Bioshock Infinite: De Rapture al cielo (¡Spoilers!)

Bioshock Infinite, divertido, bonito, interesante. Una de las mejores historias que hemos jugado en los últimos meses.

Por Chema Mansilla.

alertaspoilers2
A todos a los que de verdad nos gustan los videojuegos sabemos que hay títulos que son algo más. Será por su historia, será por su estética, será por las emociones que nos provocan… Están ahí, se consagran y entran a formar parte del imaginario colectivo. En 2007 Bioshock se presentó como una propuesta original en el género de los shooters que ya por entonces empezaba a estancarse (no digamos ya ahora). Su estética, alejada de la búsqueda por el híperrealismo visual del género, nos sumergía (nunca mejor dicho) en una historia de horror y ciencia ficción. Steampunk distópico como escenario para un juego de acción de una gran calidad técnica y con una interesante historia detrás. El juego fue un éxito, e inevitablemente dio lugar a una secuela que, sin ser tan sensacional e innovadora como su predecesor, fue un título realmente estupendo.

Seis años después, Bioshock hace un ejercicio de saneamiento. Cambia de escenario y de estética. Salimos de una ciudad en el fondo del mar (desde luego, en el peor lugar del mundo para cantar contenta siendo sirena) y nos alzamos a una ciudad en las nubes. Todo lo que en los primeros Bioshock eran oscuridad y goteras, en Bioschock Infinite es luz y corrientes de aire. Pero sigue siendo un Bioshock. Durante la presentación del juego en Madrid, pudimos hablar con Andrew Holmes, guionista del juego sobre esa evolución en el transfondo del título. El reto suponía hacer un nuevo juego de la saga que siguiera siendo reconocible, sin depender de la estética establecida. Un Bioshock sin Rapture. Una nueva historia que pudiera engranarse dentro del mismo universo, una trama que pudiera tocar puntualmente todo aquello que ya conocíamos. Si establecer una nueva identidad visual para la franquicia sin perder la personalidad de la saga era el reto, el mayor trabajo venía a la hora de partir de cero para crear esta historia. Y la verdad es que el trabajo del equipo ha sigo genial. Y todo un éxito.

No voy a hablaros de los gráficos ni la jugabilidad. Sólo diré que es un no de los juegos que más he disfrutado en los últimos meses, y que sin duda será uno de los grandes juegos de 2013. Voy a hablaros de lo que ha supuesto, como amante de la ciencia ficción y de las ucronías (esas historias que plantean mundos alternativos a partir de nuestra propia historia) jugar a Bioshock Infinite.

El juego nos cuenta la historia de Booked Dewitt, un veterano de guerra de dudosa moral que debe capturar a una joven, Elisabeth, en la ciudad de Columbia para saldar una deuda. Lo que Booked no sabe es que la ciudad se encuentra flotando en los cielos de 1912. Esta ciudad forma parte de un episodio muy poco conocido de la historia de Estados Unidos, y desde su aislacionismo, ha desarrollado su propia cultura. Cuando Booked llega a Columbia va encontrarse con una sociedad del bienestar basada en la esclavitud de negros, irlandeses y chinos. Donde el eje de todo es la figura patriarcal y dictatorial del Profeta, un visionario que no sólo ha creado fundado la ciudad, si no que ha creado un culto religioso sobre la figura de los padres políticos de Estados Unidos y de un mesías que habrá de purificar el mundo bajo Columbia a fuego y espada.

La rigurosidad con la que el transfondo social, económico y político de Columbia ha sido creado es magistral. Un ejemplo a seguir para el resto de desarrolladores de videojuegos. Mediante carteles, mensajes de megafonía y el testimonio personajes secundarios nos daremos cuenta de que el mundo de Bioshock Infinite está casi vivo. No es la típica trama en la que el protagonista llega un sitio y empiezan a suceder cosas. En este título, cuando el jugador llega a la ciudad, ya hay una revolución en marcha: el movimiento anarquista de Vox Populi se está alzando contra la opresión social y laboral, y el gobierno de Columbia ultima sus planes para esterilizar el mundo bajo ella con una gran guerra.

Y el jugador llega a esa ciudad con una pistola, un puñado de balas, una foto, una postal y la intención de secuestrar a una joven que resulta ser el eje de todo. Por delante, no sólo una revisión de la historia de Estados Unidos, si no un reflejo de nuestra propia sociedad. Y muchos elementos de ciencia ficción: ¿Cómo hacer que una ciudad flote, con gas? No, no, con partículas cuánticas. ¿Pero usar mecánica cuántica no abre un gran abanico de posibilidades argumentales como, por ejemplo, realidades alternativas, viajes en el tiempo y dimensiones paralelas? Pues sí, y es que ese es el secreto oculto tras el escenario de esta gran obra de teatro que es Bioshock Infinite, donde nada es lo que parece. O mejor dicho, es lo que es, pero que el jugador pensaba que era otra cosa sin que nadie le dijera en ningún momento que lo era. La mezcla tiene un poco de Fringe, de Regreso al Futuro, de El Prestigio y de las novelas de Cherie Priest.

Los acontecimientos de la historia, tantos los que propician Booked y Elisabeth, como aquellos que se desarrollan en paralelo y de manera independiente, pero que les afectan a ellos y a todos los habitantes de columbia, se derarrollan con naturalidad, pero sin dejar de ser movimientos complejos, muy bien engranados los unos con los otros. Además, y como guinda, el jugador nos es tratado como un enano intelectual y llevado de la mano, si no que se deja un espacio para que elabore sus propias teorías, para que escriba interiormente parte de la historia de los personajes. «Has vivido en la piel de Booked durante muchas horas, le conoces y conoces Columbia, ¿qué crees que está pasando realmente?», parecen decir los guionistas. Una invitación a dar una vuelta de tuerca a un género en el que normalmente la persona frente a la pantalla no es más que un espectador pasivo que simplemente ha de demostrar cierta habilidad con el movimientos de sus dedos para que una historia cerrada y preestablecida suceda ante él.

El jugador estará tan metido en el juego por la acción y emoción que supone abordar un dirigible en pleno vuelo, como por el vínculo emocional que se establece entre Booked y Elisabeth. Y esa inmersión del jugador es, como en las buenas novelas o películas, mérito de un transfondo muy trabajado para la historia: la política, la religión, la estructura social… Todo debe parecernos real, aunque lo que nos planeta no lo sea. De ahí el gran mérito de este juego, que ha conseguido una voz propia y que a la vez mantiene la personalidad de la saga a la que pertenece.

Bioschok Infinite es para todos aquellos que acompañen a Booked, una experiencia que será recordada, durante años, porque ahora también ellos forman parte de la historia de Columbia.

Sigue a Chema Mansilla en Twitter: @ChemaMansilla

Acerca de Chema Mansilla 195 Articles
¡Oh, mírame, estoy haciendo feliz a mucha gente! ¡Qué bien! ¡Soy un hombre mágico! ¡Del pais feliz! ¡De la casa de gominolas de la calle de la piruleta!

3 Trackbacks y Pingbacks

  1. Las cosas buenas hacen mucho daño. | La Isla de las Cabezas Cortadas
  2. Bioshock The Collection | La Isla de las Cabezas Cortadas
  3. Bioshock Infinite – El Noveno Arte

Leave a Reply

Tu dirección de correo no será publicada.


*