BATTLING BOY. Pero… ¿los superhéroes no habían muerto?

BIF. BAM. BUM. Tortas. Acción. Iniciación. Misterio. Camisetas molonas que podrías comprar en Qwertee y que te dan poderes. Mi papá es Thor. Mi papá es Doc Savage. Hola. Somos una nueva generación de héroes. Y vamos a comernos el mundo.

Por Javier Marquina.

Hace poco escribía acerca de la defunción de los superhéroes como género, cuando lo que quería decir es que en general, los cómics de superhéroes que consumimos a diario, las series mensuales de las dos grande editoriales americanas son, en la mayoría de los casos, malas de solemnidad.

Ante esta afirmación poco concretada, se generó una pequeña ola de opiniones que fueron desde el siempre enriquecedor: “este tío es un gilipollas de mierda”, hasta teorías muy bien argumentadas acerca de la pervivencia del icono como arquetipo, como figura intrínsecamente adherida al imaginario popular. Como he dicho al principio, al matar al superhéroe en un titular, lo único que quería hacer era llamar la atención acerca de la baja calidad de una gran cantidad de colecciones que inundan el mercado, y no atacar los fundamentos teológicos de un género que he amado, amo y amaré mientras viva. La verdad es que después de discutir este tema en foros, en redes sociales y con amigos de carne y hueso que huelen a tebeo, llegamos a la conclusión de que lo importante, como en casi todas las artes, es contar una buena historia y hacerlo bien. Algo bueno es intrínsecamente bueno, hable del Oeste Americano, de la pesca del salmón en Yemen o de cirugía para micropenes. Lo de menos es el género, porque sin historia y sin talento, no hay nada.

Digo esto porque después de matar al superhéroe, voy a resucitarlo para tratar de demostrar que no estoy en contra (y nunca lo he estado) de un género en particular y lo único de lo que me quejo es de la ínfima calidad y del mercantilismo vil al que nos están sometiendo a nosotros, que durante tantos años les hemos entregado nuestro sudor, nuestra sangre y nuestras lágrimas. Y voy a resucitar al superhéroe hablando muy brevemente del Battling Boy de Paul Pope.

Cuando escribes muchas reseñas, al final, lo que te queda claro es que las bases sobre las que argumentar tu crítica se reducen hasta la mínima expresión, y todo es más bien un  “oye, cómo me ha molado esto” o “menuda puta mierda”. Después, claro, si lo que quieres es ver análisis sesudos donde los entramados de la obra son destripados para iluminar a los que no tenemos casi luces, hay blogs de gente con criterio y que sabe de lo que se habla para poder descubrir porque te gusta tanto eso que te gusta. Yo al final, baso mi criterio en  esa estupidez tan grande que resume mi filosofía de vida: “yo de vinos no entiendo, pero sé lo que me gusta y lo que no”. Pues con el cómic lo mismo. Y Battling Boy me gusta.

Y me gusta porque recupera, porque destila, porque devuelve esa esencia mágica que nunca debió perderse. Ese momento de niñez, de iniciación. Ese sentido de que todo puede ocurrir. Ese maravilloso instante en el que te das cuenta de que te estás divirtiendo. La proeza del continuará. Paul Pope es un autor con talento, personal, inconfundible. Alguien capaz de meter en la coctelera conceptos en apariencia tan distantes como el cómic europeo, los superhéores y el acné adolescente y lograr un producto que brilla con la fuerza de la originalidad, que se mueve con ritmo frenético y te deja, como siempre debería ser, con ganas de saber más. La creación de un nuevo universo lleno de posibildades, lleno también de conceptos ya usados mil veces; de héroes que ya hemos visto, pero que nunca hemos visto así; de historias que van por esa senda tantas veces recorrida, pero que siempre nos hace sonreir cuando la recorremos de la mano de un guía que sabe de lo que habla. Un cómic que demuestra que lo que se agota no es la idea, sino los idealistas que las manejan. Que el culpable no es la pistola, que sólo se dedica a ser pistola, sino el que la empuña para matar a Lennon.

Battling Boy es un cómic excelente en un  formato algo raro, y es que yo prefiero el tamaño estandar del comic-book al que tan acostumbradas están mis manos. Battling Boy es un cómic de aventuras y acción delicioso y divertido, entrañable, emocionante y algo trágico. Battling Boy es el ejemplo de que las cosas no mueren, ni aún cuando no paramos de intentar matarlas y que, al final, el talento es como un desfibrilador que lo devuelve todo a la vida y deja en nuestras retinas un breve pero intenso rato verde de esperanza.

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Nací, crecí, vomité ácido blanco y lechoso sobre un donut y me lo comí.

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