ARCTIC MONKEYS. Lentos moláis mucho menos.

Algo no acabó de cuajar en el concierto de los Arctic Monkeys en Madrid el viernes 15 de noviembre. La verdad es que no lo sé. Quizás estoy aún en shock por conciertos anteriores. Quizás es que no acabé de meterme en el cotarro. Quizás es que todo pasó muy deprisa y me faltaron varias canciones que me gustaría haber oído. El caso es que…

Por Javier Marquina.

Tal y como yo lo veo, si haces un concierto de una hora y veinte escasa, lo que tienes que hacer es que el público salte y bote y se mueva y empuje hasta soltar las tripas en una nube de intenso sudor. Si te vas a poner melódico, sensual y lento, la menos toca dos horas. AL MENOS. Y cada tres baladas propina un puñetazo a tus fans con unas de esas canciones míticas que mueven hasta a los terminales. Ya lo dijo Einstein, “qué deprisa pasa el tiempo cuando te lo estás pasando bien”.

Al concierto de los Arctic del pasado día 15, le faltó mucha fuerza, mucho corazón. Y eso que parecía que lo que querían los chicos de Alex Turner era precisamente hacer una propuesta mucho más calmada y más “seria”, mas de sala de concierto pequeña e íntima. Pero claro, estás en el Palacio de los Deportes, con la pista a reventar de gente con ganas de sudar, y entonces te falla la conexión y el espectáculo te deja con un regusto algo decepcionante. Si a eso le unes que todo parecía programado al milímetro y no dejas ni un solo ápice a la improvisación, que todo queda como algo casi ajeno de lo que no eres capaz de disfrutar totalmente. Sin duda empezar con “Do I wanna know?” y acabar con “R U Mine?” es un auténtico puntazo, pero todo el mundo esperaba que Alex se pasara el concierto empuñando la guitarra eléctrica y no la acústica. Y eso cuando empuñaba una guitarra. Quedarse a medias es peligroso. Contraproducente. Creo que debes adecuar tu concierto a la sala en la que tocas. Y lo íntimo y los grandes espacios son terreno de juego peligroso. En mi opinión.

Y eso que todo parecía empezar de maravilla para mí pues, sin comerlo ni beberlo, y habiendo llegado al Palacio a las ocho y cinco y buscando el principio de la cola de entrada, nos encontramos una puerta lateral por la que pasar el control, en la que nos deslizamos subrepticiamente y aparecimos a escasos 10 metros del escenario al lado de gente que debía llevar 10 horas esperando. Y eso que los teloneros, The Strypes, me parecieron un grupo de Rock & Roll de esos que merecerá la pena seguir el rastro. Y eso que durante todo el concierto, la acústica fue impecable, el sonido estupendo y los Arctic sonaron como deberían sonar una gran banda de rock. Y eso que tocaron “Old Yellow Bricks”. Y aún así. La sensación fue de frescor. Que no de frescura. De sí, pero no. De no han estado mal, pero el del año pasado estuvo mucho mejor.

Mención aparte merece el publico de Madrid. O el público que va a Madrid. Que no sólo de madrileños viven los conciertos. Y es que ya es la segunda vez que me pasa. Y es que no. Lo primero educación. Está claro que no puedo hablar o criticar el acto de colarse en un concierto, pero os juro que nuestra manera entrar fue algo tan sorprendente, accidental y afortunado que ni siquiera lo considero un acto de mala fe. Se nos presentó la oportunidad y lo hicimos.Y nadie se quejó. Eso sí. Una vez dentro, si llegas después te pones detrás. No intentas colarte a todos para buscar un sitio mejor. Ni aunque seas andaluz. Ni aunque vayas borracho. Ni aunque te creas muy gracioso. Y por supuesto, una vez empezado el concierto, no aprovechas “Crying Lightning” para dar codazos como un auténtico hijo de puta para encabronarte con el chico que te ha llamado la atención cuando intentabas ocupar un sitio que no era tuyo y empiezas a darte de hostias, cosa que me obliga a girarme y a decirte que si me jodes el concierto te reviento. Y no. Las cosas no son así. Tampoco nuestra tangana fue la única. Alcohol, adolescentes con más granos que cerebro y esa falta consustancial de educación son factores de riesgo. Hasta en un concierto de música clásica.

Lo que me lleva a la segunda queja (y quizás la más importante) sobre los conciertos. En general. Los grifos de cerveza móviles. Y es que no todo vale para sacar beneficio. Y desde luego lo de meter a un pobre inmigrante en medio de una marea de gente con una mochila cargada de líquido a que se recorra la pista sirviendo cerveza segundos antes que te la tire por encima el inútil que se la acaba de pedir cuando alguien le pega el primer empujón, me parece, en general, una idea de mierda. Así que al brillante directivo que se le ocurrió este brillante concepto, habrá que decirle que no sabemos beber, que es peligroso, y que apesta. Meteos los grifos mochileros por el culo y dejadnos disfrutar del concierto. Es más. Voto por prohibir el alcohol en pista. Si quieres botar, no bebas. O bebe antes. Y luego dedícate al concierto.

Resumiendo: un concierto que no emocionó, lleno de canciones lentas sin demasiadas contrapartidas aceleradas y que podría haber estado mucho mejor. Y eso que no, no estuvo mal, a pesar incluso de los retrasados que, como con un imán, siempre atraigo para que se pongan detrás mío a darme por el culo hasta en el sentido no metafórico. Pero es que si vas de banda grande, tienes que dar conciertos grandes. Y para mí, desde el éxtasis de FOALS en Barcelona, fue bueno pero no grande, ni emocionante, ni brutal. Es cierto que el final en todo lo alto ayudó a que saliéramos con una pequeña sonrisa, pero es que yo creo que hasta los mismos Arctic eran conscientes de que no nos estaban dando lo que pedíamos. Si al menos hubieran tocado “When the Sun goes down”…

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Nací, crecí, vomité ácido blanco y lechoso sobre un donut y me lo comí.

2 comentarios en ARCTIC MONKEYS. Lentos moláis mucho menos.

  1. No estuve en este, y lo mismo peco de hater, pero los vi en FIB 2007 y pese a que no iban de baladeo lentorro, no me transmitieron nada. Llevaban una actitud como muy “acabemos con esto, venga”. Ya digo, igual fue mi experiencia aislada, pero ya me han dicho varios colegas que estuvieron en conciertos distintos que tenían menos sangre que el tobillo de un mosquito. Quizá no son un grupo de directos, sencillamente.

    • No creo que seas un hater. Los fui a ver con muchas ganas y salí con cara de idiota. Decepción muy grande. Y eso que acabaron en todo lo alto. Quizás esperaba demasiado después de FOALS.

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