BREACH: rosas en la mierda.

Yo es que cuando encuentro algo que no es una medianía deleznable, me transformo en un ser feliz lleno de amor y pasión y entrega y buenos deseos de paz mundial y vida eterna para todos. No estoy hablando de obras maestras. Con algo agradable y divertido me basta. Bienvenidos a BREACH, esa pequeña y modesta joyita editada en dos tomos por ECC Ediciones.

Por Javier Marquina.

El destino es juguetón y caprichoso. Como un oso entrañable en un bar de cierta y popular zona de la capital. Cuando casi has perdido la esperanza, cuando todo lo que ven tus ojos es bazofia que no puedes procesar, llena de personajes absurdos que no conoces, perpetrada por autores de los que no habías oído hablar nunca, los pequeños brotes de algo esperanzador te deslumbran aunque al final el fruto sea algo tan grande como un guisante. Breach me ha gustado porque es lo que busco cuando leo cómics. Algo divertido, entretenido, con su puntito de originalidad, bien hecho, bien escrito y muy bien dibujado. (MUY MUY BIEN DIBUJADO). Esta especie de ‘remake’ del origen de un Capitán Atom que nunca fue destaca porque crea un personaje mucho más interesante que aquel cuyo origen se quería volver a contar y nos traza las líneas maestras de una mitología que, de haber continuado en el tiempo, podría haber dado mucho más de sí. Como es habitual entre las colecciones que más me gustan de un tiempo a esta parte (vease Glory) lo que a mí me gusta no suele coincidir con lo que se vende, y veo con trágica desazón como se cancelan colecciones con enorme potencial mientras zurullos amorfos continúan su andadura apoyados por una legión de inconscientes que no saben ver más allá de la X, de la V, de la S o de la B.

Nunca he sido un gran fan de Bob Harras. Me salté su etapa de Los Vengadores porque estaba cegado por la basura mutante de aquellos años y la verdad es que nunca tuve las ganas ni las fuerzas para recuperarla. No había leído muchas cosas suyas, y no tenía un recuerdo de ninguno de sus trabajos más allá de los mencionados números vengativos. Quizá todo lo que recuerdo de él más allá de esto es su implicación en la mefítica, vomitiva y macilenta Saga del Clon de Spiderman. Y claro, esas no son buenas credenciales para nadie. Sin embargo debo decir que el guion de Harras me ha sorprendido por su corrección. Por manejar con habilidad las ideas típicas del genero y hacer un viaje a través de los personajes que interesa, que parece real y que a veces, incluso emociona. Buena historia, buenos personajes. Y ya está. No se necesita nada más. Epatar está sobrevalorado. A veces lo impresionante es lo bien hecho. Lo espectacular es lo que te mantiene pegado a las páginas contándote las cosas bien. Tan sencillo. tan jodido y complicado.

Mención aparte merece, por supuesto, el dibujo de Marcos Martín. Poco más puedo añadir acerca del desmesurado talento del dibujante barcelonés. La principal razón por la que leí este cómic fue por su presencia en él, sabiendo que haga lo que haga, merecerá la pena echarle un vistazo. Aunque ilustre un catálogo del Venca. Para mí será suficiente. El trazo elegante, la absoluta maestría en la composición de la página, ese talento desbordante y arrollador para narrar, para contar, para transmitir. Marcos Martín es uno de los dibujantes de cómics con más talento de la actualidad, uno de esos valores patrios que en cualquier otro país serían venerados por su arte, su talento y su magistral estilo. En Breach Marcos vuelve a hacer un extraordinario trabajo, una delicia que fluye y te envuelve. Una maravillosa composición. Una pasada, oiga. Incluso los números dibujados por mi muy querido Javier Pulido palidecen ante el trabajo de Marcos, porque lo de Marcos no es normal. Es talento en estado puro. Es puro cómic. Me emociono, coño. Y no soy de lágrima fácil.

Y esto es lo que hay. Breach. Otro hallazgo en mi dura pugna por encontrar buenos cómics de superhéroes. Nada que redefina el género. Sólo buenos cómics. Que los hay. No creo que pida tanto. O quizás sí. A saber. Lástima que sea tan difícil hacer llegar a la gente conceptos nuevos e ideas que no han estado 30 años dando tumbos entre nosotros y colecciones con personajes que merecen la pena e historias que deberían tener un final coherente y digno, acaben abruptamente, cortadas por las ventas, por el negocio y por el dividendo. Qué poco romántico es el arte cuando uno tiene que vivir de él. Hay que joderse.

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Acerca de Javier Marquina 206 Articles
Nací, crecí, vomité ácido blanco y lechoso sobre un donut y me lo comí.

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