CIRCLE: No le des más vueltas y elige

Porque el cine de ciencia ficción no necesita de grandes tomas con naves, robots y alienígenas en 3D para ser resultón.

Por Teresa Domingo.

 

Así van las cosas en Internet. Tú me recomiendas a mí, yo te recomiendo a ti y esto lo leo por allá. El dueño de El Descampao reseñó para la competencia esta película indie del 2015, y me picó el gusanillo. Tras mi nueva suscripción a Netflix, y viendo que la tenía tan a mano, pues me la he zampado.

Dejando de lado este triple spam, totalmente gratuito, os cuento un poco de que va esta historia de intriga y ciencia ficción con mucho terror psicológico, perpetrada por Aaron Hann y Mario Miscione.

La hora y media de peli transcurre en un solo escenario circular, de fondo negro, en el que cincuenta personas despiertan, dispuestas en dos círculos concéntricos alrededor de una esfera, negra también. Cada dos minutos suena una bocina que anuncia que uno de ellos está a punto de morir fulminado. Entre todos, en pocas rondas van descubriendo las normas no escritas del juego,  pudiendo elegir quién es el siguiente en caer o dejando que el azar sea el que decida, y lo que comienza como un ejercicio de compañerismo, termina convirtiéndose en el rosario de la aurora, tras una retahíla de prejuicios, bandos, promesas, mentiras, súplicas y engaños.

Evidentemente todo el peso de la película recae sobre los diálogos y las decisiones de los personajes. ¿Quién tiene derecho a vivir y quién no? ¿Quién es nadie para decidirlo? Y sobre todo ¿quién los ha puesto ahí y para qué? Con estas premisas existencialistas comienza el disfrute de la representación de nuestra maravillosa sociedad a pequeña escala. (No sé si últimamente hay mucho material que emocionaría a Sartre o es mera casualidad pero sólo encuentro cosas que me hacen ver lo ruin, repulsiva y miserable que puede llegar a ser nuestra especie). Pronto dejarán de preguntarse si han sido otras personas, los aliens o la mismísima parca quien les ha cedido su dedo aniquilador, para ir decidiendo de quién es el turno.

Al igual que ocurre con nuestros protagonistas, nuestra vida va pasando y nosotros vamos eligiendo qué hacer con ella en cada momento. A veces elegimos bien y otras mal, pero la elección siempre es nuestra y, por regla general, y tras descartar otras opciones, nos solemos debatir entre dos. La dualidad es algo inherente a nuestra concepción del mundo: la noche y el día, el blanco y el negro, el frío y el calor, el bueno y el malo, y el feo, que va con el guapo… y en esta trama todo va a funcionar igual.

El caso es que hay que elegir, y en cualquier caso, mucho más en una situación de supervivencia extrema, siempre va a haber, al menos, dos posicionamientos ante un mismo dilema, cada uno defendido a capa y espada por los que opinan así. Los niños y las embarazadas parecen ser difíciles de matar a sangre fría, así que la primera confrontación, y, probablemente, la más visceral y por la que empezaríamos todos, es jóvenes contra viejos. Está claro que, por muy mal que suene, si de lo que se trata es de perpetuar la especie humana, cuanto más jóvenes sean los especímenes, mejor.

Según va avanzando el relato y los personajes se van dando a conocer, en esos escasos dos minutos de los que disponen entre una muerte y otra, otro tipo de enfrentamientos obligarán a los supervivientes del juego a decidir quién es el siguiente: negros contra blancos, cristianos contra gays, sanos contra enfermos, delincuentes contra inocentes… todo lo que puedas imaginar, y más, tal y cómo se desarrollaría en cualquier situación de máxima emergencia. Siempre teniendo en cuenta que, viendo el percal, siendo gente a la que acaban de conocer, y la presión añadida que supone decidir algo así, sin que pare de morir gente a tu alrededor cada vez que suena una bocina, es natural que cada uno adopte su propia estrategia y tenga que diferenciar entre la verdad y la mentira y, así, tratar de elegir lo que más conveniente para cada uno, permitiéndoles durar el máximo tiempo posible. Es como un Gran Hermano de la Muerte en el que una Mercedes Milá muda va eliminando participantes para siempre, y en apenas dos horas… Ahí te lo dejo, Zeppelin.

La pena para Circle es que ya existen Cube y Battle Royale, incluso ya hay una esfera negra que plantea juegos macabros a quienes la rodean en Gantz. Si no se hubieran escrito, ni rodado, o si no se conociesen antes de ver lo que tiene deparado el Círculo para sus jugadores, quizá, el factor originalidad funcionaría. Aun así, con poco presupuesto, una iluminación normalita y los efectos justos, llega a tocar ese rincón de nuestro cerebro que nos hace repeler a nuestra especie en grupos mayores de tres.

Para opinar hay que saber, así que, si no tenéis nada mejor que ver, es una buena opción para merendar mientras te planteas unas cuántas cosas del ser humano.

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Si es creepy, es para mí.

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