Copra. El fondo y la forma.

COPRA es un cómic fresco que usa elementos añejos. El Escuadrón Suicida, El Doctor Extraño, Robot de Invencible… Conceptos metidos en una batidora, talento y frescura. O, dicho de otra forma, cómo hacer una salsa ligera de verano con brandy, mostaza de Dijon y queso muy curado.

Por Javier Marquina.

A veces se nos olvida lo importante. Nos preocupa más marcarnos un farol y aparentar, aunque no tengamos ni idea de lo que estamos hablando. Tirarnos el moco, fardar, darnos golpecitos en el pecho porque somos más chulos que nadie. Nos encanta eso de ser el gorila de lomo plateado de nuestra manada. Lo que pasa, es que comportándonos así, perdemos la perspectiva y el norte y nos alejamos de lo principal. En el mundo del cómic, de la literatura, del arte en general, lo que se impone es decir que has leído tal o cual tebeo u obra, que has ido a tal o cual exposición y que, por supuesto, te han encantado aunque en realidad te parezcan un tostón o una bazofia mediocre. No importa, si es lo que está de moda, tienes que ir con un ejemplar de lo que sea bajo el brazo y mostrarte entusiasta de la materia. Es preferible molar a ser sincero, y se relega la opinión personal a un segundo plano para poder seguir la estela de los grandes gurús del tema, que son los que marcan tendencia y a los que no hay que contradecir jamás. A veces, los que dejan de seguir el camino correcto son los propios autores que, guiados por esos mismos líderes de tendencia y opinión, no hacen las obras que quieren hacer, sino las que se supone que deben hacer. Bien sea para vender, porque está de moda o porque la empresa lo manda, se produce una cantidad ingente de material que no va a ningún sitio y que se olvida de lo fundamental. A veces, el autor busca crear algo que trascienda y que se convierta en un hito en su género. Para lograrlo, fuerza y retuerce todo lo que hace porque cree que así, siendo espeso y rebuscado, va a lograr engendrar algo que consiga que los culos de todos los críticos del mundo se conviertan en Pepsi-Cola, olvidando que las obras maestras no deberían nacer como tales, sino que deberían transfromarse en clásicos después de ser descubiertas y saboreadas por los lectores. Si lo buscas, probablemente no vas a encontrarlo. En un noventa por ciento de las ocasiones, la excelencia reconocida es fruto del talento, del trabajo y, sobre todo, de la casualidad. El genio se tiene, forzarlo sería como intentar violar a un hipopótamo. A veces los demás lo ven; otras, por desgracia pasa desapercibido. Obsesionarse con el triunfo, con el éxito o con la moda nos lleva a cometer atropellos y a dejar atrás todo lo que debería ir por delante. Si hablamos de cómics de superhéroes, por ejemplo, la única premisa que debería guiar a guionistas, dibujantes y cuantas personas componen la industria, tendría que ser simple: ENTRETENER. Olvidarse de accesorios, merchandising, retos filosóficos y tendencias mercantilistas. Lo que hay que hacer con Spiderman es flipar.

Copra, la obra de la que vamos a ocuparnos en esta reseña, es una historia de hombres con poderes y problemas que son usados como carne de cañón para realizar misiones imposibles. Hay magia, armaduras tecnológicas, supermodelos atléticas, armas grandes y lanzallamas. Hay complot, emoción, violencia, drama, un Macguffin clásico y un trasunto de Doctor Extraño que segmenta las viñetas cada vez que usa sus poderes. Copra es un cómic independiente que sigue de forma fiel los parámetros establecidos para el género, pero dándole ese tono diferente que tanto se agradece cuando ya estás cansado de clones, de caras que son siempre iguales y de escenas de acción calcadas una y otra vez en cada página. Una vez más, los cómics alejados de lo convencional, de lo esperado, son los que rescatan el espíritu verdadero que nunca debieron perder aquellos en los que se inspiran. Los que se lanzan sin miedo a contar algo de forma diferente, son los que acaban haciendo lo que deben, y lo logran usando las mismas herramientas que utilizaban sus maestros, esa gente que tanto admiraba y cuyo trabajo influye y se respira en cada una de las páginas. Son aquellos que solo tienen una cosa en mente: DIVERTIRNOS.

Copra, editada en España por El Nadir e Inefable Tebeos, es una obra que huele a ilusión y en la que se nota el enorme cariño que su autor, Michel Fiffe, le pone a lo que hace en cada personaje, en cada línea, en cada una de las viñetas. También se aprecia que lo único que pretende Fiffe es pasárselo bien y hacer lo que le gusta, y eso, al final, siempre revierte en el lector, que acaba siendo absorbido por ese entusiasmo contagioso que impregna cada página. Además, en este cómic hay un montón de cosas en las que fijarse, una montaña de detalles muy chulos en lo narrativo y una tonelada larga de experimentación integrada a la perfección en una estructura que no abandona parámetros clásicos fundamentales, todo al servicio de una historia en la que los malos son los buenos pero no tanto y los más malos usan el esoterismo para destruir cosas, por ejemplo. O quizá no. Creo que para saberlo tendrás que leerlo. Lo que sí hay es una calavera con un objeto místico destructivo incrustado en ella, y todos sabemos que los artefactos mágicos y misteriosos que destruyen cosas molan mogollón.

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Nací, crecí, vomité ácido blanco y lechoso sobre un donut y me lo comí.

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