Batman: El Guante Negro. Morrison, Batman y el LSD

A Morrison no le hace falta más droga. Su cerebro supura LSD y lo vierte sobre el papel. Bienvenidos a la revisión del héroe más popular de DC Comics. (Chúpate esa Superman)

Por Javi Jiménez.

Celebrada por muchos, odiada por otros tantos, la larga etapa de Grant Morrison a las manos del cruzado de la capa de Gotham City ha sido un soplo de aire fresco a una colección casi centenaria, incluso, si me apuráis,  al cómic mainstream de superhéroes en general. Finalizada recientemente con Batman Incorporated, la historia se remonta hasta este tomo Batman y El Guante Negro, publicada originalmente nada menos que en julio de 2004 (¡hace diez años!) que ahora ECC Ediciones recupera en tomo en rústica bien majo, tras publicar el prólogo de Batman e Hijo, a la que probablemente deberiáis acudir si no la habéis leído.

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Portada del susodicho tomo molón

Sin querer hablar de la etapa en general, pues seguro que muchos insensatos todavía no se la han leído,  intentaremos que en esta reseña,  este tomo luzca por méritos propios, cosa no demasiado complicada, ya os adelanto.

El Club Internacional de Héroes (aka Batmen of All Nations, aka el Club de los Imitadores Cutres de Batman) vuelve a reunirse tras aquella media hora de fama que tuvo en los 50. EL multimillonario John Mayhew les ha convocado a su isla privada para un misterioso reencuentro. Aunque Batman jamás se tomó muy en serio el Club, iniciado por un millonario aburrido con ganas de tener su propia Liga de la Justicia, esta vez se dirije hacía allí acompañado de Robin. Cuando llegue a la isla, descubrirá que la reunión ha sido arruinada por un molesto asesinato. Ha llegado el momento de detectorear como nunca se ha detectoreado en la vida, o puede que el Legionario, Wingman, El Caballero , Jefe Murciélago, El Gaucho, El Mosquetero y El Guarda acaben junto con Batman y sus sidekicks en una bonita caja de pino.

Ya desde la sinopsis podemos ver el reciclaje de conceptos de Edad de Plata y de Oro de los cómics de superhéroes. Sin ir más lejos, el Club Internacional de Héroes, debutó como Batmen of All Nations en el número 215 de Detective Comics, publicado en enero de 1955. Es interesante ver como Morrison coge un concepto tan inocente, tan completamente cutre e hijo de su época como este club y le da la vuelta, convirtiéndolo en un reflejo de todos los posibles Batman que Bruce Wayne no ha sido, pero podría.

La búsqueda de la identidad de Batman, quién es y quién podría haber sido es una constante en este tomo. Morrison le enfrenta con retorcidas versiones de sí mismo, encontrando la propia voz del personaje en el encuentro. Batman es un personaje en apariencia sencillo pero psicológicamente terriblemente complejo. Personalmente me gusta como Morrison le da voz, como lo convierte en el Detective definitivo, con recursos para cualquier situación, frío, casi despiadado y psicológicamente inestable.

Cuando Morrison está a los mandos, la locura va a estar presente. El tomo recoge dos arcos argumentales diferentes (La isla de Mister Mayhew y Joe Chill en el Infierno), pero con un motivo similar, en ambos una misteriosa organización llamada El Guante Negro juega con el Detective enseñándole que no puede preveer todo. Le enfrentan con las versiones retorcidas de sí mismo, llevando a Batman a un estado de duda, cayendo incluso en las alucinaciones y diversos juegos mentales (entre ellos un pequeño hombre murciélago que representa a su consciencia). Morrison nos muestra a un personaje con claroscuros, que es capaz de encerrarse durante diez días en una cámara de aislamiento para poder alucinar y ver como es la mente del Joker por dentro.

Williams III siendo él mismo

El señor Grant Morrison, tiene una mala suerte casi legendaria con sus dibujantes, a excepción del bueno de Frank Quitely que siempre está por ahí para echarle un cable, cuando le asignan dibujantes le suele tocar bailar con la más fea. Afortunadamente el primer arco del cómic está dibujado por el inconfundible J.H Williams III, un dibujante de lujo, rápidamente reconocido por esa forma creativa de disponer los paneles y narrar historias y su impecable trazo. Sin embargo a Morrison se le fue la suerte en el segundo, que cuenta con el dibujo de Tony S. Daniel. El choque entre ambos dibujantes se hace patente, a pesar de todo, el dibujo de Daniel se hace soportable, no como en ciertos otros números de cierto Detective Comics más recientes.

A pesar de ser una parte de una gran (pero GRAN) historia, este tomo funciona perfectamente cómo volumen único, la justa medida entre lisergia y comedimiento, probablemente uno de los mejores arcos de la historia de Grant Morrison a los mandos del personaje. No es la más emblemática, pero si posiblemente la más compensada y redonda. Si no habéis leído el Batman de Morrison, deberiáis empezar. Si, lo leistéis nunca está de mal releer, que la cosa hace tiempo que acabó y hay que refrescar la memoria. En todo caso, es un buen cómic con el que vestir vuestras estanterías.

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Acerca de Javier Jimenez 179 Articles
Consumidor experto, reseñador amateur. Me gusta la música fuerte, la ciencia ficción, las series animadas y así os lo hago saber.

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