Black Mirror 2×01: ¿Qué es la vida? Un frenesí ¿Qué es la vida?…

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¿Qué es la vida? Un frenesí. ¿Qué es la vida? Una ilusión. Una sombra, una (ciencia) ficción.
Por Patri Tezanos

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Black Mirror ha vuelto. Back in Black. Ha vuelto pisando fuerte de nuevo con sus preguntas difíciles. La serie incómoda, el espejo oscuro, la ostra difícil de digerir tal y como la definíamos cuando hablamos por primera vez de ella vuelve a nuestras pantallas (o platos). Y en este primer episodio de la segunda temporada vuelve a mostrarnos una idea espeluznante con un pellizco (pellizquito pequeño) de ojalá-llegásemos-a-eso (lo que hace al conjunto más espeluznante si cabe). Este Black Mirror 2×01 te pregunta nada más y nada menos: ¿qué es estar vivo?

Con todos los avances en la neurociencia y el funcionamiento del cerebro, por este conocimiento cada vez más intenso que tenemos de nosotros, su majestad el Ser Humano, cada vez nos acercamos más a una conclusión bastante terrible: no somos tan complejos. O lo somos, pero no somos tan ininteligibles, no somos tan místicos ni tan criaturas de Dios. Somos un órgano, somos química y somos un conjunto de conexiones neuronales favorecidas por la Selección Natural. Muchas y muy complejas, eso sí, pero un conjunto de conexiones al fin y al cabo.

Paralelamente a esta profundización en el conocimiento de lo que biológicamente somos tan engarzado con lo que psicológicamente somos, asistimos a un avance tecnológico galopante. Y no hablo ya de inteligencia artificial sino de la capacidad de manufacturar partes de nuestro cuerpo, de replicar órganos vitales con impresoras 3D y tinta a partir de células madre (esperemos que funcionen bastante mejor que cualquiera de las impresoras, esos seres malditos, que tenemos en casa; por nuestro bien).

Todos estos avances unidos nos transportan a una idea: ¿podremos algún día desprendernos de nuestro cuerpo, mortal, y conservarnos a nosotros, a nuestro yo, que no es más que un conjunto de experiencias, formas de expresarse, personalidad, memoria…? Es decir, ¿podremos algún día pasar de lo que se pudre y conservarnos a nosotros, a nuestro yo, que no es más que un conjunto de información que tristemente depende de que lo orgánico permanezca inalterado (cosa imposible)? Porque esa idea que tenemos del SELF  no es más que un amalgama inmaterial. Como un Internet dentro de cada cuerpo. ¿Puede esa información sobrevivir para siempre y mantenernos “vivos”?

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Black Mirror 2×01, Be Right Back, nos plantea esto desde una perspectiva social, o, al menos, íntima. Nos lo plantea desde la perspectiva de una mujer que ha perdido a su marido. Incapaz de gestionar su vida tras la pérdida, recurre a un servicio on-line que, recopilando todo lo que en vida twitteó, blogueó, facebookeó, tumblreó y loqueseaeó , es capaz de reproducir la forma de conversar de su difunto esposo. El shock inicial es fuerte, pero pronto se engancha. ¿Cómo no va a engancharse? ¡Si es su marido! He aquí la idea expuesta de que somos básicamente información.

Lo que viene después es una sucesión lógica de los acontecimientos dentro de la lógica capitalista (que sigue ahí, ese sí que no muere): una experiencia mejor, siempre mejor. El servicio de chat pasa a ser un servicio capaz de reproducir la voz de su difunto y el servicio de conversación pasa a ser un servicio integrado en un androide perfectamente parecido al muerto.

A algunos la evolución del servicio (de ser un servicio de chat a ser un androide completamente funcional y realista en cosa de meses), por lo que sé, os ha parecido irrisoria e increíble. Opino que es verdad, que los guionistas podrían haber encajado mejor el avance, pero también creo que esos detalles, a pesar de  chirriar, no son relevantes porque lo que interesa es la idea, genial y espeluznante. Creo que no hay que preguntarle a La Metamorfosis cómo demonios un ser humano de repente se levanta siendo un insecto y enfadarse por la falta de realismo, sino centrar la atención en lo que el autor nos argumenta.

Black Mirror 2×01 nos está mostrando ya completamente extendida la idea con que empezábamos este post: somos información, metida en un servidor en la nube, una voz o un androide. ¿Qué más da? Y así continúa la argumentación el capítulo.

A más realismo físico en el servicio (¡las diferencias con el cuerpo del marido real son ínfimas, nivel: ahí tenías un lunar!) no significa haber recuperado más realmente al marido. ¿Cuál es el problema? Falta información. Al maridobot tiene lagunas en su memoria y le faltan datos para reaccionar a algunas situaciones. “Tú no habrías reaccionado así”, “tú no hacías eso”.

Esas carencias empiezan a poner de los nervios a la mujer, hasta que decide pasar del sistema y encerrarlo en el ático (como hacía la madre del marido con las fotos de su esposo y las de su hijo; qué ironía, ¿eh?).

¿Qué es, pues, la vida? ¿Dónde está? Este capítulo de Black Mirror nos está contando que la vida está en los detalles de la personalidad, en la memoria, en los rincones del “alma”, y que eso prevalece sobre cualquier realismo físico: un androide de igual aspecto, una piel tan suave, una voz tan igual, un sentido del humor tan similar… Es tan parecido pero tan diferente. Faltan los detalles, y la personalidad está en los detalles, en el comportamiento en cada situación.

No somos todo lo que decimos, ni mucho menos somos todo lo que decimos por internet. No somos todo lo que hemos vivido con alguien. El problema del servicio que presentan en este capítulo es que depende demasiado de lo que el individuo expresó, pero hay tantas cosas que nos guardamos para nosotros y hay tantas cosas que componen la personalidad que son inexpresables, que es imposible reconstruir al individuo a partir de esa escasa parte. Y da igual cuánto realismo corporal consigamos. Lo que importa es el, llamémosle, alma.

Black Mirror sienta unas interesantísimas bases para estas cuestiones: basta la recopilación vasta y constante de información sobre la persona. Podríamos ser perfectamente capaces de convivir con una máquina que “carga” la personalidad de la persona. Y es que al fin y al cabo eso es lo que somos: máquinas que “cargan” información. Lo que le hace falta a la ciencia y al mercado del mundo de Black Mirror es conseguir mayores niveles de complejidad, mayor capacidad de procesar y un método más infalible de recopilar información sobre la persona y el gran reto: la plasticidad de nuestro sistema, la capacidad de seguir iguales cambiando siempre.

Black Mirror deja, por supuesto, fiel a su estilo, la cuestión abierta. Te mete el derechazo en el estómago y ahí te quedes tú pensando. Sugiere que la convivencia con estas “formas de vida” tan parecidas llegaría a ser un poco insorportable precisamente por eso, porque son un buen quiero y no puedo, pero ¿y si se solucionaran esas lagunillas? Total, han llegado a ese nivel tan vívido del desarrollo. Cuestión de un poco más de tiempo para llegar a lo que el título del capítulo solicita: “Be RIGHT Back”.

¿Llegará el momento en que podamos reproducir cada una de las intrincadas estancias de nuestra mansión interior con verdadero realismo en una máquina o en otro cuerpo? ¿Llegará el momento en que seamos capaces de pasar el archivo NombreApellidos.exe a otro pen drive con brazos, piernas, ojos, boca…? ¿Es deseable un servicio como el de este capítulo aunque sólo sea capaz de reproducir al individuo como si fuera la fotocopia de una fotocopia de una fotocopia?

Ojalá que sí. Ojalá que no.

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BONUS TRACK

Terminé de ver el capítulo y no pude evitar acordarme de un test con que me crucé hace tiempo que trata de averiguar a partir de tres fantásticas preguntas lo que significa “estar vivo” para ti. Creo que es un buen momento de hacerlo. ¿Qué te saldrá?

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Sigue a Patri Tezanos en Twitter: @PatriTezanos

1 comentario en Black Mirror 2×01: ¿Qué es la vida? Un frenesí ¿Qué es la vida?…

  1. Mi problema con el episodio es más de forma que de fondo. Cuando una serie alcanza el nivel que ha alcanzado ésta, uno espera que cada detalle sea perfecto, que todo encaje, que todo tenga sentido. Reconozco que soy un tocapelotas y me gusta sacarle defectos a todo, pero lo del robot desvirtúa totalmente el drama y convierte al episodio en “El Hombre Bicentenario”. Una idea genial, que te hace pensar durante días pero un desarrollo que no me ha convencido en absoluto. La virtud de La Metamorfosis es que el absurdo mismo del planteamiento, te hace comprender el drama desolador de la historia. Aquí, la necesidad de explicarlo todo y llevarlo a sus últimas consecuencias la lastran. Toda la magia de la conversación telefónica, se pierde al convertirlo en algo físico, real y carnal. Tanto en el capítulo como en la propia historia. Quizás sea ese el fondo del mensaje. Quizá sea metafísica pura y Charlie Brooker anda jodiendo con nuestros cerebros. Quizás sólo sean pajas mentales.
    Aún así, me quedo con el concepto y sigo apostando por esta excelente serie, a pesar del impagable momento de las sales de baño.
    Dios salve a Hayley Atwell.

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