Bojack Horseman: They Shoot Horses, Don’t they?

Bojack horseman ya no tiene nada que demostrar. Nos rompió el corazón en la primera temporada, volvió con aún más fuerzas en la segunda, y nos enterró en la tercera. Ahora, con el estreno de la cuarta temporada el viernes pasado, los ánimos estaban más alterados que nunca. 

Por Andrés R. Paredes

Me encanta la intro de Bojack Horseman. Quizá sea una de las partes que más me gustan, porque en esos breves instantes en los que paseamos por la casa de nuestro hombre/caballo favorito vemos quién vive con él. Quien ocupa su vida. Cuando comenzó esta temporada, estuve al borde de la lágrima desde el minuto uno. No había nadie con él.  

Una cosa que me gusta preguntarles a mis amigos es “¿Cuál es tu personaje favorito de Bojack?”. El consenso suele ser Todd o Diane. Al principio. Luego, poco a poco, comienzan a ampliar su respuesta. “Pero Princess Carolyn tampoco está nada mal. Y Mr Peanut Butter mola mucho. Y la tortuga productora de cine”. Y así, poco a poco, acabamos repasando la larga lista de personajes de la serie, llegando a la conclusión de que, quien más quien menos, todos  son geniales. Y lo maravilloso de esta cuarta temporada es como cambian las dinámicas entre ellos. Cómo Princess Carolyn se muestra vulnerable, dolida. Como Bojack apoya y ayuda a Diane cuando a lo largo de toda la serie esto ha ido al revés. La ambición de PeanutButter y como es manipulable – aunque esto no ha sido un cambio, sino una insistencia en sus defectos (¿podríamos hablar del capítulo bajo la tierra y esa escalofriante referencia a Trump constante?).

¿Por qué Bojack funciona tan bien? ¿Por qué conectamos tanto y tan bien con todos los personajes y sus historias por muy locas que sean? Creo que en parte, esto viene provocado por otro de los esquemas claros de la serie: Todos los protagonistas sufren o han sufrido en algún momento. Todos han pasado por momentos muy duros, todos han llorado, y además por motivos de peso. En esta nueva temporada, incluso aquellos personajes que simplemente parecían malvados porque si tienen su propio capítulo para contarnos su génesis, el dolor por el que han pasado y el infierno en el que se ha convertido su vida.

Preguntar cuál es el mejor capítulo a mis amigos también es una odisea. La respuesta suele ser los penúltimos de cada temporada (precisamente en donde la serie nos hace más daño), pero también hay espacio para los pequeños detalles, para las tramas absurdas de Todd, para Bojack consiguiendo no ser un capullo, para Diane derrumbándose, o cualquiera de los maravillosos momentos de crítica social que la serie domina de forma maestra. Temas como el aborto, la posesión de armas, las acusaciones a presentadores de televisión de acoso sexual o la cienciología son tratados con un gusto exquisito en breves capítulos de menos de 20 minutos. Esta última temporada, sin ir más lejos, ha hecho más por la comunidad asexual que ninguna otra serie hasta el momento.

Luego está el tema de la animación. Ocurre una cosa curiosa con la técnica utilizada en Bojack: parece simple, pero no lo es.  Parece cutre y tonta, pero esconde multitud de trucos bajo la manga. Parece que no nos sorprenderá en este campo nunca, pero lo hace. Y cómo. Esta última temporada se ha aprovechado todos los recursos de los dibujos animados para representar pesadillas, dolor y desconcierto y arrancarnos aún más lágrimas. El capítulo 11 pasará a la historia de la animación como un ejemplo perfecto de desarrollo de personaje, historia, hurgar en la herida… Bueno, voy a intentar ser claro:

No os estoy contando nada nuevo, ¿Verdad? Si ya habéis visto la serie, sabéis de qué os hablo, si aun no la habéis visto os parecerá que exagero. Creo que lo mejor que puedo decir sobre Bojack Horseman es que es una serie que nos toca a todos y cada uno de los que la vemos profundamente. Y no lo hace a través de la comedia, ni a través de largos monólogos, ni a través de grandes revelaciones. Lo hace a través de lo que hacen sus protagonistas. De cómo se sienten y cómo reaccionan ante situaciones de presión.

Cuando tiene lugar alguna revelación, las reacciones no son acompañadas con un zoom y una banda sonora sorprendente (excepto si es para usos cómicos). Cuando un personaje descubre sus auténticas intenciones (hay un par de puñaladas por la espalda terroríficas) o realiza algún acto despreciable no hay nada que aumente el drama. No. El drama se encuentra en los pequeños momentos. En un amigo diciéndole a otro que el único problema que hay en su vida es él mismo. Dos personas que se quieren que sin querer acaban insultándose. Largos viajes en coche en los que no se habla, no ocurre nada. Simplemente se viaja, huyendo hacia adelante.

Bojack nos toca a todos y cada uno de nosotros de una manera diferente. Y duele y te retuerce. También existen cosas muy buenas, existen amistades puras y bellas. Existen relaciones difíciles pero que compensan. Existen golpes de suerte y la persistencia y las ganas de mejorar acaban dando sus frutos (Bojack mismo es un caballo bastante mejor que el de la primera en esta cuarta temporada). Existen cosas muy positivas en esta serie, pero, igual que en la vida, no pesan tanto como las negativas.

No hay nada que os pueda decir para convenceros de que veáis Bojack Horseman, porque todo lo que haría sería repetir los motivos por los que a mi me ha encantado. Los motivos por los que me ha hecho reír y llorar. En inglés existe la expresión “Rooting for a character”, traducido directamente querría decir “enraizarse con un personaje” y viene a significar sentir lo mismo, comprenderlo desde la raíz. Esto es lo que me pasa a mi con muchos de los personajes, situaciones y actitudes de la serie. Lo único que os puedo decir de Bojack es que, si la veis, os dejéis llevar. Dejéis que os haga sentir cosas. Se sufre, si. Pero compensa.

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