ASH vs EVIL DEAD: Groovy

Qué suerte cuando pides de comer liebre y no te dan un gato.

Por Teresa Domingo.

 

En los tiempos que corren ya no te puedes fiar ni de tu sombra. La oferta es poco original y todo lo que nos venden son reseteos, versiones ultimates y cualquier cosa que implique un “éxito seguro” en la recaudación pero que dejas mucho que desear en la calidad de sus contenidos. Mucho nuevo talento, mucha new age, pero tiene que venir papá a enseñarnos cómo se hacen los hijos.

Frente a la absurda tendencia-Lucas de deshacerse de lo que le hizo un señor del cine de renombre y vender su éxito de éxitos a Disney, para que permita que lo mancille un cualquiera, dos directores de los que saben hacer cine y contarnos historias que no se esconden sólo tras un envoltorio bonito han recuperado sus éxitos ochenteros, les han lavado la cara y sin perder ni un ápice de su esencia nos los han presentado de nuevo. Además de George Miller y el bombazo de su nueva entrega de Mad Max, Sam Raimi se ha sumado a la presentación de una secuela propia, original y digna de llevar el mismo título que sus predecesoras. Por fin algo que no engaña y está a la altura de las expectativas que se crea durante meses de promoción.

Hace treinta años que Ash Williams hizo y deshizo la maldición que, sin querer, desató al leer unos pasajes del Necronomicón en aquella cabaña del bosque. Su vida no ha cambiado mucho desde entonces: sigue trabajando en el supermercado S-Mart, sigue soltero y llevándose a su caravana todo lo que su pícara sonrisa de cincuentón le deja pescar. Una noche, con las facultades físicas y mentales un tanto mermadas Ash la lía parda otra vez y vuelve a despertar a los deadites que intentarán llevárselo a las tinieblas. Y una vez más, escopeta en mano y motosierra en muñón se enfrentará al mal para salvar al mundo de ser devorado por la oscuridad.

Y es que el tiempo que ha pasado sólo se nota en los kilos (bien llevados) y las arrugas de la cara de Bruce Campbell. Todas las nuevas técnicas digitales al servicio de un clásico que no deja de ser lo que era. Cuando una secuela está hecha desde el cariño y el respeto que se merece, el resultado es tan gratificante que, por un momento, recuperas la fe en que no se hayan agotado las ideas y se creen guiones de calidad. Y claro que soy consciente que detrás de todo este amor que profesa un autor por su propia obra también esconde el querer reflotar un éxito para volver a ganar dinero con lo mismo, es lícito, y mucho más si el original lo firmas tú, pero, ya que lo haces, hazlo bien.

Y Raimi lo ha hecho bien. Ha hecho que el espíritu de Evil Dead vuelva con toda la fuerza que se merece y que la nostalgia sólo tenga cabida para volver a sacarnos una carcajada y revivir nuestro amor por esta saga. Del mismo modo, Raimi sabía que Ash no podía ser interpretado por otro que no fuera Bruce Campbell, son cosas que sólo se perdonan si hay una defunción del intérprete de por medio, así que, tal y como mandan los cánones, Ash es el protagonista y centro de todo, y a pesar de estar rodeado de buenos secundarios que lo apoyan en su misión (una de ellas es Lucy Lawless, que a lo mejor por el nombre a algunos no os suena, pero si os digo Xena, la princesa Guerrera sin armadura y un poco menos exhuberante, seguro que os orientáis mejor), Raimi es consciente que Campbell es el alma de la fiesta y explota su humor físico como se debe. Con el estreno de Posesión Infernal en 2013 el icónico director se dio cuenta de que la historia seguía funcionando y las nuevas generaciones también se interesan por los poderes del Necronomicón, pero que por mucha sangre a chorros y efecto digital que se meta, el que lleva la batuta, el verdadero dueño del libro del Mal (y de nuestros corazones) es Ash.

Para mantener esa esencia descacharrantemente terrorífica que nos encanta, recupera el mismo estilo de dirección, de iluminación marcada y funcional y de ambientación dramática de las películas anteriores, creando esa atmósfera densa y siniestra característica de la saga, remarcada por el rodaje cámara en mano, haciendo travellings subjetivos cuando se simulan los ataques de los deadites, esos inquietantes seres infernales que persiguen a nuestro protagonista, riendo histéricamente mientras se contorsionan bañados en litros de sangre y cubiertos por kilos de maquillaje protésico.

Así se reinicia una historia por todo lo alto, con unos arranques de capítulos que te pegan en toda la cara y con unos finales que te poseen de forma infernal y sólo te hacen ansiar que llegue siguiente. Y es que vaya capitulazos nos ha dejado esta primera temporada. Sí, no sufráis acaba de terminar, pero antes del estreno de ésta ya se había confirmado una segunda, así que tenemos maldición para rato. La trama, la acción, la música, los diálogos, la esencia del gore de casquería cutre y las ingentes cantidades de gags cómicos y juegos de palabras en los diálogos, se van superando capítulo tras capítulo haciendo de este resurgir una delicia para los fans de siempre y un comienzo de altura para todo el que se acerca por primera vez al mundo de Evil Dead.

Hail to the King, babies!

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Acerca de Teresa Domingo 147 Articles
Si es creepy, es para mí.

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