BIRDMAN: sí y no.

A veces la realidad supera a la ficción. Otras, la fina línea que las separa es inapreciable. A veces los actores se interpretan a sí mismos. Otras, te das cuenta de que un actor siempre se interpreta a sí mismo. Haga lo que haga. A veces hablar de todo es bueno. Otras, se nos antoja demasiado.

Por Javier Marquina.

Dicen que lo jodido no es llegar. Que lo jodido es mantenerse. Supongo que hay parte de verdad en ambas afirmaciones, aunque yo creo que lo que realmente te mata es haber estado allí y perderlo. O haber estado allí gracias a algo que acabas odiando con todas tus fuerzas pero que todo el mundo se empeña en recordarte. O haber estado allí y que todo ese mundo de hedonismo y lujo se te coma por los pies y te vomite dejándote hecho una piltrafa cosida a operaciones de cirugía estética y con un hígado preparado para ser untado en pequeñas tostadas de pan de pasas.

Todo el mundo ha dicho ya que Birdman es una película en la que Michael Keaton hace de Michael Keaton, un actor devorado por el éxito y la condena de haber interpretado a un célebre superhéroe en la gran pantalla que, cuando inicia el ocaso de su vida, se da cuenta de que es un mierda e intenta ponerse elevado y profundo en un teatro de Broadway para solucionarlo. Aprovechando la coyuntura, en la película se tratan todos los temas clásicos: el amor, el sentido de la vida, el triunfo y el fracaso personal, las relaciones con los hijos, las redes sociales, el arte y la crítica artística, el cine, el teatro, las drogas y los poderes mentales. Sí sí. Poderes mentales. En plan telequinesia. Y todo en unas dos horas de película. Con un par de huevos.

Como me pasa siempre con el cine de Iñárritu, todo es un sí que acaba dejando un enorme poso de no. Lo que al principio parece una de esas películas que se colocarán en tu Olimpo de favoritas, te acaba dejando ese regusto amargo que te dan todas las cosas que consiguen ser lo que son a base de engaños. Desde el único ( y muy tramposo) plano secuencia mediante el que se cuenta la película, hasta la música sincopada, pasando por los elementos fantásticos enseñados en el trailer y que apenas tienen presencia en la película… todo, hasta llegar al final, está lleno de mecanismos, de trucos, de artificios que tratan de convertir la película en una de esas obras que quedaran en el recuerdo. Iñárritu puede parecer una triste víctima de su ego infinito, pero es imposible negarle muchos momentos brillantes dentro de la película, sobre todo en una primera parte fantástica en la que un gigantesco y sublime Edward Norton también hace de sí mismo en una de esas interpretaciones prodigiosas con las que a veces nos regala. Después, a medida que el personaje de Norton se va diluyendo y los ojos de Emma Stone se van asemejando secuencia a secuencia a los del Hipnosapo, todo entra en una espiral decadente que culmina con uno de esos finales encadenados y anticlimáticos estilo El Señor de los Anillos. Exacto, uno de esos finales que te hacen desear que la película acabe 100 veces mientras te asalta la sensación de que en realidad no va a acabar nunca. Además, el final FINAL es plenamente insatisfactorio para un guión con momentos geniales que se merecía algo mucho mejor. Una razón más para recordar la película con esa sensación estomacal ya comentada de sí pero NO.

De Michael Keaton no voy a decir mucho. Le tengo ese cariño infantil de fan de Batman al que no le importó su cara de escayola interpretando a Bruce Wayne. Además, siempre le admiraré y envidiaré a partes iguales por haber experimentado en su cara un lametón de Michelle Pfeiffer. En esta película, y en mi humilde opinión, hace el papel de su vida, algo quizá no tan difícil de conseguir ya que, a todas luces, parece estar interpretando el papel de su vida. Literalmente.

Birdman tiene pinta de experimento. De película que intenta ser más grande que la vida y acaba siendo consciente de que nunca hay nada que pueda conseguir ese objetivo. Tiene pinta de ensayo estirado que intenta resolver los enigmas que atormentan al hombre, o quizá de comedia que te deja triste y ni siquiera ella misma se toma demasiado en serio. Birdman es un ejemplo del talento de sus autores, de su director, con ese punto elevado y superior que muchos, lejos de conseguir caminos parecidos, pueden tildar de pretencioso. Birdman es un ejemplo de lo lejos que uno puede llegar a base de pagarse a sí mismo, de mirarse todos los días al espejo y decirse una y otra vez, como un mantra digno de libro cochambroso de autoayuda: “Como molas, Alejandro”. Birdman es una muestra más de lo difícil que es hacer una obra redonda en un mundo achatado por los polos.

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Acerca de Javier Marquina 196 Articles
Nací, crecí, vomité ácido blanco y lechoso sobre un donut y me lo comí.

4 comentarios en BIRDMAN: sí y no.

  1. Ostias Javier, me has dejado con dudas. Aún no he visto Birdman, y no quiero acabar con la sensacion de gatillazo cinefilo, de “joder pues en el trailer pintaba mucho mejor!!”

    • Pues es un gatillazo en toda regla. De esos que parecen que van a ser el polvo de tu vida y acaban en poco más que una paja chuchurría.

  2. Hahahahahahahahahaha la madre que te trajo!! Que mas matao con lo de “paja chuchurria” hahahahahahahahahahaha bwahahahahaha q la paja hahahahahahaha es chuchu hahahahahahahaha tiooooo q me meoooooooooooo hahahahahahahahahahahahahahahahaha…

  3. Pues hoy ha salido su crítica y hoy he ido a verla. He vuelto, la he vuelto a leer y simplemente estoy de acuerdo con todo. Deja conceptos sobre la mesa para ir desechándolos uno a uno y al final quedarse con ninguno.

    Y si ese final FINAL es altamente insatisfactorio.

    Lo mejor han sido las interpretaciones, para mi gusto la historia en la segunda parte no ha llegado a cubrir la capacidad de los actores y las premisas de la primera parte.

    Vamos que un bluff. Aunque no se por qué, quiero volver a verla.

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