Bethesda: Creando mundos para los jugadores.

Hay un momento en el que los juegos son algo más, dentro y fuera de la pantalla. Bethesda pone su sello a algunos de esos títulos imprescindibles.

Por Chema Mansilla.

Una vez soñé con hombres-lobo zombies. Estar en mi cabeza es así. Y en lugar de preocuparme y consultar a un especialista, decidí que era una idea estupenda y que me había gustado. Tiempo más tarde, mientras jugaba  Skyrim, ese juego que no es un juego, es un modo de vida, mi personaje se convirtió en vampiro. Cosas que pasan. Y pensé que sería guay que pudiera haber mezclas como en mi sueño, un guerrero de una raza de reptiloides vampiro. Por ejemplo. Algo parecido a un diálogo de episodio emitido de Big Bang Theory en el que los protagonistas (¿o los guionistas?) se preguntan qué pasa si a un vampiro le muerde un zombie. O al revés. En fin, ese tipo de charlas entres frikis que suelen comenzar con la segunda caña y durar horas.
Hace apenas unos días, Bethesda lanzó éste impresionante video promocional de su próximo juego, Elder Scrolls On Line.

Ahí están: hombres-lobo zombies. Otra persona había pensado en ello, y desconozco si está bajo tratamiento psiquiátrico tras buscar ayuda, pero en algún momento pensó que era una idea lo suficientemente buena como para hacer trabajar en ella a la gente necesaria como para incluir ese concepto en un juego.
¿Y qué puedes esperar de una compañía que aprovecha ese tipo de ideas para desarrollar juegos cuya premisa principal es que el jugador es el protagonista de su propia historia, no de la historia del juego, y que éste dura tanto como el jugador quiera dedicarle.

Soy un «bethesder». Eso es, fan de Bethesda y de sus títulos. Hay quien es del Real Madrid, cada cual con sus vicios (además soy Whovian, Warie, Marvelita y Browncoat). No creo que no sean cosas compatibles y sigo sin buscar esa ayuda. El caso es que cada año salen al mercado un montón de juegos. No todos son buenos, pero algunos son excepcionales. Sí, me encantan esos de acción bélica en primera persona que todos pensáis. Pero mis preferidos son los sand-box, esos en los que tu personaje tiene a su disposición todo un mundo virtual y que en cualquier momento puede dedicarse a explorarlo, dejando a un lado la historia principal del juego. Simplemente, dedicarse a descubrir nuevos parajes, y sí, tal vez meterse en alguna pelea épica. Los hay que te permiten robar un coche y hacer el cabra por toda la ciudad. Me encantan, son muy divertidos, y seguramente no siento que esa ayuda psiquiátrica de la que tanto os hablo sea necesaria porque todo aquello de malo o peligroso que pueda haber en mi interior (que tampoco puede ser mucho) es exteriorizado y canalizado mediante esos juegos. Después de un mal día de cruda realidad, nada mejor que una buena partida delante de la tele.

Llevo jugando con consolas desde la Atari 2600, y desde entonces llevo esperando un tipo de juego que me permitiera tener total libertad para crearme un personaje y hacer lo que quisiera en los más dispares escenarios. Esos juegos ya están aquí y Bethesda (junto a Rockstar) son especialistas en crear y compartir esos mundos.

Soy un gran fan de la fantasía épica, desde Robert E. Howard a David Gremmel. Así que no os puedo describir la sensación que supuso para mí el golpear con mi hacha la cabeza de un dragón hasta la muerte. Seguro que Freud tendría mucho que decir sobre ello, pero el caso es que es divertido y épico. Se me puso la piel de gallina bajo la cota de malla. Skyrim, más que ningún otro juego de fantasía que yo recuerde, me permitió hacerme un personaje a medida. Me invitó a participar es una historia llena de intrigas políticas y profecías místicas, y puso a mi disposición un mundo enorme, lleno de cuevas repletas de peligros y tesoros, enemigos increíbles y todo tipo de experiencias. También hermosos atardeceres desde la cima de montañas heladas. Cuando tienes eso, bajar a por el pan, o viajar en metro sabe a poco.
No es de extrañar que Skyrim no sólo fuera el mejor juego de 2011, si no también uno de los juegos más queridos de la historia

Pero que si tu rollo no es la fantasía épica, la espadas encantadas y las flechas en la rodilla, no pasa nada. Bethesda te invita a probar el futuro apocalíptico, que sabe un poco metal oxidado y huele a ropa de señor mayor. Pero que es sensacional. Un pueblo asentado sobre una bomba atómica que no ha detonado, un robot de seguridad que se cree un personaje de westerm, todo tipo de guerreros de la carretera al puro estilo Mad Max, paladines de la justicia con armaduras y cañones de plasma. Y mutantes. Porque un futuro apocalíptico sin algo de mutación ni es futuro, ni es apocalíptico, ni es nada de nada. El caso es que esa misma fórmula de total libertad de la que antes hablamos se aplica a dos grande títulos de ciencia-ficción distópica. El primero, Fallout, saga de la que las dos última entregas acumulan una legión de fans incontestables. Tengo que decir que el brillo en la mirada de mi novia al ver el pack de camisetas Fallout que le trajeron los reyes, bien vale patearse el páramo desolado del futuro y sortear mis peligros (mutantes o no) por conseguirlas.

El otro título es Rage. Básicamente es lo mismo que Fallout, pero con un extra de locura y acción. Además, como guinda, uno puede conducir buggies armados hasta los dientes de un lado a otro del desierto. Cierto es que este título sacrifica un poco de libertad en lo que se refiere a explorar territorios, pero cuando te enfrentas al un bicho del tamaño de un edificio en una ciudad abandonada y atestada de mutantes, se te quitan las ganas de explorar en busca de más emociones.

Bethesda, como «dealer» carismático de experiencias que es, sabe lo que te gusta. Por eso, a pesar de que no saca demasiados títulos al año, cada lanzamiento es un éxito. El pasado años 2012 hizo una jugada arriesgada: un juego que no pertenece a ninguna saga, claramente inspirado en Bioshock, y con una estética alejada del fotorealismo que parece imperar hoy. Da igual lo arriesgada que fuera la apuesta: Dishonored lo petó.
En esta ocasión el punto fuerte del juego no es tanto la libertad de exploración y la vivencia del jugador, como la experiencia de juego como reto. En lugar de dedicarnos a dar largos paseos mirando el paisaje, Dishonored te propone que elijas qué tipo de estrategia vas a emplear para conseguir tus objetivos. ¿Vas a ir a saco con todo y a ver quién te para los pies, o prefieres tratar de encontrar una cornisa desde las que descolgarte y asestar un silencioso golpe letal desde la sombra? La experiencia para el jugador está ahí, aunque sea distinta.

En cualquier caso, visto con perspectiva, el mayor valor de Bethesda, y sus juegos, no es la libertad. No. Tras conseguir desengancharme de Skyrim con gran esfuerzo, y visto desde las distancia, el secreto de los juegos de Bethesda es la perdurabilidad. Es como si hubieran dado con la clave de EL JUEGO ETERNO. Porque puedes terminar la historias propuesta por los programadores del juego, y tu personaje y esos mundos virtuales seguirán ahí, repletos de aventuras aleatorias en las que tendrás que defender a alguien, o ser atacado por alguna criatura. Pero por si acaso, Bethesda también lanza con regularidad expansiones para sus juegos en formato DLC, para aquellos aventureros insaciables. Fallout 3 y Fallout New Vegas ya disfrutaron de varias de estas expansiones en su momentos. Incluso Rage, que si bien no ha alcanzado los niveles de fama de otros títulos de la casa, tiene uno todavía calentito dedicado con cariño para a todos aquellos jóvenes traviesos amantes de los lanzallamas.

Incluso un título tan reciente como Dishonored cuenta con un nuevo DLC, Dunwall City Trials. Si bien en esta ocasión no aumenta las posibilidades de exploración ni añade una nueva historia, sí que suma un elemento competitivo al juego de esos que engancha y que producen piques entre jugadores de los que son recordados durante años. ¿Quién es el más hábil, el más rápido, el más letal?, ¿Quién es el mejor jugador de Dishonored? La respuesta en este DLC.

Pero personalmente mis preferidos son los DLC de Skyrim. Razas perdidas, territorios de leyenda, enemigos legen -espera- darios y… Cabalgar dragones.

Cómo decía al principio, me gusta Bethesda: son gente que hacen de los sueños algo virtual.

Sigue a Chema Mansilla en Twitter: @ChemaMansilla

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