BLACK HAMMER. Reciclando con acierto.

Nada mejor cuando eres consciente de que todo está inventado, que reescribir la historia de algunos de los iconos más conocidos de la historia del cómic de superhéroes.

Por Javier Marquina.

No es un gran secreto. No me gusta Jeff Lemire. Es uno de esos autores de nueva hornada que no me toca con lo que cuenta, quizá porque todo lo que hace me parece un refrito de miles de cosas que yo (y todos) ya habíamos leído antes. Lo he intentado varias veces, empujado por la corriente general que lo coloca siempre entre los mejores escritores actuales del cómic americano, pero no hay manera. Tiene un algo que me aburre, que no me llega, que me deja frío como la libido de un cadáver milenario.

Si lo pienso fríamente, creo que la razón principal por la que no me gusta Jeff Lemire es porque hace exactamente lo que me gustaría hacer a mí y, en última instancia, lo que estoy haciendo yo. Coger la batidora, mezclar sus fetiches y contar sus propias historias, esas que siempre le habría gustado leer. Reconstruye sus propios mitos consciente de que, como siempre, todo está escrito.

Black HammerAhora que miro bajo esta nueva perspectiva creativa, estoy cada vez más convencido de que Lemire escribe sin importarle demasiado el que dirán, movido solo por la ganas de sacarse de dentro todas las cosas que le han ido rondando la cabeza durante toda su vida. Puede que yo no logre conectar casi nunca con la manera en la que lo hace, pero tengo que reconocerle honestidad con sus propios gustos y coherencia en su camino, algo que debería ser fundamental para cualquier tipo de creador. Lemire es como un maestro perfumero: coge esencias, las mezcla y nos ofrece fragancias que huelen a nuevo. Aunque a veces parece estar trabajando para una fábrica de colonias a granel de supermercado low-cost, en ocasiones consigue destilar un perfume sublime digno de la alta costura.

De hecho, es precisamente ese olor a refrito, a cosa ya usada y leída, el principal acierto de Black Hammer, y lo que lo convierte en ese aroma que nos transporta al lugar justo en el momento adecuado. La reinterpretación de superhéroes icónicos como Mary Marvel, el Detective Marciano, Adam Strange o el Capitán América que deben vivir un exilio forzado en una comunidad rural en apariencia normal, da pie a una serie de situaciones en las que Lemire conjura toda una serie de temas y cuestiones trascendentales e interesantes.

Colocados en una situación atípica, los personajes deben lidiar con problemas reales tamizados por ese filtro imposible que dan los superpoderes. La homosexualidad, la angustia de estar atrapado en un cuerpo que no sientes como tuyo, la necesidad de relacionarse y tener una vida normal, el exilio, la locura, la maternidad, la familia como núcleo y base de nuestro carácter, las relaciones personales… La amplia panoplia planteada se mezcla con un sabor propio de pulp y cómic de los años cincuenta, en el que, capítulo a capítulo, se van contando los diversos orígenes de los personajes mientras vemos desfilar, por ejemplo, un remedo de Galactus mezclado con el Antimonitor.

El primer tomo es una introducción, la primera parte de un drama en el que se realiza un planteamiento de manual a la espera del desarrollo posterior en los tradicionales nudo y desenlace. Es una invitación a adentrarnos en un mundo prometedor a base de plantearnos un premisa curiosa en la que hay un enigma que resolver, un misterio que, además, enfrenta a los protagonistas al enfrentarlos a intereses contrapuestos. Lemire, especialmente inspirado, dota a cada uno de los actores de este drama de personalidad propia, haciéndolos reconocibles y cercanos, seres extraños e inhumanos, pero que despiertan en nosotros una empatía completa cuando los vemos lidiar con quebraderos de cabeza cotidianos, con cosas que nos podrían estar sucediendo a nosotros ahora mismo.

El otro puntal sobre el que se asienta este primer tomo de Black Hammer es el dibujo de Dean Ormston, que realiza un maravilloso ejercicio retro que se adapta como un guante a la historia de Lemire. Mezcla de aquellos clásicos que vieron el nacimiento del superhombre moderno y los cómics de terror de la editorial EC, el lápiz de Ormston logra el punto costumbrista perfecto para una historia llena de referencias que mezcla las escenas mundanas con los mundos irreales que pueblan las dimensiones alternativas. Su trazo es incómodo, cruel, como las luces de los probadores de unos grandes almacenes, esos neones inmisericordes que muestran ampliados todos los pequeños defectos de nuestra piel. Sus viñetas son fotografías sin filtros en las que la realidad aparece como es, tan desgastada y ácida como nuestro propio día a día.

Black Hammer es, para mí, el trabajo que más me ha gustado de todo lo que he leído de Lemire. Su héroes son interesantes, reales y ajustados. La historia plantea las dosis necesarias de intriga para hacerte desear leer el segundo tomo, y el universo que crea es una fuente interminable de guiños y posibilidades por explotar. Solo nos queda esperar a que Astiberri edite cuanto antes el segundo tomo de esta colección, y confiar en que los derroteros se mantengan firmes y discurran por los raíles trazados en este ilusionante comienzo.

BLACK HAMMER. Orígenes Secretos. Astiberri. Color. 184 páginas. 19€

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Acerca de Javier Marquina 210 Articles
Nací, crecí, vomité ácido blanco y lechoso sobre un donut y me lo comí.

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