ANIMALS. Tiere.

No le busques tres pies al gato porque, en Animals, al final se los encuentras.

Por Teresa Domingo.

 

Otra de las joyitas de las que he podido disfrutar en el ilustre quincuagésimo aniversario del Festival de Sitges llegó en forma de coproducción austro-polaco-suiza. Animals aterrizaba en tierras catalanas con el handicap de haber resultado una de las diez mejores películas del Festival de Berlín de este año. Una información que esconde un doble rasero, pues la tendencia al gafapastismo petulante en cualquier festival de renombre, y más en la Berlinale, no resulta siempre el mejor baremo para que un título sea mejor que otro, en este caso mi veredicto coincide con los señores del jurado. O el suyo con el mío…

En cualquier caso, lo difícil para mí ahora mismo es convenceros a vosotros de que es un peliculón por el que merece la pena dejarse atrapar, sin explayarme en el fondo o en la forma del relato para contaros apenas nada y que os dejéis liar por ella si tenéis oportunidad de verla. Una maravillosa película, tan divertida como complicada en su desarrollo pero que, según finaliza y la imagen se funde a negro, volverías a ver otra vez sin dudar.

Anna (Birgit Minichmayr, si has visto El Perfume, te sonará) es una escritora que busca la tranquilidad lejos de su piso en el centro de Viena, y alquila una casa en un pueblecito suizo para escribir su nueva novela sobre una mujer que planea asesinar a su adúltero esposo. Su marido, Nick (Philipp Hochmair), chef de profesión, aprovecha para hacer incursiones en granjas y restaurantes de la zona en busca de ingredientes y recetas locales. Mientras tanto, Mischa (Mona Petri) alquila el piso de Anna y Nick en Viena. Se parece tanto a la vecina de arriba, que se suicida al principio de la peli, que su novio (Michael Ostrowski) la confunde y acosa, pensando que le ha dejado para irse a vivir con el vecino.

Lo que, a priori, parece una comedia romántica al uso, pronto se torna en una pesadilla surrealista en la que dos puertas cerradas (una en cada casa alquilada)  y un gato que habla francés parecen ser los únicos que saben de qué va la vaina.  Los engaños, las paranoias y las realidades paralelas se retuercen y mezclan entre sí para dar como resultado una comedia lisérgico-marital tan simple como compleja, que avanza siempre un paso por delante de lo que se espera de ella.

Un cordero atropellado y un pájaro que se cuela en el salón de la casa y revolotea sin control hasta que se estampa contra una pared, completan el elenco de (además de cubrir la cuota de paralelismos bíblicos) de este relato de alma esperpéntica y narración en bucle.

Desgraciadamente, estamos ante el último guión de Jörg Kalt antes de suicidarse en 2007 y ya no podremos disfrutar de su evidente talento. Por suerte, la dirección de Greg Zglinski y la iluminación de Piotr Jaxa han hecho justicia al relato y con su magia han realizado una película que recuerda al estilo cinematográfico del griego Yorgos Lanthimos, pero sin perder su identidad nórdica. Animals entretiene e inquieta de principio a fin, enredando la trama en sí misma cada vez más, engañándote y liándote a medida que avanza, haciéndote perder el contacto con la realidad  hasta llegar a un final de esos que te invita a revisionarla, puede que hasta más de una vez, para desentramar las sofisticadas claves de lectura que distinguen las diferentes realidades y el simbolismo oculto tras cada giro.

Porque, al fin y al cabo, Animals no es más que una rara y enrevesada metáfora de la desconfianza entre parejas, presentada de una forma poco habitual pero repleta de humor negro y frío. Una potente narración que hace de jugar al despiste con el espectador su mejor baza, como el gato con el ratón: por mucho que corras es más ágil que tú y vas a caer en su trampa.

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Si es creepy, es para mí.

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