BATGIRL: Mente abierta.

Tercer tomo que recopila las aventuras de una Bárbara Gordon, alias Batgirl, renovada, rejuvenecida y plenamente integrada en el mundo de las nuevas tecnologías, las redes sociales y la adolescencia hipertecnificada.

Por Javier Marquina.

Reconozco que como a la inmensa mayoría de la gente con la que comparto opiniones sobre el cómic, el primer volumen de la serie de Batgirl me pareció una delicia. No solo por el nuevo enfoque mucho más moderno e integrado en esta sociedad en la que las redes sociales forman parte indisoluble de la manera en la que nos relacionamos, sino también porque para mí suponía el descubrimiento de una dibujante que derrochaba talento: Babs Tarr. Era un tebeo que rezumaba simpatía, que normalizaba elementos impensables hace apenas 10 años en el cómic de superhéroes y que establecía sólidas bases para crear un universo autónomo (aunque no necesariamente independiente). Siguiendo un patrón muy parecido al de Kamala Kan (Ms Marvel), la vida personal se integraba plenamente en el desarrollo y crecimiento del alterego, creando una nutrida base de personajes secundarios, gadgets, escenarios y villanos que se unían para formar una de las mejores colecciones de DC de los últimos años.

BATGIRLPor desgracia, nada es para siempre. Ni siquiera los diamantes aguantan la presión infinita que genera un agujero negro. Todo lo conseguido por los guionistas Brenden Fletcher y Cameron Stewart se ha ido diluyendo en este tercer tomo gracias a un infernal baile de dibujantes típico de las grandes editoriales americanas. Lo que en el segundo tomo se mantenía gracias a artistas de personalidad, en este último se desmorona bajo los trazos de un típico y anodino ejército de clones. Esta danza macabra ha logrado evaporar mi interés por la serie y por el personaje como un azucarillo mal prensado en un océano de ácido sulfúrico. Mi animadversión personal por el arte de Ming Doyle, así como la escasa calidad de muchos de los sustitutos de la brillante Tarr, han conseguido que me vaya desconectando de forma progresiva de unas historias cada vez menos originales y brillantes, y de unos villanos de creciente inconsistencia, reduciendo un tebeo en origen más que recomendable a una masa conocida de tópicos con cero épica y todavía menos sentido. (La resolución de la trama de Gladius que cierra este tercer tomo está a la altura de los efectos especiales de las películas de Joe D’Amato, por ejemplo).

Cuando te ves sometido a un volumen de lectura como el que yo sufro con placer, existe una prueba del algodón irrefutable que uso como baremo para mi criterio: la memoria. Leer cómics los 365 días del año te obliga a un involuntario ejercicio de síntesis en el que tu cerebro solo se queda con aquello que realmente le impresiona, le impacta o le desagrada en exceso. Lo banal, lo corriente, lo aburrido, todo desaparece en una avalancha de nombres, personajes e historias que entierran lo consumido en la mediocridad de sus planteamientos. Para bien y para mal, las limitadas cualidades mentales de las que dispongo solo se ven estimuladas por el impacto de algo grande, ya sea una genialidad que marcará el curso de la historia o una mierda del tamaño del meteorito de Armageddon. En este caso, las últimas historias de Batgirl han pasado sin pena ni gloria por mi retina, y soy incapaz de recordar lo que sucedió en el segundo tomo o lo que acabo de leer en el tercero. Nulo interés el que me despiertan aquellos que, al principio, me hicieron sonreír con esperanza. Las viñetas de una brillantez consistente dispensadas por una intermitente Babs Tarr van siendo eclipsadas por artistas del montón incapaces de aportarme demasiado o, en ocasiones, directamente nada. Es cierto que puedo no ser el público objetivo, pero creo que hay una calidad subyacente a cualquier producto que lo hace disfrutable sin importar el segmento de edad al que pertenezcas. Lo bueno es bueno sin importar la edad que tengas. De lo malo podemos decir exactamente lo mismo.

BATGIRLHace poco comentábamos en un  foro común la norma no escrita que dice que, en la mayoría de las ocasiones, reseñas aquello que te ha gustado. Bajo la premisa de que no hay que perder el tiempo en lo que te no te acaba de convencer cuando hay tantas cosas recomendables sobre las que escribir, tratábamos de esquivar la desagradable tarea de criticar algo que te ha parecido muy por debajo del estándar medio de calidad. En este caso, rompo esa imaginaria regla de cortesía para remarcar la desilusión provocada por un proyecto que al inicio me sorprendió muy gratamente y ha acabado por aburrirme de la forma más soberana. Un ejemplo de lo fácil que es acomodarse y dejarse llevar por un inicio prometedor, y la complicada labor de aquello genios que, obra tras obra, consiguen atraparte en las redes de su arte.

Lo siento por Batgirl. Lo digo de verdad. Creo que en ella hay (o había) creadores de talento capaces de hacer mucho más y, como en demasiadas ocasiones, todos los posibles y las buenas intenciones han sido dilapidadas por las fechas de entrega y la necesidad de ir sacando números al mercado. Una circunstancia que invita a reflexionar sobre la conveniencia de series sin final o la idoneidad de invitar a una horda de clones y dibujantes de relleno a que cumplan con los plazos a cualquier precio. No todo vale cuando el resultado escupe páginas dignas del museo de los horrores.

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Acerca de Javier Marquina 218 Articles

Nací, crecí, vomité ácido blanco y lechoso sobre un donut y me lo comí.

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