CINCO CÓMICS PARA TODOS LOS PALADARES.

Dicen que en la variedad está el gusto. Viendo las cosas que leo en una menos de una semana, o debo de tener un gusto maravilloso o un criterio inexistente.

Por Javier Marquina.

Hacía tiempo que no me lanzaba a esto de reseñar varios títulos en una misma entrada, a modo de pequeñas recomendaciones o críticas de las cosas que he ido leyendo a lo largo de la semana. La verdad es que esta entrada también obedece a una serie de intereses creados que me obliga a comprimir en esta fórmula una serie de títulos que quería comentar, aliviándome así de la estrenaste carga que supone ver como la lista de las cosas pendientes crece sin remedio y que tu ritmo actual de trabajo no va a permitirte aliviarla, sino todo lo contrario.

 

Cómics CuarentónCUARENTÓN, de Joe Ollman. Editorial La Cúpula.

No es exactamente como en un espejo, pero, sin duda, la imagen es reconocible. Sobre todo si tienes 41 años y has pasado por alguna de las aventuras/experiencias narradas por Ollman. Al menos por alguna parecida. Cuarentón es un nuevo autorretrato sin pudor que habla de con normalidad de todos esos sentimientos miserables que nos asaltan cuando nuestra rutina se convierte en una insoportable serie de diapositivas monótonas. Constreñidos por ese mismo fuerte que nosotros hemos construido, cualquier factor que altere esa normalidad parece un enorme faro en medio de la peor de las tormentas, aunque en realidad sea poco más que una cerilla consumiéndose bajo la suave llovizna de un inocente aguacero. Cuando lo que nos falta siempre nos parece mejor que lo que tenemos, en sin duda el momento de sentarnos frente a nuestro cerebro y preguntarle por qué se empeña con tanto ahínco en jodernos la vida.

Cuarentón es sincera, real y algo deprimente. Está llena de migajas de tristeza y restos de ese vacío que devora a los inconformistas crónicos. Es una fotografía perfecta de esa clase de persona que jamás están satisfecha con nada, por mucho que su vida esté muy por encima de lo que se merece. Destaca, por su absurda precisión, la segunda parte del cómic: una auténtica lucha titánica entre la estupidez, el deseo, la sensatez y ese otro yo que nos habla con voz tranquila cuando toda nuestra sangre se acumula como un narcótico en los cuerpos cavernosos de nuestro pene. Es increíble ver como alguien está dispuesto a arriesgarlo todo por un puñado de incertidumbre que podría acabar en sexo. Increíble, sí, pero tristemente cierto.

 


Cómics ¡Universo!¡UNIVERSO! Nº 5, de Albert Monteys. Panel Syndicate. 

Hace tiempo que quería hablar de este sensacional cómic de Albert Monteys, así que voy  aprovechar esta pequeña trampa que me he hecho a mí mismo en forma de crítica múltiple para saldar esa deuda pendiente casi imperdonable. No se acerca ni mucho a lo que de verdad merece este estupendo tebeo digital, pero al menos es un diminuto homenaje a una gran obra.

Vale. Lo reconozco. También es una maniobra cobarde para no tener que enfrentarme a una crítica más extensa que podría convertirse en una tarea inabarcable, de las que te devoran por los pies como un Robert Shaw de mercadillo gritando como una niña en las fauces del tiburón. Es cierto. Ha sido puro miedo, y soy culpable de ello. Por esta vez es suficiente, así que quedaros con la idea de que Universo es un extraordinario cómic de ciencia ficción. De esa ciencia ficción que te hace pensar y te fuerza a devanarte los sesos para intentar comprender el concepto, la idea o la manera en que se resuelve la historia. Esa ciencia ficción que tardas en entender pero cuya críptica y variable resolución fascina por su propia complejidad. Atrevida, brillante, arriesgada, dibujada con innegable talento, ¡Universo! es ese tipo de serie que anhelas ver editada en tapa dura, con solapas, con papel satinado y colores brillantes, como esa inteligencia artificial que desde su omnipotencia en el ciberespacio todo lo que desea es ser algo real y físico.

Espero que no haga falta salirse de la sincronía temporal de la dimensión que nos alberga para ver este deseo convertido en una realidad palpable y colocado en el máximo correcto de la función seno correspondiente. Por ahora, lo único que deseo es que el señor Monteys saque el siguiente número de la saga.

 


Cómics Mayor y MenorMayor y Menor vol I, de Chanti. Editorial Milenio. Nandibú Historietas.

El karma es lo que tiene. Te declaras ajeno a cualquier sentimiento paterno, y entonces llega a tus manos un tebeo que habla de padres, hijos, hermanos tíos y las cosas bonitas que te nacen en las tripas y algunos llaman amor. Justicia poética, sin duda.

En mi caso, ser el pequeño de tres hermanos no me permite valorar en su justa medida la terrible debacle social y familiar que debe suponer para un hijo único la llegada de un pequeño competidor. La lucha entre la sangre, el amor incondicional y casi instintivo que nace de los genes y ese sentimiento inevitable  y feroz de rey destronado es el motor sobre el que giran las tiras cómicas (a una por página) con las que Chanti ilustra las anécdotas que en algún momento todos hemos vividos o hemos visto vivir. Dejar de ser el centro del universo conocido es duro, y no hay mejor manera de afrontar semejante trauma que con humor, mezclando la inocencia y el análisis certero derivado de la sinceridad aplastante de la infancia. Sin traumas, llenas siempre de un contagioso optimismo, cada historia es un cliché lleno de verdad y costumbrismo.

Alternando acidez para todos los públicos con momentos de amor fraternal y familiar, el autor hace un recorrido por experiencias conocidas con las que no puedes evitar sonreír al verte reflejado en alguna de las partes. Es difícil conectar con alguien que, como yo, nació sin esa bomba genética que nos impulsa a perpetuar la especie, pero la verdad es que el extenso reparto de actores permite que te veas caricaturizado en algún momento o en alguno de los chistes, consiguiendo despertar ese lado tierno que te afanas en ocultar bajo toneladas de cinismo.

Un cómic divertido y entrañable que puede servir como guía y manual para todos aquellos que afrontan por segunda vez la experiencia maravillosa, absorbente y castrante de dar vida a una nueva personita.

 


Cómics ApocalyptigirlAPOCALYPTIGIRL. AN ARIA FOR THE END TIMES, de Andrew MacLean. Editorial Dark Horse.

Más ciencia-ficción. Esta vez de la mano de un autor que permanece sin publicar en España por alguno de esos azares editoriales que espero se subsanen pronto, porque me parece del todo incomprensible. De Head Lopper, su obra más conocida hasta el momento, hablaré en breves, pero aprovecho para recomendar con vehemencia esta maravilla alucinante que es Apocalyptigirl a modo de breve piscolabis.

Encubierto bajo el conocido esquema que recorre un mundo arrasado por el Apocalipsis y el día a día de los que sobreviven a la destrucción de todo lo establecido, MacLean hace un ejercicio gráfico que bebe del trazo de inigualable Mike Mignola y toda esa escuela que, con economía de trazo, limpieza y reduciendo los componentes a su forma más básica, consiguen resultados gráficos espectaculares. La sensación de claridad, pericia narrativa y fluidez que desprende esta breve historia de una mujer y su gato en un mundo en guerra pueden resumirse en la sencillez con la que se lee este cómic. Una facilidad engañosa con la que vas avanzando de forma instintiva hasta un desenlace inteligente y satisfactorio, acorde con ese despliegue visual que te hace preguntarte como, si de verdad es tan obvio, hay tantos incapaces de hacer algo remotamente parecido. Además, al acabarlo, y casi sin darte cuenta, te encuentras con que todo lo que deseas es volver a empezarlo en un bucle que se antoja infinito, poseído por la sonrisa idiota del que está disfrutando con aquello que más le gusta.

Imaginad que visitáis jardines del Edén guiados por muñequeras a medio camino entra el comunicador de Buzz Lightyear y el Pip-boy 3000. Imaginad que reparáis servoarmaduras milenarias mientras os acosan bárbaros tatuados de azul. Imaginad juicios finales sancionados por dioses extraterrestres. Y ahora decidme que no tenéis ganas de ir a por él, que ya os invito yo a una manzana.

 



Cómics ColderCOLDER 3. LA ÚLTIMA CENA, de Paul Tobin y Juan Ferreyra. Medusa Cómics.

Cuando compré el primer tomo de Colder totalmente entregado a su impactante y brutal portada, no pude evitar un profundo sentimiento de decepción. No sé, había algo que no encajaba. El dibujo del argentino Juan Ferreyra se ajustaba a lo prometido, pero había un tufillo general en el guión de Paul Tobin que conseguía que no acabara de cuajar. Le faltaba una pieza, un punto de sal, ese toque secreto que convierte la comida de hospital en un manjar digno de restaurante premiado. ALGO.

Como me suele pasar a menudo, compre el segundo tomo por inercia, impulsado por ese enfermizo deseo de completar que arrasa la cuenta corriente de los perdidos. La cosa mejoró, quizá porque la historia se volvió más interesante al profundizar en la historia de los personajes y el villano, esta vez, en vez de ser un remedo mellado de el Joker, sí parecía bastante aterrador. Es lo que tienen los dedos, se transforman en algo perturbador en cuanto son cercenados y colocados en una maceta.

Lanzado por el ya mencionado impulso instintivo que se veía reforzado al saber que este tercer tomo era el último de la serie, lo compré con la satisfacción de saber que iba a cerrar otro círculo y a añadir una nueva muesca en mi culata de “completa”. Como en cada número, el dibujo de Ferreyra es un espectáculo de fuegos artificiales cegador y brillante, con algunos momentos que te dejan boquiabierto. En ese aspecto nada que objetar, ya que la uniformidad de las tres entregas en cuanto a la calidad gráfica es impecable. En cuanto al guión, Tobin realiza un esfuerzo final que resulta de agradecer, sobre todo porque consigue culminar de manera satisfactoria todo lo planteado, dejando la puerta abierta a ese resquicio de incertidumbre que toda buena historia de terror necesita. No es el mejor cómic del siglo, ni siquiera de mi semana, pero la verdad es que a pesar de su titubeante comienzo, remonta el vuelo para acabar de forma más que digna una historia que no me llamaba demasiado. Y como ya he repetido por activa y por pasiva, en estos tiempos de abrumadora mediocridad, un guión digno y un dibujo excelente son razones más que suficientes para hacer que me compre un tebeo.


Hasta aquí la primera (y quizá última, ¿quién sabe?) tanda de reseñas. Cinco recomendaciones variadas para ir haciendo la lista de los regalos navideños, que luego llegan los camellos y nos pillan sin saber lo que queremos…

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Nací, crecí, vomité ácido blanco y lechoso sobre un donut y me lo comí.

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