BREAKING BAD. Tercer y último final.

Creo que en el fondo no quería. Quería dejar el final sin tocar, sin revisar, sin analizar. Quería que cada uno sacara sus propias conclusiones y adoptara la actitud que más le pareciera ante el último episodio de una de las experiencias televisivas más intensas de los últimos años. Pero ante tanto fervor de una y otra parte, el pequeño opinador que me martiriza de continuo ha decidido ser la mosca cojonera habitual y decir lo que tiene que decir. Para bien o para mal.

Por Javier Marquina.

El final de Breaking Bad (BrBa de aquí en adelante) me ha dejado tranquilo. Y esto es quizás lo peor que podría decir de él. No satisfecho. Tranquilo. No lleno de esa sensación placentera del que ve encajar todas las piezas con suavidad, del que ve caer la piedra final de la réplica a escala de Notre Dame que llevas 6 años construyendo. No. Tranquilo. No en ese momento de orgasmo total que te llena cuando lo que quieres conseguir por fin llega a tus manos y lo miras con el amor de lo bien hecho, como una factura de Pepephone. No. He dicho tranquilo. Anodinamente tranquilo. Y eso, para alguien como yo, que siente a menudo una furia misantrópica de proporciones nada desdeñables cuando no le dan lo que desea, es sintomático. Cuando menos. Ni pienso que este FELINA es el circulo perfecto que culmina de forma magistral la mejor serie de la historia de la televisión, ni pienso que es una cagada de proporciones bíblicas y que Vince Gillian merece ser ahorcado junto a cuantos guionistas perpetraron el infausto, malhadado y terrible final de Lost.

Y ahora explicaré el porqué.

Me he dado cuenta de que este final me ha dejado tranquilo porque además de coherente e inevitable, este FELINA es el tercer final que los guionistas de BrBa me han dado para Walter White. Y teniendo en cuanta que los dos finales anteriores habían alcanzado cotas nunca alcanzadas antes de talento, intensidad y tragedia, he visto este tercer y último final desde la barrera, desde la cómoda posición de quien ve algo en lo que ya no importa lo que pase, porque su final preferido ya ha sucedido. O sus finales.

i-wonPrimer final: EL FINAL FELIZ.

Los cuatro últimos episodios de la cuarta temporada son, para mí, los momentos televisivos más conseguidos de la historia. La batalla de Walter White por proclamarse dueño y señor del narcotráfico de la metanfetamina alcanzan cotas de genialidad que cuesta mucho encontrar ya sea en la televisión, en el cine o en cualquier parte. Ese mítico “I won” (“gané”) culmina de forma magistral el camino de degradación moral de un personaje que empieza siendo la desgracia hecha carne y acaba convertido en un semidiós todopoderoso. Un ser cuyo alias produce respeto y susurros de terror. El crimen no sólo paga bien, sino que te cura del cáncer, te reconcilia con tu familia y te permite recuperar las oportunidades perdidas. “Gané”. Walter White triunfa. A pesar de ser un completo hijo de puta capaz de envenenar a un niño para conseguir sus objetivos. El final feliz es el final amoral, en el que Mr. White se alza triunfante, su humanidad escondida y acojonada en loas esquinas más recónditas de su psique.

En mi opinión BrBa debería haber acabado aquí. Sin moraleja. Sin moralina. Dejándonos con el culo roto y un deseo acuciante de ponernos a cocinar cristal y hacernos multimillonarios. Y de matar niños, si eso fuera necesario. Todo por la pasta y un deportivo negro que llenar de cocaina y putas de lujo.

FallofkingsSegundo final: EL FINAL CRUEL.

Evidentemente, esto es Estados Unidos y el crimen, aunque en la vida real casi nunca paga sus deudas, en la ficción debe dar ejemplo y claudicar de manera absoluta, casi religiosa. Si eres malo acabas mal. Y no hay más que hablar. Cuando empezó la quinta temporada de BrBa era evidente que Walter White no iba a acabar bien, que su carrera delictiva tenía que conducirle a la ruina física, económica y moral. Que debía morir por mala persona. La única duda que nos asaltaba era el cómo y el cuándo, pero no el porqué.

Y entonces nos sirvieron el segundo final. Y ese final es Ozymandias. Ozymandias, además de ser otro de los nombres de Ramses El Grande, un poema de Shelley y el alias de Adrian Veidt, es el título del episodio 14 de la última temporada de BrBa. El capítulo que destruye a Walter White como persona, lo enfrenta a su monstruosidad y le hace pagar de forma absoluta sus desmanes. Es el final cruel. El final “te jodes, hijo de la gran puta”. El final ‘Dios es justo y no tiene misericordia’. Walter comprueba como por su culpa, su cuñado Hank, paradigma del hombre honesto, amable, cariñoso y valiente, muere vilmente asesinado por los sicarios que su egoísmo desmedido ha reclutado para proteger su dinero. Su mujer presa del paroxismo le ataca con un cuchillo y su propio hijo le repudia. Incluso pierde casi todo el efectivo amasado con esfuerzo durante meses de producción. Ese dinero que acaba siendo único motor de su vida. Es imposible caer más bajo. Es imposible pagar más. Nadie lo puede pasar peor. Oh, sí. El cáncer ha vuelto para matarle de forma lenta y dolorosa. Se acabó. Has obrado mal y has pagado. Cerremos aquí. Acabemos con esto. Suicídate Walter. Es lo que deberías haber hecho.

article-2438422-18638E7200000578-946_634x487Tercer final: EL BUEN FINAL.

Supongo que Vince Gillian también tiene su corazoncito. Someter a su personaje a esta destrucción tan definitiva, a esta penitencia tan brutal por sus pecados es más de lo que pudo soportar. Al fin y al cabo, todos sentimos amor por nuestro hijos. Hasta por los literarios. Así que se amarró los machos y nos dio el tercer final. El final bueno y trágico. El final de la redención. Y nótese que no digo bueno porque esté bien,  o porque sea mejor. Es el buen final porque deja a todos tranquilos. Creo que ahora queda claro por dónde van mis tiros.

Quitando (aunque me cueste) los Deus Ex Machina propios de guionistas con menos talento, tales como el del ricino mágico que aparece en el sobre y la ametralladora Terminator, el final de FELINA es coherente en su planteamiento. Después de someter a Walter a los dos finales antes citados, lo único que nos queda es redimirlo, reconciliarlo con el mundo y, en el camino, proporcionarle justa venganza. Está claro que en el proceso todos los personajes quedan con cicatrices que nunca cerraran: Flynn pierde a un padre; Skyler al amor de su vida; Marie al único hombre bueno; Jesse es liberado pero huye presa de la locura. Nadie sale indemne. Pero no es menos cierto que todos consiguen su pequeña parcela de gloria. El descanso de saber donde yacen los restos de tu amado. El dinero suficiente para vivir con desahogo. La libertad, aunque sea la libertad del demente. Incluso Walter muere en paz, como un héroe trágico que ya ha vivido todo, que en realidad lleva tiempo ya muerto, asesinado por esa bala que le arrebata a su cuñado y que destroza esa familia que él mismo se había puesto como excusa de sus actos atroces. Esa familia que hasta ese momento había logrado sacar siempre indemne de todos los accidentes que su carrera criminal provocaba.

Redención. Venganza. Todos los cabos atados. El buen final. El final trágico por la perdida, pero que deja a todos tranquilos con su dolor. Sin deudas pendientes. Tranquilos como yo.

No me ha parecido el mejor final de la historia de una serie de televisión, porque, como explico en este artículo, yo esos finales ya los había vivido antes. Tampoco creo que sea el peor y, para mí, es digno, consecuente y coherente con la evolución de la serie y de todo lo que Walter ha pasado. BrBa acabó en la cuarta temporada. Debería haber parado allí. Pero a pesar de esta quinta no siempre brillante, irregular y algo tramposa temporada, le estaré eternamente agradecido al señor Vince Gillian por haberme dado momentos imborrables de arte televisivo. Que es de eso de lo que se trata. Aunque a veces uno esté expuesto al capital o al incomprensible amor por los hijos.

Sigue a La isla de las Cabezas Cortadas en Twitter y en Facebook.

Acerca de Javier Marquina 203 Articles
Nací, crecí, vomité ácido blanco y lechoso sobre un donut y me lo comí.

5 comentarios en BREAKING BAD. Tercer y último final.

  1. Para mí Felina es el final parche. Como quien está bordando una manta negra y de repente le mete un cuadrado fucsia. Una historia debe empezarse a contar con una perspectiva del final. Agregar finales “parche” para complacer a la audiencia o a nuestro corazón de padre es un impulso que debe frenarse porque es un acto, a mi parecer, de mal narrador. Has creado una historia, con una serie de acciones que tienen una serie de consecuencias. Añadir consecuencias que quedan fuera de ese abanico que permiten las acciones que te has preocupado en narrar para rendir un honor, exculpar, justificar o bendecir al personaje es transformar en 50 minutos un relato realista, existencial, de exaltación del individualismo y el materialismo, en una epopeya condescendiente. Si Breaking Bad es una historia de transformación gradual y corrupción, debe serlo hasta sus últimas consecuencias. Si narras precisamente esa transformación gradual durante cinco temporadas, porque los cambios son graduales y no radicales (ni radikales), no es válido transformar otra vez al personaje en menos de 1h de metraje. Así es como hemos acabado con una “historia de transformación personal y corrupción PERO” en vez de con una historia de transformación personal y corrupción”.

    Supongo que Vince Gilligan no fue lo suficientemente fuerte o no supo mantener la mente fría o temía por sus futuras lentejas, o lo que sea…

    Felina es tristemente coherente dentro de una industria audiovisual que pretende complacer a la audiencia emocionalmente por el temor de que, con el corazón roto, no vuelvan a por sus próximos productos.

    Snif…. Pero bueno, a pesar del cuadro fucsia, la manta negra es guay.

  2. Toda la razón yo imaginé lo mismo que tu. Solo que cuando dices ” no es el mejor final de la historia” Te puedo hacer una pregunta?
    ¿ Hay alguna serie que acabe perfecta o muy muy bien?

    A mi personalmente me parece el final que la serie se merece. No puede haber otro que mole más.

    Un saludo, buena crítica

    • Que ninguna serie o película adopte finales incómodos aunque adecuados no significa que no existan o no puedan/deban usarse. Te recomiendo La Niebla de Frank Darabont para sufrir uno de los finales mas hijos de puta de la historia.

      Muchas gracias. Primero por leerme y segundo por dejarnos tu opinión, que para nosotros es fundamental.

      Un saludo y espero verte mucho por aquí, comentando.

Leave a Reply

Tu dirección de correo no será publicada.


*