La Saga de la Bruja de Blair: 1999-2016.

Desde la sorpresa de The Blair Witch Project a la nueva película de la saga Blair Witch, repasamos la historia de una de las sagas de terror más famosas.

Por Andrés R. Paredes.

Los 90 fueron una época extraña en el cine de terror. De las grandes sagas de Slasher tan sólo Halloween sobrevivía a dura penas a través de Halloween Resurrection y Halloween 20 años después. Viernes 13 y Pesadilla en Elm street estaban prácticamente acabadas y se comenzó a favorecer un nuevo tipo de cine de terror, más cercano a los psicópatas de carne y hueso que a las figuras imponentes, míticas y risibles por desgaste de los ochenta. El silencio de los corderos se estrena en 1991, ganando uno de los primeros Oscars a mejor película del género de terror, y la interpretación de Anthony Hopkins todavía tiene ecos en la actualidad. Henry, retrato de un asesino continúa siendo un ejemplo excelente de thriller sobre asesinos en serie que profundiza como nunca antes otro había hecho en la psique del asesino. El terror pasó por una fase de autoconocimiento cuando se estrena en 1996 Scream, y Wes Craven abre la puerta a la meta narratividad en el terror, aunque el intento fuese malinterpretado por las grandes compañías y provocase una nueva ola de asesinos en Se lo que hicisteis el último verano o Leyenda Urbana. Por supuesto, estas sagas apenas pudieron durar y para cuando llegó 1999 el cine de terror parecía haber (vuelto) a quedarse sin gas.

Pero lo mejor del cine de terror es que cuando parece que ya no hay nada nuevo con lo que asustarnos, aparece una película pequeña e independiente que remueve los cimientos del género. Se trata muchas veces de cine de presupuestos paupérrimos como en su día The Last House on the Left, The Texas Chainsaw Massacre, o Evil Dead. Películas pequeñas que crean o resucitan tendencias. Que alteran el panorama cinematográfico de la noche a la mañana. Esto mismo ocurrió con El Proyecto de la Bruja de Blair.

La página Web oficial de El proyecto continúa en pie. Se puede acceder y revisitar las entrevistas de los Sheriffs que llevaron el caso, a la madre de una de las protagonistas, comprobar material fotográfico e histórico e incluso leer el diario de rodaje del propio falso documental. De la misma manera, en la época de los inicios de Internet se crearon bastantes foros de discusión en los que se

hurgaba en la historia (ficticia) de los jóvenes desaparecidos. Básicamente, la película amplió sus fronteras de mero experimento universitario a leyenda urbana con todas las de la ley. Y es que las leyendas urbanas forman parte de la cultura de los noventa, en donde la única fuente de verdades era la Encarta y Wikipedia todavía no se había establecido como amo y señor de todo el conocimiento humano. Tan sólo pequeñas páginas web y foros funcionaban como fuentes fiables y en la gran mayoría de ellos tan sólo se podía leer que había que ir a ver la película. Que lo que ocurría en ella era verídico. Se trataba de un caldo de cultivo perfecto: poca información sobre los sucesos descritos en el film, y la poca que hay tan sólo nos informa de que es cine de terror en el que se describe la desaparición y muerte de tres jóvenes, y lo que es más importante: Todo, todo ocurrió de verdad. Todo la película transcurre en tiempo real, en un bosque de verdad, a gente de verdad. Y es que los directores no cometen ningún error: consiguen convencernos de que lo que ocurre es cierto.

Apoyándose en el cinema verité, The Blair Witch Project nos introduce directamente en el viaje de Heather, Josh y Michael. Van a realizar un documental sobre la leyenda de una bruja que vive en un bosque cercano a la población de Burkittsville. No tenemos monólogos de presentación, ni escenas expositivas en la que nos expliquen qué es lo que vamos a hacer ni qué pretendemos encontrar. Descubrimos poco a poco, a través de conversaciones cotidianas qué pretenden, detalles sobre el proyecto, quién ha robado que cámaras para poder grabar, etc. Y lo que es más importante, sabemos poco de los protagonistas en estos primeros 10 minutos. Tendremos tiempo a lo largo de toda la película de ver sus reacciones, qué es lo que quieren, sus fortalezas y debilidades. Las breves entrevistas que se realizan a los habitantes del pueblo nos dan una ligera idea de qué vamos a investigar, sucesos violentos en los que la gente no cree. Bueno, no del todo. Todo el primer segmento está apoyado en torno a la bruja, como secuestra niños, manipula vagabundos y mata a hombres adultos por decenas. También comprobamos como todo el mundo conoce la leyenda que van a investigar, y cada uno tiene versiones personales que una abuela contó o que vieron en un documental hace años. Se esfuerzan por hacernos creer en la leyenda, para rápidamente introducirse en el bosque en busca de un cementerio donde teóricamente, están enterradas las víctimas de la bruja. Y aquí la película cambia por completo.

Porque realmente (como ocurre con las grandes obras de terror) no se trata exactamente una película de sustos. The Blair Witch Project gira especialmente en torno a tres jóvenes perdidos en el bosque que poco a poco van perdiendo la paciencia. Si bien es cierto que las noches son terroríficas (con risas de niños, golpes de piedras y pasos) los días no son mejores. Se nota el cansancio de cada uno de los protagonistas, cómo el agotamiento hace mella en su ánimo y cada uno culpa al resto de los problemas en los que se ven envueltos. La película no trata exactamente sobre un suceso sobrenatural, sino sobre algo tan mundano y terrible como perderse en el bosque. Éste es, en mi opinión, el gran acierto del guión que (si nos fiamos de la información que encontramos en Internet) apenas existía, los actores trabajaron tan sólo improvisando en base a las orientaciones de los directores. Por supuesto, para que la película funcione, el espectador tiene que sentir empatía con los protagonistas. Y eso es mucho más difícil, no se consigue del todo. Gracias a la credibilidad establecida en los primeros diez minutos, los protagonistas no son agradables. Cada uno es más egocéntrico que el anterior, son gritones y egoístas. En sus peleas constantes, su desesperación y al no tener un plan claro para salir del bosque, resulta complicado que nos caigan bien. Por ello, probablemente la escena más emocional e importante de la película (el primerísimo plano de la cara de una de las protagonistas pidiendo perdón) se convirtió en una de las escenas más parodiadas de principios de los 2000.

Para cuando llegamos al final de la película (ambientada en la Grigg’s House, una casa real vinculada con brujería y satanismo desde los 70) el miedo a estar perdidos es ampliado por la idea de que muy probablemente la bruja de Blair sea real. Y es gracias a todo lo que hemos visto hasta entonces, toda la tensión acumulada por los tres días perdidos en el bosque, los gritos, las figuras de madera (que demuestran una vez más que las ideas más simples pueden convertirse en auténticos iconos) que este clímax se convierte en uno de los más agobiantes de los últimos 30 años. Y fue tal éxito que la segunda parte tenía que ocurrir.

Book of Shadows: The Blair Witch Project 2, estrenada en el año 2000, toma más bien poco de la película original para contar un nuevo caso ambientado en el bosque de Blair. Sin contar con el apoyo de Haxan Pictures, productora de la cinta original, Artisan Entertainment (que distribuyó la primera parte y conservaba los derechos) decidió preparar una continuación prescindiendo también de los creadores. El primer tercio trata el éxito de la original, sus efectos secundarios, como una lluvia de fans (que creen que lo sucedido es real) inunda Burkittsville; la venta de objetos como piedras, palos y tierra del bosque sacude el pueblo, y se organizan tours para examinar cada uno de los escenarios en los que se ambienta la película original. Por supuesto, seguiremos a un grupo de jóvenes que no podían ser más puramente 2000: Una gótica, una bruja de Wiccan, dos expertos en la leyenda de Blair que están desarrollando su investigación en torno a ella y el guía, un joven que padeció problemas mentales. Por supuesto, la primera noche se emborrachan y al amanecer despiertan amnésicos.

La diferencia más clara con la película original es que abandonamos la cámara en mano en favor de una narración más convencional. Sin embargo esto que puede parecer un error sirve a la película para plantear una duda que por desgracia no se desarrolla en profundidad: la diferencia fundamental entre lo que vemos y los que grabamos. Cómo nuestra percepción de las cosas está supeditada a nuestros sentidos y nuestro estado emocional mientras que las cámaras, los sistemas de grabación revelan la verdad siempre. Al menos parte de ella y al menos en teoría. La otra gran diferencia con su predecesora es que el film de Berlinger no podría ser más deliciosamente predecible. Como buen producto de principios de los 2000 juega con la sexualidad, secuencias musicales, cámara lenta, efectos especiales que han envejecido bastante mal e incluso los protagonistas cuentan con un equipo tecnológico de ultimísima generación que haría las delicias de cualquier coleccionista de antigüedades.

Si en la película original el trabajo de sonido y montaje era envidiable, aquí damos con una composición narrativa caótica por interferencias del estudio, que pidió al Berlinger incluir escenas de asesinato grabadas en el último momento en el propio patio de casa del director, así como muchas otras que destacan con fuerza por encima de las originales. La película supuso un fracaso terrible para Artisan, ya que muchos fans se sintieron traicionados por el cambio de formato, lo previsible de la trama y por despreciar tan cruelmente el canon formado por los directores de la original.

Lo que muchos fans tildaron de traición debería ser reivindicado hoy como valentía. Book of Shadows no se limitó a imitar el esquema de la película original, ofreció una visión renovada de la bruja como monstruo y amplió la leyenda del bosque de Burkittsville. Quizá se la pueda acusar de romper algunas reglas de la leyenda y destruir la suspensión de la incredulidad, pero hay que alabar su valentía.

17 años después, Adam Wingard es el encargado de resucitar la historia. Blair Witch es grabada casi en secreto bajo el título The Woods y presentada en la San Diego Comic Con de 2016. Retomamos el argumento de la película original con un protagonista preocupado por su hermana, desaparecida en el bosque en la cinta original. Escrita por Simon Barret (que ya se había encargado del guión de The Guest y tomará las riendas este año de la adaptación estadounidense de I Saw the Devil) formaba parte de la triple apuesta del cine de terror (casi) independiente de finales del año pasado junto a The Autopsy of Jane Doe y The Monster. De este triunvirato, sólo ha salido victoriosa la pieza de André Ovredal.

Blair Witch pertenece a una corriente muy extraña del cine de terror que se viene dando desde hace poco más de una década: películas con argumentos inquietantes y seres sobrenaturales que escasean en sustos. The Innkeepers, Sinister, y en menor medida Expediente Warren son ejemplos de un nuevo cine de terror del que probablemente Blair Witch Project era el mejor ejemplo: Tensión hasta límites insoportables para soltarnos hacia el final un único susto aterrador.

Y es que Blair Witch pretende retomar la estela de la película original recuperando la cámara en mano, las presentaciones breves, los lazos poco explicados, un planteamiento simple y unos sustos basados en tensión pura y dura. Todo lo que hizo importante a la película original lo volvemos a tener aquí con creces. Pero no es suficiente. Y es que, aparte de un Dron (que justifica unas tomas aéreas muy Wingard) y de pequeñas cámaras GoPro, la nueva entrega no cuenta con nada nuevo técnicamente con lo que sorprendernos, y lo que sí que aporta en cuanto a historia es irregular.

Básicamente: Wingard realiza un homenaje tan correcto y exacto que deja poco de sí mismo en la película. La técnica y la historia se comen toda su personalidad y no le permiten realizar una película interesante o innovadora. ¿Quiere esto decir que la tercera parte es mala? No. En absoluto. Blair Witch es como mínimo, una película de terror efectiva, con cuatro sustos bien dados, un giro de tuerca a cómo nos podemos perder en el bosque, y un clímax efectivo.

Blair Witch no es una saga. Es una colección de historias como lo serán en un futuro Cloverfield o VHS. Cada director añade diferentes puntos de vista sobre una historia ya creada, sobre una leyenda urbana quizá ya caduca. ¿Se necesita sangre nueva? No especialmente. Se necesita que se juegue con todos los factores ya existentes, que se inventen nuevos, que se den explicaciones, que aparezcan nuevos misterios. Que se innove respetando el pasado (o quizá borrando por completo lo hecho hasta ahora, un reboot ha hecho maravillas en algunas sagas). Personalmente, todavía no he perdido la fe en la leyenda de la Bruja de Blair. Puede que siga ahí fuera. Puede que alguien, algún día, consiga capturarla en cámara.

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