BRYAN TALBOT: EL REGRESO DEL MONARCA ‘STEAMPUNK’

Ahora que Astiberri publica la primera entrega de Grandville en España, las Cabezas repasan la obra de uno de los grandes del cómic británico.

Por Yago García.

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Desde 1999, aproximadamente, Bryan Talbot ha pasado de ser un ilustre desconocido en España a uno de esos autores cuyas obras llegan a nuestro país de forma más o menos regular. Es decir, que llegan con cuentagotas, pero llegan siempre. El último tebeo de este autor británico (Wigan, Lancashire, 1952) publicado por estos pagos es Grandville, una novela gráfica de 2009 que ya suma dos secuelas en el mundo anglosajón y que acaba de aparecer en nuestro mercado cortesía de Astiberri.

Grandville dista de ser el mejor trabajo de Talbot, pero aun así resulta una pieza de lo más entretenida. También sirve como una buena introducción a la obra de este señor, dado que en ella podemos hallar todas sus grandes obsesiones: un interés casi arqueológico por los clásicos de la ilustración, la conciencia social vehiculada a través del buen uso de los géneros (el policíaco, en este caso) y copiosísimas dosis de steampunk, corriente estética que Talbot se sacó de la manga, o al menos ayudó poderosamente a fundar, hace tres décadas y pico. Ah, y en esta ocasión también hay animales que hablan. Y que pegan tiros.

Bryan Talbot siempre ha sido muy ducho en combinar esas pasiones de modo que sus productos superen la suma de sus partes. Y el mero título de este tebeo es un buen ejemplo: homenajeando al dibujante J. J. Grandville (inventor, o casi, del género de los funny animals), el artista nos introduce en un mundo donde las coaliciones imperiales perdieron las Guerras Napoleónicas, donde los descendientes de Bonaparte gobiernan una Francia convertida en máxima potencia europea, y en el cual los habitantes de la República Socialista de Gran Bretaña son unos parias. La consideración de los ingleses sólo queda por encima de los ‘Carapanes’, extraños simios mutantes que evolucionaron en la ciudad de Angulema, y que asemejan seres humanos dibujados por Hergé. Efectivamente: el humor socarrón de doble filo es otra de las especialidades de nuestro hombre.

Las investigaciones del detective Archie LeBrock (un tejón) y de su ayudante Roderick Ratzie (una rata con monóculo y canotier) nos sirven para pasar un buen rato, qué duda cabe. Y también, a los fans veteranos, para maldecir el momento en el que Talbot descubrió el color digital: lo único que desluce a esta historia de conspiraciones, asesinatos políticos y violencia a raudales es lo artificial de sus tintas, máxime viniendo de alguien que se dio a conocer como maestro del plumín y los sombreados. Aun así, la obra se mereció la nominación al premio Eagle a la Mejor Novela Gráfica, y, como hemos dicho antes, sirve estupendamente como introducción al cosmos talbotiano. Un universo que exploraremos (en forma resumida y condensada) a partir de este mismo momento.

LA ÉPOCA ‘UNDERGROUND’ (1978-1982)

Como hijo de la posguerra mundial que es, Bryan Talbot pasó los 60 y los 70 drogándose, escuchando a los Rolling Stones, a Hawkwind y a Frank Zappa, leyendo a su futuro amiguete Michael Moorcock y estudiando Bellas Artes. Y, también, dibujando tebeos de singular mérito para revistas como Near Myths y la autoeditada Brainstorm Comix: su obra de esta época que más ha trascendido es la muy cachonda Chester P. Hackenbrush, Psychedelic Alchemist, cuyo personaje principal (un hippie bonachón de singulares apetitos químicos) tomó prestado Alan Moore para su etapa en La Cosa del pantano.

Nemesis_Alien_DelightsNEMESIS THE WARLOCK (1984-1987)

Antes hemos dicho que Talbot fue uno de los padres fundadores del steampunk, ¿verdad? Pues podemos fechar dicha génesis: tuvo lugar en 1984, cuando Talbot relevó a todo un Kevin O’Neill en esta serie, la más perversa y destrozona (si es que ello es posible) de una revista tan leftfield como 2000 A.D. Nuestro héroe dotó de una estética abigarrada y monumental a los guiones de Pat Mills, lo cual le llevó a fusionar, en la saga del Imperio Gótico, la estética decimonónica con la ciencia-ficción, algo prácticamente nuevo para el cómic por entonces. Némesis, el hechicero vengador y alienígena, y su archienemigo Torquemada, gran inquisidor de Termight, son instituciones en el cómic del Reino Unido, pero siguen siendo casi desconocidos en España: tras catar la calidad (visual y argumental) de estas historias, coincidirás con nosotros en que eso supone una severa carencia.

tumblr_lyoc65KoJe1qh7juco1_1280LAS AVENTURAS DE LUTHER ARKWRIGHT (1989)

Si 2000 A.D. llamó a Talbot a sus filas fue a causa del revuelo armado por esta obra monumental, cuya primera entrega se publicó en 1979. Entonces, ¿por qué la situamos aquí en nuestra cronología? Sencillo: la versión completa de Luther Arkwright sólo vio la luz diez años más tarde, tras deambular de revista en revista y sacudirse de encima los muy obvios préstamos (de Moebius y Corben, principalmente) que cantaban a distancia en sus capítulos inaugurales. Más influido que nunca por Moorcock, sobre todo por sus novelas de Jerry Cornelius, Talbot sigue las andanzas del personaje titular, mercenario infiltrado en una Tierra alternativa para caldear la guerra fría entre el Paralelo Cero-Cero-Cero y los malignos Disruptores. El resultado, que se llevó cuatro Eagle, presenta un guión y un estilo gráfico tan barrocos y enmarañados que ante ellos el lector sólo puede sucumbir al odio o (como es nuestro caso) al amor incondicional. Advertencia: la edición española de Recerca es espantosamente mala, y es mejor recurrir al original británico en caso de que pique la curiosidad. Otro detalle: en la versión en audiolibro aparecida en 2005, la voz del protagonista era la del mismísimo David Tennant (Doctor Who).

GANÁNDOSE EL PAN EN DC (1991-2001)

Como tantos otros súbditos de su graciosa majestad (la mayoría de los cuales habían trabajado junto a él en un momento u otro, todo sea dicho), Bryan Talbot fue fichado por Karen Berger, la editora que puso patas arriba DC Comics y que creó la línea Vértigo. Dicha etapa no fue precisamente prolífica, pero propició la aparición de trabajos memorables en las colecciones Hellblazer, cuyo primer anual fue ilustrado por nuestro hombre, Fables y sobre todo la inevitable Sandman. Y es que Talbot y Neil Gaiman tienen una relación de amistad muy aprovechable: además de episodios de Fábulas y reflejos y de El fin de los mundos, los lápices del artista trabajaron en los spin-offs Los detectives muertos y The Dreaming. Quede constancia, de paso, que al amigo Bryan le sale una Muerte muy mollar y muy gótica.

historia-de-una-rata-mala_bryan-talbot_detalle2LA HISTORIA DE UNA RATA MALA (1995)

Este fue el primer trabajo de Talbot como autor completo que vio la luz en España, y es fácil entender el porqué: lejos de los desparrames cósmicos y ultraviolentos en los que nuestro héroe se prodigaba hasta entonces, la triste historia de Helen Potter supone el estudio de una psique marcada por el abuso sexual. Lo cual, para algunos, puede suponer un plus de respetabilidad, por más que el estilo gráfico de la obra apueste por el hiperrealismo y que la mejor amiga de la prota sea un roedor gigante e imaginario. Apta para esos días en los que a uno le apetece sacar el pañuelo y llorar a gusto, La historia de una rata mala no traiciona, pese a todo, las constantes talbotianas: aparte de un trabajo muy documentado sobre una realidad muy trágica, este tebeo supone un homenaje del autor a su amado Distrito de los Lagos y a otra grande de la ilustración en las islas, la autora de libros para niños Beatrix Potter.

EL CORAZÓN DEL IMPERIO (1999)

Tras un trabajo tan serio como La historia de una rata mala, es fácil suponer que a Talbot le apetecía ponerse otra vez el uniforme de húsar extradimensional. Y vaya que si se lo puso: su siguiente trabajo fue una secuela de Las aventuras de Luther Arkwright, protagonizado por la tremendísima Victoria, princesa del Imperio Británico e hija de nuestro agente secreto cósmico favorito. Mientras que a la obra original puede reprochársele una solemnidad algo pomposa, El corazón del imperio viene marcada desde el principio por un cachondeo lindante con la autoparodia, lo cual, según se mire, puede ser una virtud o un defecto. En todo caso, estamos ante un tebeo que rebosa sátira, humorismo y mala uva (si odias a Damien Hirst, te lo pasarás pipa) y cuyas numerosas escenas de acción pueden noquearte más rápido que un pedo de Sir Harry Fairfax. Gráficamente hablando, esas viñetas iluminadas por los colores de Angus McKie presentan una suntuosidad y un detallismo que a nosotros nos enloquecen.

4540520837_f2177f5deb_oALICIA EN SUNDERLAND (2007)

Cual si de un equivalente en cómic a Ray Davies, el líder de los Kinks, Bryan Talbot lleva desde sus comienzos definiendo en viñetas la idiosincrasia de Inglaterra y, sobre todo, de los ingleses. De modo que, ateniéndose a aquello de “pinta tu aldea y serás universal”, el artista consagró las 320 páginas de este profuso volumen a rendir homenaje a la ciudad en la que reside desde hace más de una década. ¿Suena a coñazo? Ni por asomo: rebosante de surrealismo y de jocosidad, Alicia en Sunderland es una obra muy irregular (algo esperable, dada su intención enciclopédica), pero que mantiene el interés estudiando las conexiones entre dicha urbe y la génesis de Alicia en el País de las maravillas. ¿Es una biografía de Lewis Carroll? ¿Se trata de unas memorias oficiosas del propio Talbot? ¿Una vindicación de esos lugares provincianos, sin lugar aparente en los libros de historia? Imposible saberlo: mejor lo dejamos en que resulta inclasificable, y ahí reside su valor.

LA NIÑA DE SUS OJOS (2012)

Mientras Bryan se dedica a pasar el tiempo redibujando obsesivamente y acaparando material para sus tebeos, ¿quién lleva el pan a casa? Pues su esposa, Mary Talbot, una distinguida profesora universitaria que protagoniza (y coguioniza) esta obrita breve, publicada en España antes que Grandville. En La niña de sus ojos, Talbot traza un paralelismo muy atinado entre la historia familiar de su señora, hija de un erudito especialista en la obra de James Joyce, y la de Lucia, la hija esquizofrénica del autor de Ulises. Breve y sentida, aunque algo anecdótica, la obra se llevó el premio literario Costa, provocando una crisis del tipo “¿cómo es posible que esto lo haya ganado un tebeo?”.

40-1Y ADEMÁS…

Bien para ganarse las habichuelas, bien para pasar el rato, Bryan Talbot ha producido otras obras dignas de mención. Tenemos, sin ir más lejos, The Naked Artist, un libro en el cual nuestro hombre repasa anécdotas jocosas del mundo del cómic y que le ganó una bronca con un experto en broncas de la talla de Dave Sim. También podemos citar Cherubs!, tebeo dibujado por Mark Stafford en el que ejerció como guionista. Como hijo de 2000 A.D., el artista también dejó sus pinceles en varias historias del Juez Dredd, Ro-Busters, Slaine y los Future Shocks! de Alan Moore, recopiladas en los volúmenes correspondientes, y recorrió las calles de Gotham City escribiendo y dibujando la serie Máscara en Legends of the Dark Knight.

Sigue a Yago García en Twitter: @solo_en_saigon

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