Ciudad, de Clifford D. Simak

La ciudad, los perros, la humanidad y el futuro.
Por Chema Mansilla

Tal vez no sea uno de los primeros libros que uno nombra cuando piensa en “clásicos de la ciencia-ficción”. Pero Ciudad lo es, y es una auténtica lástima que no sea un título más conocido. Yo llegué a él gracias a una de esas listas de “los mejores libros de ciencia ficción”, y creo recordar que no se encontraba entre los diez primeros puestos. Tal vez ni entre los veinte primeros. Pero es un libro que disfruté hace ya más de una década y que he vuelto a leer hace poco. Dicen que nunca lees un libro dos veces, que cambias y encuentras cosas nuevas en la misma lectura. Y es cierto, pero con Ciudad es algo que me pasa muy levemente. Principalmente porque es un libro que deja cierto poso de tristeza, de fatalismo.

A Clifford D. Simak tal vez se le conozca más por otra novela posterior a Ciudad, la también estupenda y recomendable Estación de Tránsito. Y como ya os he dicho que es “también estupenda y recomendable” os hacéis una idea de que os animo encarecidamente a leer los dos libros. En concreto Ciudad sirve como un compendio de relatos que narran la saga de la familia Webster a lo largo de los milenios, y con ella, la de toda la humanidad. Un narración en la que veremos cómo ciertos individuos de esta familia son decisivos para el devenir de toda nuestra especie. El giro realmente maravilloso y que hace de esta obra algo casi único, es que estos relatos han sido recuperados y estudiados por aquellos que heredarán la Tierra. Lo perros. Para ellos la humanidad no es sino un recurso literario, una figura retórica y mitológica, un recuerdo que sirve a los cánidos para reflexionar sobre su propia naturaleza.

No entraré en detalle sobre la trama de los Webster y cómo los perros llegan a dominar la Tierra, por aquello de que el lector potencial pueda sorprenderse con la lectura. Pero quiero llamar la atención sobre el retrato que D. Simak hace de la humanidad. Con una objetividad casi histórica (ojalá toda la Historia fuera así de imparcial) retrata nuestros pasos por la Tierra desde las cavernas, el arco y la flecha hasta una futurible colonización de otros planetas. Desde su punto de vista de unos recién estrenados años 50, el autor hace una predicción del futuro del ser humano bastante ingenua, con un rigor científico y técnico más cercano a la fantasía que a la ciencia-ficción. Pero carece de importancia ya que la naturaleza metatextual de estos relatos y su reinterpretación como mitología bien permite difuminar ese tipo de detalles. Lo importante es aquí tanto cómo llega la humanidad a hacer lo que hace como otra series de preguntas que, sin ir más lejos, tal vez sean las misma que han motivado al espíritu humano desde el primer individuo fue consciente de su humanidad.

El libro no da, evidentemente, respuestas a esto. Pero por ejemplo sí que hace referencia al desarrollo de una fantástica filosofía que lo consigue. El cualquier caso, como lector de este libro la única respuesta que yo he conseguido entresacar a estas páginas ha sido algo así como un encogimiento de hombros de mi yo interior y un sucinto “el ser humano es así”. Y por eso mismo, fantasías tecnológicas y recursos literarios a parte, me parece que la predicción que Ciudad hace para el futuro de nuestra especie es totalmente factible. Maravillosa y preocupantemente factible. Soy algo más pesimista y creo que tras nuestro paso por el Universo no quedará nada de la Tierra que heredar ni nada en la Tierra que lo herede, más que el polvo a sí mismo. Pero el retrato de la humanidad, como colectivo, que he encontrado en esta novela me ha parecido tan razonablemente plausible como la primera vez que lo leí. Tal vez no sea el futuro más vistoso, el más llamativo. Pero está lleno de grandes momentos y de miserias. ¿No ha sido así la historia de la humanidad hasta el momento? ¿Por qué iba a cambiar porque alcancemos las estrellas?

Sin ser la novela más científica del género, o tal vez precisamente por eso, Ciudad puede ser el libro que mejor consiga retratar lo que ha sido, lo que es y lo que será el ser humano. El tiempo lo dirá. Dentro de cien mil años.

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¡Oh, mírame, estoy haciendo feliz a mucha gente! ¡Qué bien! ¡Soy un hombre mágico! ¡Del pais feliz! ¡De la casa de gominolas de la calle de la piruleta!

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