‘El Club del Divorcio’, una oda a la mujer.

¿En una palabra? Conmovido. Así es como me siento. Así es como mente y cuerpo se sincronizan al cerrar la última página de esta obra maestra. Dañado moralmente, impresionado como lector, anonadado como amante de la ilustración y emocionado como ser humano. Mujeres, hombres, bienvenid@s al Club del Divorcio.

Por Ramonet Daví.

Kazuo Kamimura (Japón 1940-1986), en lo que seguramente fue una inspiración divina (de la diosa del cómic o la que exista), creó una de las obras más indispensables y necesarias que posee el mundo del tebeo. A pesar de su corta vida, consiguió pensar, escribir y dibujar una historia que, tras sus 43 años de existencia, sigue teniendo todo el sentido reivindicativo y comprometido con el que se creó. Y sigue siendo, si cabe, más dura y emotiva que antaño. Aunque en verdad, lo que narra esta historia sigue siendo un tema de actualidad, y eso es una muy mala noticia. La peor de todas.

Kamimura, en un claro y acertado intento de denunciar una realidad de su Japón de los años 70 (en España aun ni existía el divorcio), describe como era la precaria situación social y económica que vivían las mujeres divorciadas en aquél entonces. El divorcio para ellas significaba dos tristes verdades. Una: luchar contra la miseria, ya que no existía la compensación económica por divorcio; y dos: la mujer no se había incorporado al mercado laboral y por tanto los trabajos que podían desempeñar eran de limpiadora, camarera o prostituta. La triste esperanza de rehacer sus vidas pasaba por el deseo de algunas a volverse a casar de nuevo, ya que la figura femenina se entendía puramente como un complemento de la vida cotidiana del hombre. Qué jodida mierda de sociedad patriarcal y machista, ¿verdad? Pues así era el Japón de entonces. Y así sigue siendo buena parte del mundo actual.

Aunque a veces, la inhumanidad, se llena de humanidad y nos provee de figuras que podríamos llamar proféticas. De mujeres y hombres capaces de ver más allá que la masa con una capacidad de sufrimiento y sacrificio como pocas. Como Yûko, la protagonista de esta historia. Con tan solo 24 años de edad, decide imponerse a toda una creencia cultural y decide luchar contra ese estigma. ¿Cómo? Pues montando un local nocturno llamado ‘El Club del Divorcio’, y dando trabajo a un grupo de mujeres, que, como ella, estaban condenadas al desprecio y a la exclusión social. Yûko, toda una Wonder Woman, una Kitty Pride, una Tormenta, una Jean Grey… toda una heroína.

No os confundáis, Yûko y sus chicas no son prostitutas. Podríamos decir que son una especie de Geishas modernizadas, ya que ofrecen entretenimiento y conversación a los clientes del local y solo acceden al acto sexual si a ellas les apetece. En Japón, estos locales existían en gran cantidad en esa época.

No voy a contaros absolutamente nada de la trama, pues estamos delante de una obra costumbrista, que narra la realidad de una época. Por tanto, lo que os espera en estos dos tomos (casi 1000 páginas de relato), es un drama social encarnado por este grupo de chicas y Yûko, su jefa. Conocer su día a día. Sus alegrías y sus penas. Su pasado y sus posibles futuros. Kamimura nos regala la posibilidad de viajar en el tiempo y meternos de lleno en cada de viñeta, que aunque sabemos en todo momento de la ficción, desprenden realidad a trazos.

En esa realidad, vivida y sentida por las mujeres de la obra, también hay lugar para varios personajes masculinos, que de alguna forma ayudan a entender el pasado de Yûko (su exmarido), el presente (conoceremos algunos de los clientes que frecuentan el club) y el ¿futuro? (Ken, el camarero y único trabajador hombre del local al que Yûko parece mirar de forma distinta).

Aunque por supuesto la obra se trata de un drama, también hay lugar para las risas con personajes o escenas hilarantes dentro del club, y para el amor o el sexo, con apasionantes escenas llenas de erotismo y sensualidad.

Vamos a quedarnos con la palabra sensualidad y añadiremos delicadeza y estilo, para definir los trazos del maestro Kamimura (que por si no lo sabíais, fue el mentor de Jiro Taniguchi, tristemente fallecido ahora hace un año). Fue conocido como ‘el pintor ukiyo-e de la era Showa’, y autor de obras seinen como la famosa Lady Snowblood, de la que Tarantino dijo que había sido su inspiración para crear la saga Kill Bill. A lo largo y ancho de ‘El Club del Divorcio’ nos da una lección de narrativa aplastante gracias a la inmensa cantidad de viñetas que utiliza para describir algo a priori tan liviano como es darse una ducha o algo tan intenso como darse un beso. Lo que otro autor lo resuelve en una o dos viñetas, este lo enfatiza y analiza el detalle de cada acción, dándole así importancia al hecho que nos quiere describir en la acción.

Siguiendo con el máster en creación comiquera de Kamimura, demuestra un extenso repertorio de planos de imagen. Picados, contrapicados, cenitales, oblíquos… No hay punto de vista que no explore. A destacar las maravillosas splash pages o grandes viñetas de la ciudad de Tokyo, que utiliza para cambiar de escenario o de capítulo.

Todo esto, acompañado un por un delicado trazo, que no carga la página ni la viñeta, y que nos ayuda a avanzar junto con los diálogos. Danzando por las páginas, este maldito Kamimura consigue que bailemos con él. En serio, cogedle la mano y dejaros llevar.

Se que después de todos los argumentos que os he dado no os hará falta este dato, pero es suficientemente importante para tenerlo en cuenta. El año pasado, esta obra fue premiada en Angoulême, con el Premio del Patrimonio, reconociendo así la universalidad y la indiscutible calidad de la obra, y de la mano de ECC, llega a España por primera vez. Gracias Angoulême.

Al principio del artículo os comentaba el hecho de que en el fondo es una mala noticia que una historia así siga siendo tema de actualidad. Tristemente vivimos en una sociedad desigual. Tristemente sigue existiendo la asquerosa violencia machista. El macromachismo, el micromachismo. Tristemente en Irán por poner un ejemplo, las mujeres no pueden cantar en público o ir en bicicleta. Deplorablemente, en países del oriente medio es obligado llevar la cabeza cubierta y ropa ancha, desde hace más de 40 años. Lamentablemente, en África sigue existiendo la ablación. Penosamente, M.Rajoy titubea y esquiva cuando le preguntan sobre la igualdad en los salarios en España. En absolutamente todos los estratos sociales sigue existiendo esa odiosa discriminación.

Pero, por suerte, no todo es malo. Por suerte siguen existiendo Yûkos dispuest@s a desafiar esa realidad. Por suerte, existen y existirán mujeres y hombres valientes capaces de dar la vuelta a una situación que muchos, demasiados, deciden ignorar o restar importancia. Imbéciles que creen que el feminismo es cosa de locas exageradas. Imbéciles que seguramente nunca llegaran a leer ‘El Club del Divorcio’ y seguirán andando por la tierra con ojos y mente cerrada. Imbéciles que, cuando todo esto cambie, por suerte, ya no tendrán nada que decir.

Mujeres, hombres,  leed a Kamimura. Conoced a Yûko. Sed Yûko, por favor.

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