Big Mouth: Qué duro es crecer.

Cuando creías que ya habías superado la fase de comedia de instituto va Big Mouth y te da una lección de humildad.

Por Javi Jiménez.

Lo admito. Siento debilidad por la animación “para adultos”. Empecé con Los Simpson, disfruté de la pubertad con Padre de Familia, alcance la sofisticación con Futurama y la sublimé recientemente con Bojack Horseman. Qué demonios si incluso me tragaba American Dad y The Cleveland Show. Cuando Netflix saca algo de este estilo acabo cayendo ya sean producciones propias como F is for Family o importadas como Archer. Cuando el tráiler de Big Mouth apareció después de terminar alguna cosa que estuviera viendo no me llamó especialmente la atención, aunque recuerdo dejarlo entero. A mi parecer,  olía demasiado a productos como American Pie, esa comedia americana que Seth Rogen ha heredado y suele representar en la actualidd. Chistes de tetas, culos, drogas,  juventud y situaciones embarazosas de instituto. El chiste fácil y la ordinariez que solamente pueden arraigar en mentes preadolescentes o altamente dañadas por el consumo de sustancias.

El Monstruo de las Hormonas (Hormone Monster) es el mejor concepto que he visto en mi vida.

Sin embargo aquí estaba yo este fin de semana dándole al play a Big Mouth. Los primeros episodios parecieron confirmar mis sospechas: la típica serie sobre adolescentes salidos que una vez abandonas la pubertad, una de dos, te dan una vergüenza ajena terrible o las encuentras tremendamente degradantes. Porque por supuesto los protagonistas son varones blancos estadounidenses heterosexuales de clase media… Pero algo te hace dudar, al principio no estás demasiado seguro de saber el qué .Un chiste te entra muy bien, de repente se sacan de la manga un concepto tan genial como el Hormone Monster, empiezan las referencias a la cultura pop, sale Nathan Fillion y empiezan a romper la cuarta pared. A la que te pones a pensar comienzas a ver el doble juego entre ese cóctel de hormonas y de las personas en formación que son los protagonistas, esa mezcla de chistes soez y drama personal.  Y de repente te acabas devorando los 10 episodios de media hora de la primera temporada de Big Mouth en un par de días.

Esto no puede acabar bien.

Big Mouth es muy autoconsciente y  es capaz de hacer un producto de estas características, con todas sus chorradas ordinarias y chistes fáciles sobre sexo sucio, pero emplazado en 2017. La adolescencia no es un proceso extraño que ocurre exclusivamente a los hombres a pesar de que en Hollywood nos quieran hacer crecer que sí y su aportación a la adolescencia del género femenino sea dictaminar que las chicas ya son suficientemente mayores para despertar el deseo sexual de sus coetáneos. A una serie en 2017 no se le debería consentir eso por mucha comedia de trazo grueso que sea.  En Big Mouth tenemos a nuestras protagonistas femeninas que nos exponen sus propios problemas desde su propia perspectiva y sin tapujos. Por supuesto con toda la chanza que se puede esperar de una serie así. De esta manera se altenan las protagonistas femeninas con los masculinos alternando puntos de vista muchas veces sobre un mismo hecho. Obviamente no es ningún manual teórico pero da gusto ver como personajes de ambos sexos se ponen de acuerdo para hablar en los mismos términos de consentimiento sexual (por ejemplo).

Tu tampoco te libras del Monstruo de las Hormonas.

Probablemente no sea una serie para todos los paladares, en ocasiones puede pasarse de animal pero Big Mouth es lo suficientemente gamberra e inteligente para que no sea simplemente un contenedor de chistes para prepúberes. De hecho una vez más Big Mouth da el girito hacia el drama y consigue hacerte reflexionar sobre la dureza de la adolescencia, los cambios y como cada uno tiene que aprender a encontrarse a sí mismo y como estas lecciones son todavía válidas en cualquier momento de tu vida. Con un lavado de cara actualizando la perspectiva a hoy. En cada capítulo se aborda una situación diferente, amistad, sexualidad, comportamiento social y situaciones difíciles que se mezclan con un monstruo de las hormonas al que vemos follarse a una pared.

Probablemente es lo más divertido de este estilo que podemos ver sin que nos empiece a dar un poco de vergüenza ajena. ¡Qué demonios!  También he acabado enganchado a las diferentes tramas y a los diferentes personajes y he aullado pidiendo más. Por favor Netflix, trae pronto un poquito más de Big Mouth. Es necesario.

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Consumidor experto, reseñador amateur. Me gusta la música fuerte, la ciencia ficción, las series animadas y así os lo hago saber.

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