Breaking Bad: Mid-Season Finale (no spoilers!)

Walter White alcanza al final del penúltimo episodio el punto de no retorno.

Por Alex Onôv.

Las leyes de la Física nos permiten, conociendo una posición inicial y algunos parámetros básicos, predecir el movimiento de un objeto y el lugar en el que se encontrará transcurrido un lapso de tiempo. En filosofía se llama determinismo.

AMC emitió ayer la ‘Mid-season Finale’ de la quinta y última temporada de su galardonadísima serie Breaking Bad creada por Vince Gilligan y protagonizada por el carismático Bryan Cranston. La serie no se reanudará hasta el verano de 2013, de modo que, como amarga despedida hasta que podamos ver los ocho últimos capítulos de esta apasionante saga, vamos a tomarle el pulso a la primera mitad de esta temporada y el modo en que culmina con un explosivo capítulo del que no haremos —palabra— ni un solo spoiler (a diferencia de lo que se puede leer en esta interesantísima entrevista con el creador de la serie).

 

En la escena final del episodio anterior (S05 E07, Everybody wins) Walter White —¿o deberíamos ya decir únicamente Heinsenberg?— llevaba a cabo el acto definitivo que colocará al objeto (la serie, vamos) en la posición inicial, el acto que desvelaba los parámetros básicos que marcaron la trayectoria de todo lo que se desató en este octavo y último episodio (S05 E08, Gliding over all). Y es que el episodio que cerró el ecuador de la temporada no es sino la sucesión de  las terribles consecuencias, lógicas e inevitables, que siguen a dicho acto. Como aquellos montajes de piezas que ejecutan una complejísima secuencia de movimientos. La caja de Pandora se abre de par en par y todo comienza a cristalizar, la reacción química comienza a adoptar la forma afilada (y azulada) que ha ido catalizándose a lo largo de estas cinco temporadas.

 

Walter White alcanza al final del penúltimo episodio el punto de no retorno, la “masa crítica” que desata la reacción en cadena que propulsa este increíble capítulo hasta la estratosfera televisiva. Una secuencia de eventos perfectamente previsibles, y no por ello menos espeluznantes o espectaculares a nivel narrativo, que nos demuestran justo lo que sospechábamos desde las primeras temporadas siempre que desapareciesen un par de obstáculos. Uno de ellos, el más importante, fue Gus Fring.

Breaking Bad, por Otis Frampton
Breaking Bad, ilustración de Otis Frampton

¿Es Walter White el obstáculo que quedaba por eliminar para propiciar la apoteosis de Heisenberg? ¿Cuánto tiempo llevamos viendo a Hank al borde de la epifanía que lo cambie todo? ¿Cuántas personas, y quiénes, deben apartarse (de manera más o menos violenta) para la entrada triunfal del imperio del Scarface del siglo XXI? Y —sobre todo— ¿qué pasa con Jesse? No nos dejarán sin el mejor personaje que ha dado la ficción televisiva en décadas, ¿verdad? ¿VERDAD? Tranquilos, estoy jugando con vuestras mentes.

 

Es cierto. Conocer las leyes de la física y la química te da el control del futuro y el conocimiento de lo que, sin duda, vendrá. “Me encanta que los planes salgan bien”, como diría aquél. Todo estaba escrito desde el principio; no podía ser de otra manera. El objeto ha seguido la trayectoria trazada con tiralíneas por el científico. Pero este no es todavía el Gran Final. Después de este tremendo capítulo volveremos, tras unos meses de espera que se harán interminables, a un nuevo Big Bang en Breaking Bad, y es tarea del señor Gillian y su equipo de escritores volver a colocar en posición inicial (en un nuevo nivel, si se quiere) las piezas de un universo que no deja de extenderse: la tremenda y ya mítica Saga de Heisenberg.

 

Sigue a Alex Onôv en twitter: @alex_onov

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