Before Watchmen y la importancia suprema del orden.

Todas las cosas tienen su principio y su final. Unas van antes que otras. Todo tiene su lógica, su propósito y su sentido pero… ¿Puede esta lógica verse subvertida por el orden en el que degustamos estas cosas?

Por Javier Marquina

El orden es importante. Eso y las primeras impresiones. Si hablamos de medios en los que la preponderancia de lo visual es básica, la importancia de la primera sensación se multiplica hasta convertirse en algo trascendente y capital. Esa primera marca queda grabada de forma casi indeleble en la memoria, y condiciona de manera decisiva la percepción de productos similares que en lo sucesivo el ‘freak /fan/ gafapasta/ lector/ casual/ loquesea’ de turno se dedicará a consumir a posteriori.

Pondré dos ejemplos cinéfilos sacados de la experiencia y de múltiples charlas sobre contracultura y frikerío con enfermos como yo para ilustrar mi punto de vista:

1.- Snatch/Lock & Stock. Curiosamente, y a pesar de que Lock & Stock es posterior, la tendencia generalizada es ver primero Snatch. Cuando, ya lleno de cerdos y diamantes, el espectador que ha quedado profundamente epatado tanto por la estructura, la estética y la dirección de la película, busca más material de Guy Ritchie, llega de forma inevitable a encontrarse con la que es su primera película, la cual, después de ser vista con detenimiento por el nuevo fan ansioso, parece menos original, menos sorprendente e inferior. No hace falta decir que esto en ningún caso es así y que esa sensación de repetición y de falta de frescura debería ser sentida al ver Snatch que, aunque divertida y en muchos momentos brillante, no deja de ser una reconstrucción de la anterior. Sin embargo, la primera impresión, la sensación poderosa de estar ante algo diferente, deja una profunda huella que el criterio no puede borrar y en este caso, el orden de los factores altera claramente el producto, dejando que el original parezca copia y viceversa.

2.- Iron Man / Iron Man 2. La verdad es que sólo pude mostrar sorpresa al ser consciente de esta revelación. Considero que Iron Man es la mejor película de superhéroes (digamos que el Batman de Nolan es… otra cosa) hecha hasta ahora, por encima de Los Vengadores en un sentido estructural estricto. Los Vengadores es una orgía inigualable, pero Iron Man es una película redonda y, sobre todo, es la película que originó los acontecimientos que ocasionaron que los fans llegáramos a disfrutar como niños de teta de ese espectáculo total que es la película de Joss Whedon. Queda claro que tengo a la película de John Favreau en un auténtico altar. Sin embargo, es curioso que para aquellos que empezaron a visionar todas las películas que componen lo que ahora conocemos como “The Road to Avengers” en sentido inverso, es decir, empezando por Los Vengadores y descendiendo en sentido cronológico (sí, sé que parece imposible, pero esa gente existe) Iron Man es algo diferente. La ven como una película más gris, más anodina, menos emocionante e innovadora de lo que en realidad es, despojada de ese factor fundamental que es la novedad y la primera impresión. De hecho, he llegado a escuchar que Iron Man 2 gusta más porque es más colorida, mas fresca, mas espectacular en algunos momentos. Que quieren que les diga, Tony Stark en Mónaco tiene la culpa. En el fondo, creo que lo entiendo.

Es evidente viendo estos dos ejemplos prácticos que metidos en la caverna, la posición del foco que genera las sombras se antoja entonces no sólo importante, sino determinante. El lugar en el que nos colocamos para apreciar la realidad modifica por completo nuestra percepción de ella. No es lo mismo llegar a Los 4 Fantásticos de Byrne leyendo primero los de Hickman, ni el concepto de Patrulla-X puede ser igual si lees a Morrison antes que a Claremont.

Estas son las cosas que me vienen a la cabeza después de leer Before Watchmen. Bueno, no exactamente. Para ser precisos debo decir que ha sido lo que me ha venido a la cabeza después de leer tres de las miniseries menores (al menos en su extensión) de este evento de DC Comics a mayor cabreo del barbudo de Northampton: Silk Spectre, Moloch y Nite Owl. Ha sido el azar el que ha querido que sean estas tres series las primeras en ser revisadas, ya que han sido también las tres primeras en acabar en los Estados Unidos y en este caso, he preferido esperar a que estuvieran finalizadas para poder leer del tirón cada una de las historias y así llevarme una impresión más global de ellas. Me queda por leer el resto de las colecciones (Rorschach, Doctor Manhattan, El Comediante), y entre ellas, aquella en la que más esperanzas he puesto: los Minutemen de Darwin Cooke. Considero a Cooke un autor de enorme talento y con verdaderas posibilidades de hacer algo interesante, aunque la verdad es que en sus labores como guionista de Silk Spectre no se luce demasiado. Desconozco la parte de culpa que la dibujante de la serie, la genial Amanda Conner, tendrá en semejante medianía, pero desde luego como antecedente, me deja con el cuerpo bastante descompuesto. (Hablaré de todo esto en una futura entrada que reseñe los seis números de Minutemen, ya que la seríe considerada “buque insignia” de esta denostada campaña-precuela merece un análisis especial y diferenciado).

Pero vamos a lo importante. Vamos a hablar de sensaciones. De orden. De primeras impresiones.

Cuando se anunció este evento, todos los que consideramos Watchmen como una de las obras capitales del noveno arte sentimos un escalofrío inevitable. El mismo que un fanático religioso siente cuando un hereje profana su templo. Indignación, cabreo, estafa, llámenlo ustedes como quieran. Muchos vaticinamos que las colecciones serían una auténtica mierda, antes siquiera de saber quienes iban a ser los autores encargados de realizarlas. Muchos, cegados por la grandeza de los vigilantes, nos negamos a concederle a este nueva hornada siquiera una oportunidad.

A pesar de que el peso de la obra maestra sería de por sí suficiente como para desbaratar cualquier intento de continuarla o antecederla, la verdad es que para mí existen razones de peso mucho más importantes que la profanación o la blasfemia que desautorizan este producto llamado Before Watchmen y sobre todas ellas una, la principal. A saber: no hacía falta contar nada más sobre el Universo que Moore creó para construir su obra, porque ya no quedaba nada más que contar. Un edificio como Watchmen, planeado obsesivamente hasta en sus tornillos más pequeños, no deja nada al azar. No deja cabos sueltos. No deja historias por narrar. Su estructura es tan compacta, tan definitiva, que los intentos de hablar de los personajes con los que todos alucinamos durante esos gloriosos 12 números primero, y después en sucesivas reediciones y formatos, se quedan en eso, en intentos, en voces con demasiado eco que no recuerdan para nada a Rorschach, a Ozymandias o al Búho nocturno, por poner un ejemplo.

Tengo que reconocer que al menos DC lo ha intentado y ha puesto a cargo de cada una de las colecciones a autores de primera línea, a auténticos fenómenos en lo suyo. Guionistas de talento y dibujantes geniales, a tipos que suelen ser espectaculares en lo que hacen. No hace falta más que leer los créditos para comprobarlo. Sin embargo, la sensación que me dejan estas tres primeras series es que son autores con la misión de producir algo único y sensacional, pero haciendo al final algo anodino y sin chispa al compararlo con el original. Historias bastante mediocres interpretadas por personajes que no son lo que deberían ser. Tramas planas enlazadas de manera tangente con su madre conceptual, poniendo el foco en detalles menores que nadie necesitaba desvelar. A veces incluso, al explicar demasiado, se rompe la magia que muchas veces sugerían fotos y artículos en el original. Buenos dibujos, pero nada espectacular. Nada innovador. Nada que no hayamos visto antes. Nada que nos deje con la boca abierta y esa sensación de arqueólogo que se asoma por primera vez a la tumba de un faraón no profanada. Una vez mas el orden se impone y condiciona cualquier tipo de decisión posterior. En este caso, la sensación con la que uno acaba al leer estos cómics es: ¿y de verdad hacía falta? Porque yo no le veo objeto a esta maniobra editorial más allá del beneficio puro y duro. DC intentándolo a la desesperada, poniendo toda la carne en el asador y, una vez más, fracasando.

Desconozco si algún aficionado llegará a Watchmen después de leer Before Watchmen, pero si alguien recorre este camino a la inversa, estaría encantado de hablar con él y saber su opinión. Quizás así descubramos si una obra maestra de composición tan precisa deja lugar a las primeras impresiones o borra con su luz, cualquier intento previo de usurparla.

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