BERSERK. El regreso del clásico maldito.

Vuelve el manga mítico, con una de las historias editoriales más azarosas que se conocen. Tan maldito como el personaje protagonista, cada reedición en España es una posible ventana al apocalipsis empresarial.

Por Javier Marquina.

 

Una cosa hay que reconocerle a la gente de Panini: tienen un par de cojones.

Lanzarse a publicar una colección como Berserk en nuestro país es una mezcla de gallardía descerebrada y osadía responsable; una actitud bizarra que te puede llevar a la tumba. Es como agarrar un cable de alta tensión con las manos desnudas. Lo normal es acabar carbonizado, pero una de cada diez billones puedes acabar convertido en Electro. El de Ditko, eso sí. Porque para parecerte al de la película es mejor acabar ardiendo como una tea.

Me cuesta mucho entender las razones por las que la obra de Kentaro Miura se ha convertido en una especie de isótopo radioactivo que infecta de manera mortal a las editoriales que osan publicarla. No debería ser así. Berserk tiene de todo. Acción, sexo, violencia desmesurada, gore, personajes para el recuerdo, tensión, drama, una galería de villanos que harían que El Bosco se sintiera orgulloso y una evolución gráfica realmente inacabable. Es cierto que después de casi 30 años de publicación errática, tortuosa, intermitente y desesperante, es lo mínimo que deberíamos exigirle al autor, pero es que, tomo tras tomo, las andanzas de Guts, el macarra tuerto y manco con la espada más jodidamente grande jamás blandida en el universo, se han consolidado como uno de los hitos indiscutibles del noveno arte.

BERSERK

Narrada (en apariencia) con la estructura clásica de un shonen en el que los enfrentamientos con seres cada vez más poderosos se suceden en una ordalía desquiciante, el manga de Miura se desmarca pronto de cualquier tipo de comparación clásica con un gigantesco flashback de más de diez tomos que establece las premisas de la historia y crea una mitología reconocible llena de personajes para el recuerdo. No hay respiro para el lector ni límite en la imaginación del creador, que sobre las bases de una sencilla trama de venganza, construye un viciado y recalcitrante viaje del héroe en el que no hay barrera que no se deba romper.

Violento, inmisericorde, abrumador en su despliegue sórdido y gráfico, el manejo del tempo y de las situaciones climáticas que se suceden sin descanso son un garfio que te atrapa cual atribulada trucha inocente. Miura es un genio del dibujo, un superdotado de las tintas y las tramas capaz de ilustrar acumulando trazos, prescindiendo de una línea que defina el contorno. Primero nos deslumbra con esta técnica que genera una eficaz mancha cinética y, en la siguiente página, sin despeinarse siquiera, se marca un paisaje con un grado de detalle superlativo que recuerda a los grabados de maestros como Doré.

A todas luces, nada puede ir mal cuando publicas una obra maestra. Debería ser infalible. Hay desmembramientos, monstruos dignos de un lirismo de frenopático, arte supurando en la sangría de cada hoja, tetas e iconos cuyos pósteres podrían decorar cualquier habitación. ¿Entonces? ¿Qué es lo que siempre lo manda todo al carajo?

Planeta De Agostini apenas publicó 10 de aquellos tomos heredados del formato de Vid Comics que contenían el material de los dos primeros volúmenes de la edición original japonesa antes de desistir. Corría el año 1996 y con la salida de Gatsu, el Guerrero Negro (que así se llamo la edición de Planeta) comenzó uno de los primeros, numerosos y nunca consumados declives del manga en España. MangaLine tomó el testigo y, en su temeraria inocencia, inició la verdadera maldición. Después de editar 30 tomos de forma errática entre 2001 y 2007, la editorial cayó en el abismo de la quiebra víctima de sus propias inconsistencias. La caza de esos 30 números en eBay se convirtió casi en una obsesión para los coleccionistas, movidos por esa mezcla de incertidumbre y aura oscura que empezaba a envolver a este clásico condenado. Cuatro años después, Glenat España anunciaba que retomaba la publicación de Berserk en el tomo 31 y reeditaba todo el material anterior, y yo reconozco que respiré aliviado. Pero, claro, solo porque soy idiota. Mi confianza en que una editorial de las dimensiones internacionales de Glenat nunca podría caer ante los mefistofélicos efluvios que las páginas de Miura destilaban se vieron totalmente desbaratadas cuando, en una maniobra de fanfarronería digna de pelea etílica en bareto infame, Glenat España cambiaba su nombre al de EDT con la confianza de que nada iba a ser diferente. La inocencia, el candor y el completo desconocimiento de las mecánicas empresariales japonesas sentenció a la recién nacida EDT a un calvario lento pero inexorable que la llevó a perder sus franquicias estrella y, a la larga, a la bancarrota. 36 tomos después, Berserk se había cobrado otra nueva víctima.

Editoriales a mí…

Se acaba de anunciar que Panini se lanza al ruedo en junio, utilizando la recurrente maniobra de empalmar con lo anterior manteniendo el estándar conocido y, a la vez, volver a comenzar desde el principio con una reedición, en esta ocasión en gran formato. Espero que en la redacción de la filial española del gigante italiano hayan realizado los exorcismos y conjuros necesarios. Del vudú a la santería, ningún ejercicio de limpieza kármica es demasiado poderoso cuando hablamos de una colección capaz de dilapidar en meses el patrimonio de cualquier editor ordenado. Somos muchos los que pensamos que si esta vez Guts consigue tumbar a Panini, su caso debería ser llevado con urgencia a las vitrinas de Cuarto Milenio. Semejante poder de destrucción económica lo colocaría a la altura de libros arcanos como el Necronomicón o La Riqueza de las Naciones, y su lectura pasaría a ser recordada como una espiral destructiva de activos digna de hundimientos bursátiles y explosiones de burbujas inmobiliarias.

Yo confío y deseo que, esta vez, el anatema se rompa. La solidez y dimensiones de Panini parecen indicar que, aunque sea a base de cromos de futbolistas estratosféricos e inanes, podrá resistir la demoníaca embestida de tan arriesgada odisea. Y que conste que mis anhelos no se ven provocados por la necesidad de consumir material no publicado en nuestro país. Fiel a sus principios, el maestro Miura continúa con su ritmo de producción imposible, y aunque han pasado más de cuatro años desde que EDT editara el último tomo en España (el citado 36), solo hay dos ejemplares inéditos esperando en la nevera. Tal y como he dicho, y mirando con ojos cándidos a mi faceta divulgadora, me alegra que alguien retome este mítica colección y la haga disponible a todos aquellos que por diversas razones no pudieron acercarse en su momento a este monumento excepcional a la creatividad humana.

Nunca es tarde si la dicha es buena.

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