos en las personas que debemos ser y nos confunde con cambios de voz, granos y amoríos absurdos, es el Yo que un día, por azares de la vida, consiguió a la mujer de sus sueños.
 
Una mujer, por cierto, que no es friki en absoluto.
 
Hay algo prodigioso en la relación que me une a ella. Un algo mágico que permite que un tío raro como yo, vestido con camisetas de Iron Man y sudaderas de Spiderman pasee por la calle con una mujer que destila elegancia y estilo clásico. Algo cósmico que nos junta debajo de una manta, sentados en nuestro sofá para ver Prometheus, o Los Vengadores, o la trilogía del Batman de Nolan. Algo místico que permite que en nuestra casa haya una habitación dedicada exclusivamente a mis cómics y en el salón en vez de los tomos del Monitor o de la Historia Clásica de España, se expongan con orgullo el All-Star Superman de Morrison y Quitely o Martha Washington Goes to War completa.
 
Mi mujer no es friki, pero me quiere, y gracias a eso todos los tópicos sobre el aspecto insectoide, las conversaciones en clave que solo otros de tu misma especie entienden, de la ropa ridícula, de las gafas de culo de vaso y del “forever alone” quedan abolidos y superados. Llámenlo amor, si quieren. Llámenlo destino. Llámenlo como quieran. Y aunque a veces me cueste discutir sobre cómo es posible que me vaya a gastar 200€ en esa figura tan molona del Capitán América-El Primer Vengador que ha hecho Hot Toys, sé que en el fondo mi chica me quiere. Y me quiere tal y como soy, aunque eso desafíe las leyes de la lógica de Kant. Es por eso que me abraza por la espalda mientras monto un Incursor de los Eldars Oscuros, o sonríe cuando me ve armado con un plumero limpiando cuidadosamente el polvo de mi figura de Iron Man o se acurrucará a mi lado mientras leo y despotrico con el último número de la JLA de Johns mancillando mi IPad.
 
Siendo la mujer de mi vida, no podía ser de otra manera.
 


@ChemaMansilla:

Ser friki no mola. No desde el punto de vista de realización sexual o de perpetuación de la especie (que son dos cosas distintas aunque se hagan exactamente igual). Cuando uno empieza sentir picores y a levantar la vista lo suficiente de los tebeos de Spider-Man como para apreciar las misteriosas geometrías de sus compañeras de clase, también se descubre que se es un paria social. Las chicas de mi instituto no se fijaban en el chico gordito con gafas ese tan tímido, por muy rico que fuera su universo interior y muy feroces que pudieran ser sus sentimientos. Su rollito era el rubiales que tocaba la guitarra o el rudo deportistas. Incluso el más gamberro tenía su punto. Y sí, escribo desde el rencor porque en el instituto no me comía un rosco y esas cosas se quedan ahí…

Spider-Man te enseña que todo poder conlleva una responsabilidad, Han Solo que todo «te quiero» hay que responderlo con un «lo sé», y William Goldman que «te amo» se dice en realidad «como desees». Pero nadie te enseña a lidiar con la furia que se genera en tu interior cuando la chica que te gusta se pasa todo el viaje de fin de curso enrollada y acaramelada con el mismo tipo que te hace la vida imposible metiéndose con tus gafotas y tu sobrepeso.

Empiezo el este texto así porque quiero caeros bien, simpatizar con vosotros, empatizar. Más que nada, para contrarrestar el odio y la envidia que puede general esta entrada que, a pachas, hemos perpetrado Javier y yo, y que se puede resumir en: «chincha-chincha, mi novia está buenísima y sabe lo que es el Virus-T».


Uno va creciendo y haciendo de esos pequeños traumas adolescentes una bolita negra que se guarda en un rincón del corazón (y que desde allí espera su momento para, como Cthulhu, alzarse y arrasar todo lo que es bueno y puro sobre la Tierra). Así, se echa una novieta, otra novia un poco más seria, un ligue, otro ligue, otra novieta, un rollo, una novia que casi sí, podría haber sido ella, pero no… Todas ellas, cariñosas y simpáticas, ven con ternura tus aficiones: las figuras de acción articuladas (fruto de un exagerado grado de infantilismo intelectual), las pelis de Carpenter (aunque no quieran verlas contigo), a que te dejes tus ahorros en cómics (que es algo así como acumular papel como un vagabundo), los libros protagonizados por pícaros mestizos de elfo y humanos que han de detener una terrible profecía en un reino atacado pro dragones (eso se define a sí mismo) o de furiosas mujeres robots que cabalgan sobre enormes dinosaurios alieníjenas bajo cielos rojos con tres lunas y dos soles, o jugar hasta altas horas de la madrugada con la consola (gritando cosas como MAKE MY DAY! y SAY HELLO TO MY LITTLE FRIEND!). Sí. lo aceptan. Lo toleran.
Pero no lo comparten.

Pero llega un día, como ninguno antes, en el que las fuerzas del universo se alinean y conoces a una mujer con la que puedes estar echado en el sofá dándole caña al Resident Evil 6, o que lleva esa camiseta tan chula de la Fringe Division. Que ha pasado más horas que tú en Skyrim.Qué sabe qué juegos del pasado E3 lo van a petar este año.Y además está buena. Claro, ahí salta una chispa como Galactus de grande, pero tratas de ser cauteloso… Esa mujer no es perfecta: le gustan los gungans. Y eso es muy grave.
Pero… ¿Y esa sonrisa al contarte que le ha gustado leer En las Montañas de la Locura?; ¿Y ese momento en que se cepilla los dientes con tu camiseta de Lucasfilms (traída de Lucasfilms) que le queda enorme?; ¿Y esas charlas sobre si hay una conspiración para ocultar posibles restos de civilizaciones ancestrales en la Luna?; ¿Y esos paseos por las calles de Madrid hablando sobre Alan Quatermain tras ver una mala peli de ciencia-ficción?; ¿Y esas bromas privadas y totalmente referenciales que suelen terminar con un «No sabes nada, Jon Nieve»?; ¿Y coincidir en opinar que Daniel Craig no parece un espía británico, sino un un capitán de submarino alemán de la segunda guerra Mundial, pero que Skyfall es la mejor peli de Bond?…

Todas esas cosas, y muchas más, son pequeños eventos Fringe que te hacen pensar cosas raras… ¿Es una mujer enviada desde el futuro por mi yo de dentro de 50 años para hacerme feliz ahora?; ¿Es humana?; ¿Así van a conquitar los alienígenas la Tierra, viendo pelis bajo una mantita o hablando en la cama durante horas sobre por qué los cómics de Marvel molan más que los de DC?
¿Recordáis «La Mujer Explosiva» (Weird Science)? La serie o la peli, me da un poco igual… Pues eso….

He llegado a pensar que haberla conocido es algo tan fantástico y alucinante que no puede ser real: su gafapastas, su pelo a la Mary Jane Watson, sus patitas de alambre, sus besos lentos… Como un crossover entre Blade Runner y Amor a Quemarropa: una androide perfecta que no sabe que lo es, más humana que las humanas, que de alguna manera alguien está utilizando (generoso, sin duda) para que yo sea feliz junto a esa mujer perfecta. A pesar de lo de los gungans.

¿Terminaremos nuestras vidas como los viejecitos del principio de UP?; ¿Será un amor eterno, será amor verdadero? De momento, lo que ella desee.

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1 comentario en Amor loco.

  1. Chicos! Como chica medianamente friki, que está medianamente buena; me ha encantado el post y me ha parecido muy muy muy romántico. Esto es amor, loco o no, pero verdadero :P

    Seguid molando! ;D

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