BUSY BITCHES

La dura vida de la dibujante de cómics.

Por Javier Marquina.

Busy BitchesSupongo que después de más de 300 reseñas escritas, en alguna de ellas constará que no soy demasiado aficionado al humor gráfico y que la lectura de webcómics supone para mí un misterio mayor que los glifos arcanos tallados sobre piel humana curtida de un grimorio antediluviano. Nunca he sido fan de las tiras cómicas ni de las revistas semanales de humor. Quizá porque soy un seco y un acelga, la cuestión del humor es un mecanismo ignoto que funciona de maneras desconocidas en mi química cerebral. Disfruto del slapstick como un bonobo con una vagina en lata, pero en cuanto derivo al chiste dibujado soy una roca sin sentimientos que contempla impertérrita el paso de las páginas.

Cuando llegan a mis manos publicaciones que recopilan en un tomo dichas viñetas o tiras cómicas de algún autor, suelo suspirar profundamente preparado o bien para aburrirme de forma arrasadora, o bien para mostrar una incredulidad suprema nacida de la incomprensión. Por el mundo editorial circulan autores de un costumbrismo lleno de comedia a cuyas gracias y bromas soy impermeable, y el éxito desmedido de algunos (y algunas) creadores (y creadoras) de chistes sin gracia me hace pensar que si la carcajada es un símbolo de inteligencia, o estoy rodeado de idiotas o hay un perfecto imbécil que me mira cada día desde el espejo (con cara de conejo, añado).

Una vez dicho esto, tengo que confesar que también me encanta contradecirme. Llevarme la contraria es una de esos actos de personalidad múltiple que me encanta cometer y que concede doble valor en mi escala moral a todo aquello que consiga hacer que me coma mis palabras. No voy a mentir. Cuando Busy Bitches llego a casa, torcí el morro y encogí la nariz en un claro gesto de desagrado. “Esto no es para mí” pensaba mientras ojeaba con celeridad página tras página de dibujo kawaii. Yo, un señor mayor, respetable y con un humor de PH siempre menor de 7, no podía imaginar una lectura menos apetecible y apropiada que el cómic que tenía en mis manos y que recopilaba las entregas de un exitoso webcómic realizado por dos autoras llamadas Henar Torinos y Nuria Velasco.

ERROR.

Lo primero, debo decir que Busy Bitches me ha sorprendido gratamente con una representación real y ajustada de la vida azarosa de un dibujante/ilustrador. No me he reído a carcajadas (porque jamás lo he hecho con ningún cómic sin importar su género, clase o condición), pero me he visto reflejado en muchos aspectos al hacer una proyección casi literal de las situaciones narradas con lo que vivo en mi día a día como crítico y divulgador. Más allá del golpe de efecto que busca nuestra sonrisa, lo que tenemos es una reivindicación gráfica de una situación insostenible con la que convivimos con una naturalidad nacida de la resignación más miserable. Edulcoradas con dibujos cuquis y esponjosos, las tiras de este tebeo se juntan para construir un decálogo de normas que deberían ser y no son, abolidas sin siquiera ser promulgadas por este mercado en el que la “promoción” de tu trabajo es más importante que el pago del mismo. En esta sociedad del trágico “eso te lo escribes tu en un segundo” y del tétrico “a ti dibujar eso no te cuesta nada, que te sale solo”, Busy Bitches se convierte en un divertido catálogo de cosas a corregir y mejorar en nuestro comprimido y, aveces, miserable mundillo. Recomendable, entretenido, brillante en alguno de sus gags, este es un delicioso cómic que viene aderezado con el mágico efecto calmante de unos dibujos que dan ganas de regalar abrazos, caminar dando saltitos al grito de ¡wiiiiiiiiii! y retozar sobre un arcoíris rebozado de mermelada de frambuesa, mientras plantan en tu subconsciente ideales de motosierra, cóctel molotov y lucha encarnizada por los derechos de los que viven del imposible arte de crear.

Busy Bitches ha sido editado por FANDOGAMIA.

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Nací, crecí, vomité ácido blanco y lechoso sobre un donut y me lo comí.

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