El Arcoiris de Gravedad. Thomas Pynchon me ha dado la turra.

Libro El Arcoiris de Gravedad por Thomas Pynchon

De cómo El Arcoiris de Gravedad, un libro sobre un tipo que tiene erecciones cuando ve caer bombas, se ha podido extraer una obra mastodóntica de más de mil páginas que se ha llevado más de 3 meses de mi vida.

Por Javi Jiménez.

Turras: Dícese de aquel que da la turra.

Dar la turra: Incidir vehementemente en una serie de temas que son bombardeados hasta el hastío del interlocutor. Como en la frase “Menuda turra me está dando Thomas Pynchon con El Arcoiris de Gravedad.”

 

Después de leer La Broma Infinita el año pasado, el que sería mi primer libro que me acompaña por más de tres meses de lectura continua,  parece que le he cogido el gusto a eso de leer libros complicados. Como pasa con la cerveza, el regaliz con sal, el picante o el whisky todo es cuestión de ponerse, al final acabamos adquiriendo el gusto. Soy un imán para esto de los gustos adquiridos, parece que si no hay esfuerzo, no hay gloria… O simplemente esto de leer mostrencos de 1000 páginas ininteligibles es un trastorno mental, esperemos que, transitorio.

Thomas Pynchon- Simpsons
¡Si hasta sale en Los Simpsons! No puede ser mala persona.

Este año había planteado que entre mis lecturas colaría uno de esos libros infumables. Sí, esto fue tortura con premeditación.  Esta vez le tocaba a seguramente el más popular de ellos El Arcoiris de Gravedad (1973) del celebre Thomas Pynchon. Después de leer a David Foster Wallace y haberme hecho fan del autor tras la lectura de su obra magna, me pareció buena idea leer al que muchos le consideran sucesor. Realmente la propuesta era buena: drogas, contracultura, sexo, delirio, paranoia… Bendito sea el marketing de las contracubiertas, la historia me la habían vendido bien.

Tras mi experiencia inicial con La Broma me sentía curtido para un largo combate con la novela, cogí post-its  y empecé sin prisa ni preocupación por cuando iba a acabarlo, simplemente quería disfrutar. Como los americanos supieron después de Vietnam, no por haber vivido una guerra dura, la siguiente es menos dura: solamente leyendo las dos primeras páginas ya sabía que el viaje iba a ser largo y lleno de penurias.

Thomas Pynchon- Arcoiris de Gravedad-Simpsons
Mona le leía a Homer El Arcoiris de Gravedad para hacerle dormir. ¡Solo que también conseguía dormirla a ella!

La prosa de Pynchon, sobre todo en la primera parte de la novela, es muy farragosa, oraciones con miles de subordinadas, largas, profundamente adjetivadas y con una gran carga simbólica. Lo tiene todo para que cada página cueste un gran esfuerzo intelectual. Su estilo es plenamente autonsciente a lo largo de toda la novela, lo cuál hace que trate de ser complejo voluntariamente. Vamos, que en algunos momentos sientes que te están dando la turra.

No hay problema siempre y cuando el contenido lo merezca. Obviamente no esperaba ninguna recompensa en las primeras cientos de páginas de El Arcoiris de Gravedad. Si te enfrentas a un libro así hay que abandonar toda esperanza, simplemente tienes que esperar pacientemente a que todo se desarrolle, a captar el tono del autor, adentrarte en su universo y tratar de modificar tu paisaje mental para que este receptivo a lo que te quiere contar. Y sí,  verdaderamente El Arcoiris de Gravedad tiene más de un pasaje literariamente impecable así como muchas reflexiones interesantes e incluso momentos geniales.

Una obra tan mastodóntica da para mucho y realmente no sabes que te va a deparar las siguientes 20 páginas de El Arcoiris de Gravedad ni mucho menos las otras 500 siguientes. Historias de bombillas eternas, caramelos ingleses, pederastia, obsesiones con el trabajo, paranoia, drogas y BDSM ocupan sus páginas y surgen de ellas sin previo aviso como una fantasía lisérgica inducida por opiáceos diversos y que probablemente estuvieran a punto de caducar. Quizás no es tan tronchante y lisérgica como Miedo y Asco en las Vegas pero aún así Thomas Pynchon es un tipo gracioso  a su manera. En más de una ocasión te pilla desprevenido y te saca una carcajada más que sonora, pero a cambio puedes estar un par de horas sumido en el más profundo desconcierto.

No me hacía muchas ilusiones con respecto al final pues en estos casos parece que es complicado cerrar una historia que es tan grande como la vida. En la realidad, no hay finales, siempre hay un después a todas las historias, no hay un punto culminante que cierre toda una vida: ni si quiera la muerte. Aunque mirando atrás debo admitir que el final ahora me parece mucho mejor me resultó profundamente satisfactorio. Igual quería algo que realmente no se podía conseguir.

Estos libros son realmente difíciles de evaluar en términos de “me ha gustado” o no. La lectura se diluye entre muchas horas distribuidas entre muchos días y mi concepción del tiempo no me ayuda a dar un veredicto. Han habido momentos en los que estaba totalmente enganchado y momentos del tedio más absoluto. Durante el proceso han habido maldiciones dirigidas a Thomas Pynchon y sus seres queridos y también noches en las que se pasaba alegremente la hora de dormir con el libro en las manos.

El Arcoiris de Gravedad- Thomas Pynchon- Simpsons
-¿Estás leyendo El Arcoiris de Gravedad? -Re-leyendo.

El Arcoiris de Gravedad y muchos de sus compañeros espirituales son un viaje en el que hay momentos malos, buenos y regulares pero un viaje que al mirar atrás parece que ha valido la pena hacer. Sí, aunque Thomas Pynchon me haya dado la turra más de una vez, hay que reconocer que lo ha hecho muy consistentemente. Quizás no me ha deslumbrado pero sí se ha ganado mis respetos.

Ahora solo me queda saber con qué otro iniciaré otro nuevo viaje, pero de momento creo que voy a descansar con algo más ligero. Quizás unos libros de Teo sean asequibles para mi cerebro hecho papilla. Pero con calma, no vaya a darme una embolia a estas alturas.

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Consumidor experto, reseñador amateur. Me gusta la música fuerte, la ciencia ficción, las series animadas y así os lo hago saber.

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