Brian K. Vaughan: amar en tiempos revueltos

Diría que me chifla este tío, pero una férrea orientación heterosexual consolidada tras años de supervivencia en colegios católicos, me impide declarar abiertamente mi amor incondicional y eterno por un ser humano de mi mismo sexo.

Por Javier Marquina

Yo de mayor quiero ser Brian K. Vaughan. Cuando crezca, quiero ser como él. Menos en el pelo. Eso sí. Quiero escribir como él sin ser calvo. Aunque claro, si lo que tengo que sacrificar por dominar los diálogos, las ideas y los tiempos del noveno arte como él es mi pelazo, es un precio que estoy más que dispuesto a pagar. Espero que Mefistófeles esté leyendo esto.

Creo que sería una estupidez ponerse a cantar alabanzas hacia uno de los guionistas más premiados del panorama americano y mundial. Vaughan es un escritor reconocido y lleno de recursos, que controla el medio y sus técnicas como muy pocos son capaces de hacer. Un guionista con buenas ideas, lejos de las estridencias surrealistas de otros escritores estelares, y que domina como muy pocos uno de los recursos más importantes en el mundo del cómic: los diálogos. No es necesario que le eche más flores. Ya tiene el jardín entero.

Hace tiempo que tenía ganas de escribir sobre él, y voy a aprovechar esta entrada para hablar la evolución de su obra a través de tres colecciones(*) que, a su manera y de formas muy diferentes, han marcado la opinión que tengo sobre lo que hace.

Y, el último hombre.

Vamos a ir de menos a más.

Este es, con mucha diferencia, el trabajo que menos me gusta de Vaughan. Quizás porque las expectativas que había puesto en él eran muy altas, ya que me habían vendido este cómic como la nueva venida de un trasunto de Alan Moore al universo de las viñetas y, al final, para mi gusto, se quedó en poco más que una idea curiosa desarrollada de manera poco satisfactoria. Reconozco que aunque le había seguido ya en Runaways, otra serie, esta vez de Marvel, que levanto una ola de elogios desde mi punto de vista exagerada, no le acababa de encontrar el ese punto del que todo el mundo hablaba. Me parecía correcto. Me parecía que tenía buenas ideas. Me parecía que sabía hacer hablar a sus personajes, pero, la verdad, no veía ese último empujón de genialidad que hacía que los esfínteres de todos los fans de la tierra expulsaran con fruición líquido gaseoso con sabor a cola.

En Y, el último hombre, se vuelven a hacer patentes muchos de los temas preferidos de Vaughan, temas sociales, políticos y que reivindican luchas  de clase típicas, desde el racismo hasta el feminismo. La historia postapocalíptica de un mundo en el que todos los varones (excepto dos, el protagonista y su mono) han muerto y la Tierra pasa a estar poblada exclusivamente por hembras es original, pero los personajes me resultaron antipáticos y la resolución poco interesante. Mentiría si no dijera que, al final, hasta me aburrí un poco.

Quizá le deba otra lectura a la obra, ahora que han pasado los años y sé de lo que es capaz este guionista, pero siento una pereza terrible alimentada por mis recuerdos y tengo tantas cosas pendientes por leer, que prefiero dedicarle mi tiempo a otros menesteres.

 

Ex Machina.

Parece mentira que con esos dos antecedentes, me siguiera planteando la compra de las siguientes obras publicadas de este autor, pero la verdad es que siempre ha tenido un algo que, aunque al final me acabara decepcionando, me llevaba a seguirle en casi todo lo que hiciera. Así que cuando Norma empezó a editar en España la nueva colección de Vaughan, caí con todo el equipo.

Y menos mal.

Ex Machina es uno de esos cómics que te engancha desde el principio hasta el final. Uno de esos cómics de superhéroes totalmente atípicos, que gira alrededor de la política como tema central sin abandonar la ciencia ficción y la fantasía, elementos de los que sirve como acompañamiento sólido de una historia llena de conceptos interesantes. A pesar de que sigo sintiendo cierta antipatía por los personajes y que el final es otra vez muchas cosas excepto totalmente satisfactorio, hay momentos en las andanzas de Mitchell Hundred, flamante héroe volador y alcalde de Nueva York, de pura antología argumental. Diálogos brillantes, de llorar de rabia y envidia incluso, personajes con una historia que contar y, por supuesto, los excepcionales dibujos de Tony Harris, uno de esos seres nacidos con el talento creador saliendo de un lapicero. Ya sólo por las portadas, merece la pena tenerlo.

Saga.

Y por fin, llegamos a Saga.

Supongo que todo lo anterior es la excusa que necesitaba para llegar a este punto, aunque viendo los primeros números de Saga, uno podría pensar todo lo contrario. Cuando empiezas, la historia de Alana y Marko, los dos protagonistas de la serie, parece más un entretenimiento simple, un pasatiempo que te paga las lentejas mientras a uno se le ocurren cosas más interesantes que hacer. Nada hace pensar que ésta es, para mí, la obra más completa de Vaughan, su do de pecho, el lugar en el que sin lugar a dudas, demostrará que es uno de los mejores guionistas de cómics del panorama actual y uno de los mejores de la historia. Apunto alto, ¿verdad? Quizá me estoy dejando llevar por ese espíritu groupie que me posee cuando un escritor descubre su camino y hace todo eso que yo me moriría por hacer, pero es que bajo el maquillaje de una historia que mezcla magia, fantasía y ciencia ficción, hay un algo enorme lleno de violencia, sexo, amor, drama, humor, familia, traición, política, racismo, televisión, homosexualidad… más grande que la vida misma. Saga crece tomo a tomo. Mejora con cada página. Se hace más interesante con cada giro argumental. Te emociona. Te repugna. Te acongoja. Te hace reír. Como si estuvieras en el gran teatro del mundo. Como si ante ti se abrieran las puertas de muchas vidas que ignoras como acabarán. Como si vivieras en otro lugar, espectador de cosas alucinantes. Y todo desde la comodidad de tu sofá, con tu música de fondo sonando con suavidad, acariciando con deleite las páginas llenas de arte.

 

Yo de mayor quiero ser Brian K. Vaughan. Porque además de saber escribir, es uno de esos talentos que al principio parece que tiene algo que contar, luego crees que te decepciona, a continuación te hace pensar que no va a hacer nada mejor, y acaba por deslumbrarte con cosas que parecen casuales y poco pulidas y tienen la solidez de lo milimetrado para funcionar con perfección espontánea.

(*) En la actualidad, tanto Y, el último hombre como Ex Machina están siendo reeditadas por ECC Ediciones, mientras que Saga está siendo publicada por Planeta DeAgostini Cómics

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Nací, crecí, vomité ácido blanco y lechoso sobre un donut y me lo comí.

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