Black Sails: los piratas son hombres buenos

Y Michael Bay te cuenta una de piratas (pero que nadie se asuste que la serie está muy bien)
Por Chema Mansilla


Qué gusto da eso de que existan series de TV de todo palo: de madres solteras, de treintañeros que no saben renunciar a su infancia, de polis, de asesinos, de familias desestructuradas. y también de piratas. Y ha tenido que ser Michael Bay el que la haga. Que será muchas cosas, pero el que se ha lanzado al abordaje con una serie de piratas, con tesoro y todo, ha sido él, y no otro.

Black Sails es una serie de Starz que sirve de precuela a La Isla del Tesoro, de Stevenson, y narra las aventuras piratiles del Capitán Flint. El reto, el Mcguffin que dirán los que saben más que yo, es un barco español lleno hasta la bandera de oro de las américas, y el premio no es la riqueza en sí, si no la libertad que supone para una nación de hombres hambrientos de ella.
La verdad es que la idea de la nación pirata, forjada con sangre y sudor de los hombres libres del mundo está muy bien. Pero contrasta duramente con un montón de tipos sucios y ruidosos sedientos de libertinaje. Es más o menos lo que pasa con las protestas ciudadanas en Madrid, por ejemplo, con la gente que se sabe en la calle gritando por sus derechos y lo que de ellos piensa, por ejemplo (de nuevo) el Ayuntamiento.
El caso es que tenemos un capitán pirata y un premio. Un premio tan grande que él pobre Capitán Flint, él sólo no puede capturar, y de ahí que necesite la ayuda de otros capitanes piratas. A pesar de que a priori puede parece difícil que tan anárquicos personajes se una en pos de un fin común, con Black Sails descubriremos que el mundo piratil tal vez no fuera tan anárquico como la mayoría de la gente cree que es. De hecho, los piratas funcionaban dentro de una gran organización de ladrones, saqueadores, traficantes y contrabandistas que operaban de manera muy ordenada, sólo que por encima (o fuera de) las leyes de las grandes potencias económicas y políticas del mundo. Como lo de las grande empresas de hoy en día, pero con espadas en lugar de abogados.
Para complicar todavía más este arriesgado “atraco al tren del dinero” marítimo, sólo hay una persona que sabe dónde estará en cada momento el barco español, y no es otro que el ingenioso y sin par John Silver.

Black Sails nos permite descubrir un mundo de piratería como no habíamos visto antes, pero además, y para que el público en general no se desenganche, tendremos escenas de sexo de todos tipo y condición, hombres atractivos aceitados y musculosos sin camiseta, mujeres de buen ver con las tetillas al aire (por lo menos son tetillas no siliconadas, por aquello del rigor histórico), algo de violencia y cierta crudeza social. Claro, hablamos de piratas, estilizados y molones, aunque no tanto como en Piratas del Caribe, pero piratas.

La serie destaca no sólo por su interesante retrato de la edad de oro de la piratería, sino por su cuidada producción y por el buen hacer de algunos de sus actores protagonistas.
La serie engancha por la secuencia de abordaje con la que abre el primer episodio (MAGISTRAL) y por unos créditos de esos de quitarse el sombrero. La trama engancha, y excepto por un par de gafas que aparecen en alguna escena (y que nos parecen muy anacrónicas) seguramente sea la historia de piratas más real y cautivadora que hemos visto en años.

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¡Oh, mírame, estoy haciendo feliz a mucha gente! ¡Qué bien! ¡Soy un hombre mágico! ¡Del pais feliz! ¡De la casa de gominolas de la calle de la piruleta!

1 comentario en Black Sails: los piratas son hombres buenos

  1. En mi opinión, Black Sails tiene pros y contras: serie original, explota un terreno muy poco tocado por el mundo de la televisión (no siendo así el del cine) y además de una manera seria.

    Por contra, le pondría que quizá hacia mitad de temporada la serie se ralentizó, bajó el ritmo, no sé muy bien como expresarlo, pero empezó yendo muy bien y luego bajo un poco el ritmo. Sigue siendo un serión y cuentan conmigo para una segunda temporada, pero deberían fijarse un poco más en la velocidad que adquiere ‘Vikings’.

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