Cánticos de la Lejana Tierra, de Arthur C. Clarke

Un relato en conclusión anecdótico, pero con unas profundas reflexiones tamizadas por la emoción y la sensibilidad.
Por Chema Mansilla

canticos-de-la-lejana-tierraArthur C. Clarke nunca ha sido mi escritor de ciencia-ficción favorito. He pasado por algunas de sus novelas entra la indiferencia y cierto tedio. Como siempre diré que seguramente sea culpa mía que este atutor y yo no terminemos de sincronizar. Pero la casualidad quiso que  terminara enganchado a “Cánticos de la Lejana Tierra.

El libro terminó en mi casa porque los amables editores de Alamut me lo recomendaron en mi última visita a la Feria del libro. Y yo a la gente de Alamut siempre le hago caso, aunque el libro me esperase en la estantería todo este tiempo acumulando polvo. La casualidad quiso que el libro acabara en mi mochila, por error, ya que pensaba que estaba escogiendo otra lectura para el metro. Y la casualidad fue la que de alguna manera reúne a los protagonistas de esta novela. La trama nos cuenta cómo cinco siglos después de la desaparición de la Tierra tras la muerte prematura de nuestro sol una nave estelar, que alberga en su interior a un limitado número de los últimos humanos criogenizados, llega al planeta Thalassa, donde se estableció una de las primeras expediciones que partieron de la Tierra.

Como os decía la casualidad quiso que la Magallanes, este arca de Noé de la humanidad, de sus gentes, de su cultura, arte y ciencia, llegue a un planeta habitado por humanos. Thalassa fue uno de los poquísimos mundos en las que las primeras expediciones de la humanidad en busca de un nuevo hogar consiguieron prosperar. Pero por avatares, de nuevo, del destino, han permanecido aislados e incomunicados, evolucionando en su propia humanidad. Esta evolución “virginal” ocurre durante los muchos años que transcurren desde las primeras misiones de exploración al conocerse el fatídico inevitable destino de la Tierra y el despegue de las últimas naves con los refugiados estelares de la humanidad. Lo que en un principio era un proceso de siembra de material genético en busca de un planeta fértil evoluciona con los años en un último viaje de la humanidad hacia el único planeta que a ciencia cierta se sabe capaz de albergar vida, a años luz de distancia.

En Thalassa el material genético enviado prospera y consigue establecer una civilización utópica, libre de todo el lastre cultural, religioso y filosófico que la humanidad arrastra desde el primer momento en el que le dio por pensar en esas cosas. Un planeta paradisíaco en el que una nueva humanidad ha conseguido vivir como la humanidad de la tierra siempre ha soñado poder vivir. Los Thalassanos son conscientes de su herencia, y se sienten orgullosos de sus logros. Por eso reciben con tanta alegría como escepticismo la llegada de la Magallanes a su atmósfera.

Por su parte la tripulación de la Magallanes se ve forzada a hacer una parada en Thalassa para realizar una serie de reparaciones. Son los únicos testigos de los últimos días de la Tierra y su carga son las últimas gentes de la Tierra. Son portadores además de todo el conocimiento de la humanidad y su destino es volver a empezar, con todo lo ganado durantre milenios y ninguna de las cargas acumuladas. Su descubrimiento de Thalassa y sus pobladores es el eje central de esta historia.

Últimamente pienso muchas veces en que me hago mayor. Hace unos años no hubiera devorado esta novela con la naturalidad con la que lo he hecho. Es una historia algo anecdótica, y que en definitiva no tiene una trama significativa a nivel narrativo. Pero la carga de emociones son muchas. Por un lado existe una reflexión sobre el punto de vista thalassano que me ha gustado mucho. Tal vez lo esperable sería pensar que los Thalassanos, mucho más atrasados tecnológicamente que los humanos terrestres, quisieran aprovecharse de sus avances. Empaparse de esas mejoras. Por el contrario los Thalassanos son conscientes de que disfrutan de una situación idílica, una sociedad prácticamente perfecta en el mejor de los entornos. Y lo que quieren es seguir así. en ningún momento se muestran hostiles con los recién llegados. Sí curiosos, y tal vez demasiado amigables.

Los terrestres a su vez, y ahora sí, de manera algo más previsibles, adoptan una postura paternalista hacia sus primitivos primos. Y la vinculación que la narración toma con la historia del HMS Bounty es tan patente que incluso se hace referencia a ella en un par de diálogos. Aunque este punto de vista terrestre me ha parecido mucho menos interesante que el thalassano, en general creo que la historia de Clarke me ha tocado mucho más que por el el evidente canto idealizado de lo que podría llegar a ser la humanidad. Es un tema muy manido en la ciencia-ficción, no por ello menos deseable, pero sí muy trabajado. y tal como está la cosa, creo que prefiero no contrastarlo con la realidad…

El caso es que la sensibilidad con la que están escritas algunas relaciones entre personajes y cómo referencian, cada uno desde su punto de vista Thalassano o terrestre a su herencia humana, ha hecho saltar algún resorte en mi interior. No diré que me ha hecho mejor persona, lo primero porque hay mañanas en que dudo mucho que en realidad lo sea. Pero sí que me ha invitado a mirar con otros ojos ciertas cosas de la vida cotidiana y rutinaria.

No os prometo que os pase lo mismo si leéis el libro. Ya os digo que como novela no es nada del otro jueves. Pero yo he encontrado una invitación a pensar de otra manera sobre ciertos temas. También os digo que al terminar “Cánticos de la Lejana Tierra” me he sentido un poco más mayor. ¿Acaso cada año que vivimos nos es alejarse un poco de la Tierra? Cuando viajo por las mañanas en el metro (ahora ya con otro libro) me fijo en la chavalada que va al instituto, y escucho sus conversaciones y sus problemas y sus movidas. Y aunque reconozco en ellas mis mismas conversaciones de instituto, los detalles me hacen sentir extraterrestre. Porque el extraterrestre soy yo, no ellos. Ellos están en la Tierra, evolucionando nuevas tecnologías, culturas. Y yo les miro cómodamente desde mi incipiente mediana edad, sin envidiar, ni un poquito, todos los cambios que les esperan.
Un pensamiento muy Thalassano.

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Acerca de Chema Mansilla 195 Articles

¡Oh, mírame, estoy haciendo feliz a mucha gente! ¡Qué bien! ¡Soy un hombre mágico! ¡Del pais feliz! ¡De la casa de gominolas de la calle de la piruleta!

1 comentario en Cánticos de la Lejana Tierra, de Arthur C. Clarke

  1. Es un “topicazo” decir que “Tu NO eliges el libro,el libro TE elige a ti”
    Lo que calificas de “error y casualidad” es lo que se denominaba como acto-fallido en la psiquiatría del S.XX.y como un conflicto entre la intención consciente y lo reprimido.
    No te equivocaste al cogerlo, lo querías leer a pesar de tus prejuicios…jajaja. Y te ha salido bién¡¡

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