Community: La vida es una batalla de bolas de pintura.

Community ha vuelto a ser lo que era. Gracias a Dios. O a Dan Harmon. Que pensándolo fríamente, quizás sea lo mismo. Visto lo visto, yo creo que sí.

Por Javier Marquina.

No. Esto no lo vais a ver en la serie, pero, ¡ay! Alison Brie…

Me gustan las comedias de situación americanas. Es otra de mis confesiones bochornosas que los que me seguís en este blog sabéis que voy haciendo de vez en cuando. Lo susurro a media voz, en grupos cerrados, intentando que todos aquellos que ven Águila Roja, o Cuéntame, o El Barco, es decir, televisión de verdad, no descubran mi horrible secreto. Me enganché a Friends y a The Big bang Theory, incluso veo Dos hombres y medio cuando no tengo nada que hacer. Soy la chusma intelectual de la Tierra, lo sé, pero es que me hacen gracia. No me río a carcajadas pero me hacen sonreír. Ya. No me lo digáis. Soy despreciable.

Con Community me pasó algo curioso. Metido ya en Tuiter (y sí, escribo Tuiter porque me gusta mucho más así) como medio de información y alimentación básica, comencé a escuchar comentarios más que favorables hacia esta serie. Como soy un alternativo de mierda y tengo sangre de hipster trasnochado y gafapastero, un mecanismo cerebral rancio y atávico me lleva a pensar que lo que le gusta a la masa es, por definición, una puta mierda. Con perdón. Así que adopté mi pose de idiota cultural oficial y me hice el reacio y el reticente, alegando que una serie americana, una comedia de situación de capítulos de 20 minutos no puede llenar de ninguna manera mis inagotables ansias intelectuales. Una vez más. Como casi siempre, estaba equivocado.

Al final y gracias a la insistencia de una buena amiga comencé a ver Community, bajo advertencia de que en los primeros capítulos, la serie estaba muy lejos de lo que al final acabaría siendo. Y tenía razón. En todo. Joder. Ya lo creo. Después de un comienzo común y bastante anodino, llega un momento en que uno de los personajes se disfraza de Batman y se crea un punto de inflexión metafísico, astrológico y quimérico que convierte a la serie en una de las mejores jamás escritas, con algunos de los mejores episodios que yo he podido ver en mi vida. Sin exagerar. De esos que te dejan con la sensación de que lo que acabas de ver es, a falta de expresiones más contundentes y menos educadas, la leche. Los episodios dedicados a las batallas de bolas de pinturas son, sencillamente, épicos. La historia de los futuros alternativos y la pizza es gloriosa. El guión del capítulo del videojuego es difícil de superar. Hay tantas escenas que elegir, tantas frases, tantos momentos. Hasta Chevy Chase está gracioso y el personaje del Decano es… es… hay que verlo para creerlo. ¡Qué grande es Jim Rash! (Sí y todo lo que me olvido y me dejo en el camino. Ahí está la sección de comentarios para ayudarme).

Aún lloro al recordarlo.

Cuando al final de la tercera Dan Harmon, creador y alma mater de la serie anunció que abandonaba la serie por desavenencias con los productores, algo se rompió en mi interior. Algo tan grande que hice algo que no he hecho con ninguna otra serie. Me declaré huelga. Me salté una temporada completa. La negué, como si jamás hubiera existido. No la vi. Ni voy a hacerlo. Nunca. Soy así de raro. De fiel. De caprichoso. Por lo comentarios que he ido leyendo sé que no me he perdido nada. Si tenéis una voluntad de hierro y aún no habéis empezado con Community haced lo mismo. Dudo que os arrepintáis.

Por fortuna, todavía existe criterio en el mundo y un resquicio de esperanza para el ser humano y el señor Harmon fue readmitido en su propia serie al principio de la quinta temporada, la que en la actualidad están echando en los Estados Unidos y a mí me han vuelto a hacer un señor feliz. A happy Human Being, no sé si me entienden. Episodios como el del juego de la lava así lo confirman. Vuelta  a lo bueno. A lo que hizo a esta serie grande. Referencias, diálogos de vértigo, inteligencia y actores en estado de gracia. Un lujo de serie. Una maravilla de esas que a veces suceden. Un regalo. Una fiesta. Algo que debería ser de obligado visionado en cualquier escuela que se precie. Nicholas Cage estaría de acuerdo, aunque no me ha quedado muy claro si es un genio o un espanto. Me pondría aún más tierno y blandito, pero creo que el señor Chang me acecha para, en cuanto me descuide, gritarme:

GAYYYYYYYYYYYYYYYYY!

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Acerca de Javier Marquina 210 Articles
Nací, crecí, vomité ácido blanco y lechoso sobre un donut y me lo comí.

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