Birthright. Mundos fantásticos no del todo maravillosos.

Birthright es uno de los mejores estrenos de la nueva Image. ¿De verdad es tan buena?
Por Chema Mansilla

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Tal vez yo no fuera un crío normal. Seguramente no lo era, porque antes de lanzarme a la calle a correr detrás de una pelota, prefería fantasear con que acompañaba a He-Man en alguna aventura contra Skeletor, o me convertía en el nuevo copiloto de Han Solo y éramos perseguidos por cazarecompensas de un lado a otro de la galaxia. Sigo imaginando alguno de esos escenarios de vez en cuando, así que imagino que mi paso a la edad adulta tampoco ha debido ser demasiado normal. Y creo que algo parecido ha debido pasarle a Joshua Williamson, guionista de la famosa Ghosted y creador, junto con el dibujante Andrei Bressan de Birthright. Esta nueva serie de Image ha sido uno de sus mejores estrenos en ventas y críticas en su nueva tanda de títulos. La verdad es que la refundación de Image no hace más que dejar buenas sorpresas a los lectores… Y precisamente por ese motivo piqué con este nuevo título, a pesar de que no me sentía demasiado atraído por él.

Tampoco voy a decir que Birthright sea la segunda venida de Kirby, ni mucho menos, pero es un título muy sólido que hace saltar los resortes adecuados para que el lector vuelva a por más. Ya van ocho número publicados en Estados Unidos y siempre encuentro motivos para volver, lo que no es poco en el sobresaturadísimo mercado actual.
Williamson y Bressan nos cuentan la historia de un niño perdido, Mikey, que tras pasar desaparecido varios años, reaparece convertido en un enorme tipo musculoso con barba entrenado para matar de un millón de formas distintas (alguna más de las que necesita una persona para morirse) y todo un arsenal de espadas, hachas y demás pornografía cimmeria. Cuando Mikey se perdió, llegó a un mundo fantástico al estilo Dragonlance donde fue entrenado para convertirse en un héroe legendario y derrotar a un gran mal. Una amenaza que ahora podría llegar a nuestro mundo, así que hecho el petate, decide regresar para descubrir que para su destrozada familia sólo han pasado unos cuantos meses. Lo suficiente para que se rompiera el matrimonio de sus padres, cargado con culpas y reproches, y dejar a su hermano traumatizado.

El regreso de Mikey es lo más parecido al paso de un huracán. La policía no puede retenerle y su propia familia se ve incapaz de hacerle abandonar el camino de su heroica gesta en busca de unos magos fugitivos y ciertas armas místicas. El giro en la historia está en que tal vez lo que cuenta el bueno de Mikey no sea del todo cierto… No lo de que se convirtió en un gran gran guerrero legendario del molde de tarjeta de personaje del Hero Quest, no, eso es completamente cierto. Pero sí sobre sus motivaciones para regresar a nuestro mundo.

De propina, alguien ha seguido a Mikey a esta lado de la realidad, y está realmente cabreada.

Como os decía, a partir de este planteamiento relativamente interesante y original, Williamson hace un estupendo trabajo de oficinista de 9 a 18 con una hora para comer y ejecuta un guión correcto que hace todo lo que hay que hacer para que la historia sea lo suficientemente interesante como para que el lector vuelva. Un cliffhanger aquí, una amenaza potencial allá, una subtrama que empieza gestarse… Todo muy correcto, en un sentido que me recuerda bastante a aquellos cómics algo menores de cuando Straczynski era el guionista de moda y hacía cosas como Rising Stars o Midnight Nation (por cierto que eso que acaba de perpetrar junto a los Wachowsky para Netflix, Sense 8, tiene el mismo toque de truño genial de casi todos sus trabajos…). Lo cual no es algo malo en absoluto, pero sí que tiene un ritmo algo lento que se ha ido acentuando en los últimos número y que empieza a ponerme muy nervioso…

Tampoco el trabajo de Bressan es un espectáculo visual que invite a releer cada número una y otra vez. Bressan ha pasado todos estos años dibujando los horripilantemente ilegibles cómics de la nueva DC y se nota que en este nuevo cómic, que firma también como co-creador, quiere destacar. Pero no es ningún artista genial y poco a poco ha ido perdiendo la intensidad de los primeros números, mucho más trabajados y algo más oscuros, y que han ido derivando a un trabajo más del montón. No es un mal dibujante, ojo, es cumplidor, dinámico y más que correcto. Pero adolece una falta de personalidad que termina por lastrar los últimos número publicados.

Con todo esto sobre la mesa reconozco que el primer contacto fue tan bueno que he segudio volviendo a por más durante ocho meses, pero cada vez, tras leer la última página, me digo un “a ver qué tal el próximo número y si eso ya tal, y la dejo”. Pero siempre hay una última página que me hace volver. ¿El recurso fácil de cliffhanger? Pues vale, sí, bien jugado. ¿Cuál es el problema?

Pues el problema, y tal vez sea algo completamente personal, es que creo que la historia pide un poco más de profundidad. Me gustaría ahondar mucho más en la historia de los padres de Mikey, por ejemplo. O de los policías que se encargan de investigar el caso de la desaparición. O que la relación entre los dos hermanos, con la nueva situación “mi hermano pequeño ahora es Conan” fuera menos superficial. Y digo esto porque cuando yo andaba por ahí con He-Man y con Man-at-arms y compañía, mis aventuras tenían un transfondo mucho más currado. O eso me parecía a mí.

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¡Oh, mírame, estoy haciendo feliz a mucha gente! ¡Qué bien! ¡Soy un hombre mágico! ¡Del pais feliz! ¡De la casa de gominolas de la calle de la piruleta!

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