AMOR Y VERGÜENZA – CREPÚSCULO 10 AÑOS DESPUÉS

Ah, 2008. Menudo año. Las olimpiadas de Beijing, la crisis económica alcanza su punto culminante, Bush sigue siendo presidente, Heath Ledger fallece en una habitación de hotel. Y en lo cinematográfico ocurren dos de los acontecimientos más importantes de la década pasada: Se estrena Iron Man y El increíble Hulk, dando así el primer paso hacia la dominación mundial de Marvel/Disney y se estrena la otra saga. Ya sabéis. La otra.

Por Andrés R. Paredes

Y es que aun a día de hoy parece que tenemos que sentirnos avergonzados de que en su día nos gustase Crepúsculo. Y eso es raro. Venía de ser un fenómeno editorial que había roto absolutamente todas las barreras y que supuso un cambio de paradigma en el mundo de la literatura Young Adult. Ya sabéis, esas novelas que te ayudan a madurar a base de ver tus sentimientos reflejados en un personaje y que normalmente incluyen distopías, juegos de hambruna, curas mortales o divergencias. He aquí una cosa que deberíamos aceptar: Sin Stephanie Meyer, no tendríamos Katniss Everdeen. Y quizá esto sea estirar el chicle demasiado, pero sin Katniss no tendríamos a Rey. Todo va de la mano, especialmente en la cultura de masas.

Este vídeo de Lindsay Ellis explica buena parte de los argumentos a favor de Crepúsculo. O no tanto puntos a favor como reconocer que, igual, quizá, nos pasamos mucho con la saga cuando alcanzó el estrellato. Yo incluido. No fue hasta el 2013 que de forma irónica me leí los libros que me di cuenta de que, hey, no eran tan terribles. Por supuesto no eran el Quijote, pero comprendía por qué se habían convertido en un exitazo – Especialmente Luna nueva, mi favorito en aquella época ya que Bella y yo pasábamos más o menos por el mismo punto vital, tristeza absoluta derivada del aislamiento y del “desamor” mezclada con otro millón de cosas.  

No se puede hacer una defensa a ultranza de las virtudes de Crepúsculo, porque, básicamente, hay que dejar todos los prejuicios de lado, y eso a muchos les (nos) cuesta. No es tan sencillo como hacer defensa de películas ”olvidadas” como “El caldero negro” o “La isla del tesoro”, piezas de ficción que cuando alguien sale en su defensa cuenta con que cinco o seis personas digan “por fin alguien está de acuerdo conmigo”. Esto no es posible con Crepúsculo. La saga sigue siendo motivo de mofa y burla, y el género vampírico todavía no se ha recuperado del estigma de los vampiros brillantes (que en los libros está sorprendentemente bien hilado y, reconozcámoslo, es un giro de género bastante interesante). Crepúsculo sigue siendo una saga que avergüenza a muchos y muchos de mis amigos se sorprenden cuando les enseño los 5 blu rays de la saga que cuento entre mis posesiones más preciadas. ¿Por qué?

Todo viene a raíz de una idea muy simple, pero al mismo tiempo muy importante: Timing. Y es que el gran problema de Crepúsculo fue ser la primera. Si bien la ley de las batallas perdidas es “demasiado tarde”, la de Crepúsculo fue “demasiado temprano”. Demasiado temprano porque en los oscuros tiempos previos al 2010 los Trolls dominaban la tierra (aun más). Porque no existía todavía una presencia activa de plataformas como The Mary Sue, o videoensayistas tan apasionantes como la propia Lindsay o (sigh) thenerdwriter. Todavía no existía esa conciencia de que las cosas no eran absolutamente malas. Bueno, ésa es una perspectiva que todavía existe, pero que no es tan terrible como a principios de los 2000.

Antes de continuar, deberíamos aceptar una cosa (y si no estáis de acuerdo más allá de este párrafo por favor, atadme a una pira y prendedme fuego): Las películas de Crepúsculo supusieron como mínimo, un cambio de paradigma. Donde tan sólo habían llegado sagas como Harry Potter, con adaptaciones un año si y otro también se acercaron producciones “menores”, como la ya mencionada Los juegos del Hambre, el Corredor del Laberinto, o la saga Divergente (la saga Divergente, se acuerdan de ella? Queda aún una parte por estrenar, no va a salir jamás). Crepúsculo supuso un cambio radical en la historia del cine reciente porque demostró que las sagas podían durar tanto como el material daba para ellas. Y eso no es malo. De la misma manera que no es malo que fuera una saga romántica.

Y es que ese es el gran problema cuando hablamos de Crepúsculo. Que es una saga romántica, que es una saga cuyo motor principal son las emociones más que los actos. Y todos sabemos el miedo que tenemos todos a los sentimientos siempre y cuando sean positivos. He aquí una cosa curiosa: Para Lindsay Ellis, uno de los motivos principales por los que Crepúsculo recibió todas las hostias del mundo es que era un producto para chicas. Esto es cierto, pero creo que hay un ángulo más que deberíamos analizar: Crepúsculo es una historia de amor. Y no una simple historia de amor, es una de las más agónicas y estiradas en el tiempo que hemos visto en la última década. Que un género que pregona a los cuatro vientos algo tan positivo como el amor sea tan maltratado por el público y la crítica dice mucho de la sociedad en la que vivimos. Y sí, el amor de Crepúsculo es defectuoso. Es obsesivo y peligroso, pero son temas tratados a lo largo de la saga (más en los libros que en las películas, eso es cierto). Es un amor que roza lo abusivo y denunciable, y en muchas ocasiones Bella es un mero objeto sin voluntad, llevado por los personajes varones de la saga. La cosa es que también existen muchos ejemplos de relaciones tóxicas y terroríficas en la ficción: 50 sombras de Grey, que comenzó como Fanfiction de Crepúsculo, Orange is the New black, la absolutamente aterradora relación entre Jaime y Cersei… Y ninguna de ellas fue pasada por una trituradora como lo fue la saga de Meyer. “Ellos también lo hacen” no es ninguna excusa, pero con esto tan sólo pretendo señalar que, con los años “perdonamos” con más facilidad los excesos de otras muchas sagas que como lo hicimos con Crepúsculo. ¿Por qué? Timing y amor.

Por supuesto no son los únicos motivos por los que la saga pasó por problemas. Los personajes son bastante unidimensionales y en realidad el worldbuilding está muy poco desarrollado (y cuando lo está es de una forma un poco automática y sin cuidado). Tampoco contribuyó que cada película que pasa, da la impresión de que Pattinson y otro buen puñado de actores (te miro a ti, Michael Sheen) se lo tomaran todo más y más a broma (y eso que esta saga supuso el punto de inicio para la carrera de Pattinson, que ha alcanzado el estrellato máximo este año con Good Time y, no sé, pensar que tus primeros trabajos eran Mie/&%$· pues como que es un feo hacia tus fans. Digo yo). Y eso es un problema, porque cuanto más avanza la saga, comienzan a aparecer una, dos o tres escenas que podrían redimirla. Y entre ellas (y como máximo ejemplo) está el parto de Bella. Una escena que sería el sueño húmedo de cualquier director y que comienza con la espina dorsal de la protagonista rompiéndose y con un vaso lleno de sangre cayendo al suelo es una joya sobre el papel. Y sin embargo, gracias a Pattinson, Lautner y en general todos excepto Kristen Stewart, es un chiste. Un chiste malo.

Gracias a Crepúsculo aprendí una importante lección: No porque sea malísimo, terrible, tenga graves errores o dé vergüenza me tiene que dejar de gustar. Es más, si quiero que me guste de verdad, debo conocer todos sus fallos. Debo saber qué tiene de malo (y Crepúsculo tiene mucho donde escarbar, creedme) pero también me debo permitir no sentirme un mentiroso cuando disfruto de una saga que… me gusta. Que me parece adictiva. Que contiene algunas escenas que a día de hoy me impactan y se me hacen muy extrañas. Puedo ser fan de algo que sea objetivamente malo, y no tengo que defender mis gustos ante nadie.

¿Es Crepúsculo una mala saga? Sí. Por supuesto. Nadie se atrevería a discutirlo. ¿Merece todo el odio que recibió? Ni de lejos. No deberíamos avergonzarnos de nuestros gustos y ya hemos superado la fase de llamar “Guilty Pleasure” a todo lo que nos gusta que se salga un poco de la norma.

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