CHEAP THRILLS: Lo que no te mata te hace más rico.

¿Tú qué harías si estás casado, tu mujer está en el paro, tienes un bebé, siete días para pagar tu casa o te desahucian y el día que vas a pedir un aumento te echan a la calle? Pues la lías. Y mucho.

Por Teresa Domingo.


Y es que cuando no tienes nada que perder te da lo mismo liarla a lo grande. Personalmente no tendría muchos escrúpulos a la hora de robar, traficar o extorsionar. Y no  te digo nada si hablamos de dinero fácil. A ver, no me juzguéis tan rápido, que estoy hablando en el hipotético caso que estuviera casada, o no, pero mi pareja estuviera en el paro, tuviéramos un bebé, siete días para pagar la hipoteca y perdiera mi trabajo. Y si tenéis cojones, decidme que vosotros no.

En esas se ve nuestro protagonista, Craig (Pat Healy), la noche que queda con su colega de toda la vida, Vince (Ethan Embry), después de cinco años sin verse. La típica noche ahogapenas en un tugurio, en la que te dan igual ocho copas que ochenta. Hasta que se cruza en tu camino un tipo llamado Colin (David Koechner) un rico extravagante, abiertamente derrochador y con un estupendo sombrero, que empieza invitándote a un chupito de tequila y termina convirtiéndote en un temerario, en un ser sin escrúpulos que rebasa los límites de lo que se supone decente. En un puto cafre, vamos.

Para celebrar el cumpleaños de su joven, bella, enganchada a Instagram y silenciosa esposa, Violet (Sara Paxton), Colin y ella eligen a estos dos pobrecillos para poner a prueba de qué calaña estamos hechas las personas. Cuán bajo podemos caer por un puñado de dólares. El juego empieza con pruebas pequeñas, sencillas, por pequeñas cantidades de dinero, que van aumentando al mismo ritmo que la intoxicación etílica y la dificultad de las pruebas. Dificultad que se torna en esperpento. Esperpento que juguetea con el gore. La historia de una noche con momentos memorables, que rozan el absurdo hasta llegar a un final apoteósico que sólo te hueles unos minutos antes de que te salpique en toda la cara. Divertídisima.

Una de esas películas que engrosaban mi pila de películas pendientes y que a partir de ahora debería engrosar la vuestra. Esta es la ópera prima de E.L. Katz, apadrinado por grandes del terror actual como Ti West o Adam Wingard, que bien le ha valido un hueco en la segunda entrega de The ABC’s of Death. Un thriller innovador, brillante, inteligente y tremendamente reflexivo que cumple las altas expectativas que la crítica extranjera me había creado.

No vamos a descubrir ahora, y más en los tiempos que corren, que el dinero hace aflorar los instintos más bajos del ser humano, pero E.L.Katz da una vuelta de tuerca y lo que nos deja es un ejemplo de los límites de degradación a los que se puede llegar por codicia o por necesidad, presentando, a la vez, los dos extremos: la locura que produce el color verde en el que lo tiene todo y la que ciega al que no tiene nada.

Cheap Thrills  está rodada de manera ingeniosa y pulcra, enteramente cámara en mano, con multitud de planos detalle que nos hacen partícipes directos de la acción, inmersos en recursos geniales. Por supuesto que tiene fallos, pero Katz es consciente de sus limitaciones  como primerizo y sabe hacer buen uso de ellas, usando, por ejemplo, la excesiva linealidad para poner a los personajes en situaciones cada vez más grotescas a buen ritmo narrativo ‘in crescendo’. Sabe usar al espectador y jugar con él. Por suerte nos toca la parte divertida, ni pagamos ni recibimos. Sólo miramos. Pero no miramos  tan sádicamente como en Saw, de James Wan, es más el concepto que nos presenta el principio de Tesis, de Alejandro Amenábar: lo que tienes delante son aberraciones que no quieres mirar pero que, al final, miras. Y una vez has mirado, ya no puedes dejar de hacerlo.

Una película americana, original e independiente, (parece mentira que se puedan poner todas esas palabras juntas) que se podría clasificar como comedia negra surrealista y que me ha recordado inevitablemente al concepto de violencia que se nos planteaba en Funny Games, de Michael Haneke, donde la única motivación para los personajes es la violencia como diversión, como un juego. Lo que viene a ser violencia pura y duramente gratuita, sólo que en esta ocasión sí se paga por ella.

 

Sigue a Teresa Domingo en Twitter: @Tuiteresita

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Si es creepy, es para mí.

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