Crítica: El Llanero Solitario

El Llanero Solitario cabalga de nuevo es una buddy pirotécnica que no reniega de su origen en los seriales radiofónicos y televisivos, ni de la saga Piratas del Caribe.
Por Chema Mansilla

Si tienes algo más de 30 años seguramente recordarás ver al Llanero Solitario en el primer canal de TVE (cuando sólo había dos canales), en blanco y negro, los sábados por la mañana. Yo lo recuerdo, y lo hago con cariño porque realmente era divertido. Con aquella edad disfrutaba de las acrobacias de los dobles, de las persecuciones, las peleas y los tiroteos. Y realmente estaba muy enfadado por el mundo porque no comprendía por qué aquella serie tan molona era en blanco y negro cuando otros programas de la tele mucho peores eran a color. El telediario, por ejemplo.
Viendo esta puesta a punto del personaje y su universo de la mano de Disney, Bruckheimer y Verbinski he vuelto a disfrutar de todo eso que me gustaba hace casi treinta años.

El Llanero Solitario es seguramente una de las grandes sorpresas del verano cinematográfico. Y digo sorpresa porque a pesar de su naturaleza de blockbuster parece llegar a los cines con cierto handicap. Su relación directa con la saga Piratas del Caribe puede ser un gran lastre ya que de manera mayoritaria, el público parece no tener en muy buena estima las últimas entregas (comprendo lo de Piratas 4, pero la trilogía original me parece sensacional). Además, poner el peso de la promoción sobre Johnny Depp haciendo el indio, tomando su enésima encarnación de Jack Sparrow (emplumado en este caso)  como reclamo puede hacer sombra a otros grandes e interesantes valores de esta película.

Yo he disfrutado mucho de esta película. Me ha gustado su humor desenfadado, su espíritu divertido: Tomemos todo aquellos que es icónico de los seriales originales y hagámoslo más grande. Ahora tenemos un gran presupuesto y podemos hacer efectos especiales increíbles. Llevemos lo que hacía divertido a El Llanero Solitario original a otro nivel.
Persecuciones alocadas sobre los vagones de un tren, tiroteos, peleas, y acrobacias sobre caballos. Los chistes funcionan, la trama engancha, los actores cumplen. ¿Qué importancia tiene que cuando comienza a sonar la opertura de William Tell de Rossini uno no pueda evitar reírse? Casi parece que estamos todos tan apabullados por la realidad que ya no podemos disfrutar de esas cosas que son simple y llanamente divertidas. El Llanero Solitario es una películas que he disfrutado con treinta años, y que disfrutaría también con ocho. Tiene un tipo con antifaz, acción, y un Johnny Depp haciendo gala de su gran talento para el humor corporal y la mímica. A pesar de su talento y de su divertida actuación, su interpretación de Tonto, como co-protagonista y narrador, es simplemente un engranaje más en la maquinaria de esta locomotora de entretenimiento.

Si disfrutaste del Llanero Solitario en tu infancia, si te gustó Piratas del Caribe en algún momento, si tan sólo jugaste a indios y vaqueros alguna vez, esta película te va a divertir. Te va a entretener y va a conseguir que pases casi tres horas (¡tres horas!) de agobiante crisis veraniega fresquito en el cine sin ninguna preocupación. ¿Cómo puede ser mala una película así?

El Llanero Solitario es una película pensada para divertir, sin meterse en más complicaciones. No necesitas personajess intensos que sufren mucho, ni devastar una ciudad entera, ni alienígenas chungos. Sólo un caballo blanco, pradera para trotar bajo el cielo azul y poder gritar “Hi-Yo, Silver!”

Sigue a Chema Mansilla en Twitter: @ChemaMansilla

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¡Oh, mírame, estoy haciendo feliz a mucha gente! ¡Qué bien! ¡Soy un hombre mágico! ¡Del pais feliz! ¡De la casa de gominolas de la calle de la piruleta!

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