CONAN EL BÁRBARO, nostalgia para viejos guerreros.

Planeta DeAgostini ha publicado ya dos tomos del Conan de Brian Wood,  un más que recomendable reencuentro con uno de los mejores personajes de la mitología creada por Robert E. Howard: Belit, La Reina de la Costa Negra. Para todo aquel que no sepa nada de Conan, esta reseña contiene SPOILERS. Y gordos. De 1983, eso sí.

Por Javier Marquina.

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La lista de mis 10 cómics favoritos es curiosa. Va mutando ligeramente a medida tus gustos de lectura cambian y se van diversificando, antes habitualmente centrados en los superhéroes. No siempre coincides con tus amigos, pero hay obras de esas inevitables que siempre salen en la conversación. Autores que son como tótems sagrados que siempre están ahí, inmutables, como padres fundadores de una nueva religión, sagrados, intocables. Ya sabéis de quien hablo. Frank Miller y Alan Moore son los primeros en la mayoría de nuestras listas. Luego es una cuestión de ir rellenando los espacios hasta completar los 10 elegidos y discutir aferrados a una cerveza acerca de si tal o cual obra merece de verdad la pena, o es una boñiga pretenciosa camuflada en un envoltorio bonito, brillante y perfumado por los besos de una heroína con poca ropa.

El caso es que siempre que elaboro una de estas listas, hay ciertos cómics que no incluyo nunca. Cómics que no aparecen en tu mente con letras de neón rojo carmesí cuando piensas en OBRAS MAESTRAS y, sin embargo, cuando te acuerdas de ellos con el velo adecuado de tu niñez, de esa inocencia que miraba fascinada aquellas grapas de papel rugoso y colores que eran puntitos muy juntos, te das cuenta que fueron cómics fundamentales en tu vida. Cómics que te convirtieron en el aficionado que eres ahora, que te modelaron para poder disfrutar de este medio de esa forma tan angustiosa, grandiosa y total propia de los fanáticos.

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CLÁSICO IMPRESCINDIBLE.

Uno de esos cómics, uno de esos que no incluyo en ninguna lista pero que posiblemente es uno de los que más veces he leído en  mi vida, es el nº 24 de Conan El Bárbaro editado por Fórum. Aquel cómic guionizado por Roy Thomas y dibujado por el inconmensurable y genial John Buscema es uno de esos tebeos que se marcan al agua en tu piel y no te dejan nunca. Podría decir que lo he leído más de mil veces, pero creo que mentiría. Han sido más. Muchas más. A veces pienso que aquel viejo tebeo llegó a desintegrarse en mis manos. Aún hoy me es difícil expresar de manera más o menos concreta todas esas emociones que aquellas páginas, aquel último combate de La Reina de La Costa Negra provocaron y siguen provocando cada vez que me enfrento a ellas. Épico, trágico, heroico, aterrador, romántico… todo lo que pueda decir de él no se acerca ni de lejos a su grandeza, ni podré jamás describírselo de manera acertada a alguien que no lo haya leído. Creo que de niño lloré con su última página. Fue una única lágrima, como Conan, viendo los dos derrotados como se va todo aquello que una vez quiso, alejándose despacio por entre las brumas del pasado.

Cuando Planeta DeAgostini decidió publicar esta revisión del mito de Conan y Belit escrito por el excelente Brian Wood, supe que se lo debía a mi niño interior. Aquel mismo niño que, arriesgando parte de su paga, se gastó 95 pesetas para hacerse con un cómic que probablemente acabaría en la basura si sus padres conocieran el contenido. Le debía a ese pequeño fascinado por aquellos dibujos  poder volver a disfrutar de esa historia de amor salvaje y verdadero llena de muerte y barcos piratas, de junglas, de ciudades imposibles. Se lo debía a aquel niño alucinado por aquel monstruo alado más viejo que el tiempo que vivía rodeado de los tesoros tristes que uno acumula cuando no queda nadie más. Le debía a mi infancia volver a sonreír con un Conan más joven, una Belit más sensual y pálida, unos peligros más reales y menos tentaculares, pero no menos aterradores.

Los puristas podrán decir que este nuevo Conan es demasiado joven, demasiado delgado, demasiado estilizado o gafapasta o hipster. Que el dibujo (*) es poco heroico y contundente, que es demasiado estilizado y poco ‘bizarro’. Que no hay monstruos primigenios fantásticos ni empresas imposibles. Que Roy Thomas lo hacía mejor y que John Buscema es un maestro eterno, brutal e insuperable. Y quizás tengan razón. O quizás no. Yo sólo digo que todos aquellos que crecimos con aquel Conan nos debemos la compra de esta nueva colección para recuperar la nostalgia. Esa emoción que ahora parece abotargada en nuestras entrañas, asesinada por historias infames que compramos por la inercia del coleccionismo. Para todos aquellos que nunca crecieron con una de esas colecciones que te dejan el alma marcada con el secreto del acero, tienen una oportunidad de oro para disfrutar de dos de esos personajes de la literatura que trascienden y arrasan con cualquier convencionalismo o traba que queramos poner a sus conquista. Porque Conan y Belit son eso: clásicos que perduran y hacen grandes a las historias, a los cómics y a tus recuerdos.

(*) Personalmente el dibujo de Becky Cloonan me encanta, pero apenas ha durado tres o cuatro números en la colección antes de ser sustituida por Declan Shalvey o Dave Stewart, así que prefiero no entrar más en lo que me parece el dibujo, y lo dejaremos en que este Conan no es nuestro Conan de siempre, el Conan de Buscema que está ya como un icono eterno en el imaginario popular.

Sigue a Javier Marquina en Twitter: @IronMonIsBack

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Nací, crecí, vomité ácido blanco y lechoso sobre un donut y me lo comí.

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