LOS CRÍTICOS SOMOS GENTE HONRADA. (Pero malvada)

¿Despellejar o acunar? ¿Soliviantar o tranquilizar? ¿Enaltecer o vituperar? Las opciones son infinitas cada vez que te pones a escribir una reseña. Esta es una pequeña reflexión que trata de explicar el silencio crítico y el porqué es mucho más fácil escupir a los que no conoces de nada.

Por Javier Marquina.

Visto lo visto, debo ser mala persona. No me cabe la menor duda.  A la hora de reseñar, me lo paso mucho mejor destrozando una obra lamentable que ensalzando un clásico. Disfruto mucho más encontrando epítetos tan casposos como el desastroso horror que en ocasiones reseño que enlazando un discurso retórico engolado que demuestre la importancia histórica de una obra mítica. Es cierto que hablo de diversión pura y dura, no de recompensa, rigor académico o realización personal. Hablo de ese disfrute descerebrado y primitivo, tan parecido al que uno obtiene jugando a un shooter en la PS4 y disparando hasta a las macetas del vecino.

Reconozco que es un placer culpable y cobarde, ya que las redes sociales y el mundo de las webs y los blogs en general permiten una distancia segura, prudencial y cibernética con el objeto de tus calumnias. Seguramente de encontrarnos cara a cara con el autor de ese cómic al que hemos tirado del burro unas cuatrocientas veces, nuestro mensaje se suavizaría hasta extremos bochornosos, convirtiendo máximas contundentes del estilo “este tebeo es una putísima, pestilente y deprimente mierda” en sentencias tibias y educadas como “pues A MÍ no me ha gustado demasiado, aunque claro, igual no soy el público objetivo…”

CRÍTICOS
Qué ganas tengo de hablar de ese cómic tan de moda…

Sin duda, es más fácil insultar a gente que no conoces de nada y a la que no vas a ver en la vida. Ya que vas a ser cruel y a obliterar un trabajo que en muchos casos ha supuesto un esfuerzo considerable para el que lo realiza, lo mejor es aplicar un distanciamiento emocional que no se puede conseguir cuando has establecido una relación de amistad superficial con el dibujante o el guionista. Ya que vamos a sacar el hacha, es mejor cortar miembros de completos desconocidos. Es una de esas reglas no escritas en la normativa social básica que nos permite convivir sin dolores de cabeza con personas con las que nos comportamos educadamente, con las que podemos compartir unas risas y unas cuantas cervezas, pero que no marcarán el devenir de nuestra existencia con la impronta emotiva que dejen en nuestras vidas.

Llegados a este punto, queda claro que el silencio crítico está basado más en una cuestión de educación y respeto que de una necesidad verdadera y real de reseñar solo cosas bonitas. Es cierto que, puestos a distribuir nuestro limitado tiempo, es preferible compartir con nuestros seguidores y lectores obras provechosas que han aportado algo positivo a nuestra experiencia con el tebeo. La vida es demasiado corta como para perderla en algo que no merece la pena, y hay tanto bueno donde elegir, que podemos aparcar las cosas negativas con un esfuerzo casi nulo. De igual forma, y teniendo en cuenta que también necesitamos ese punto de entretenimiento borde y desahogo que nos proporcionan las reseñas negativas y crueles, la tendencia (en mi caso) es la de elegir cómics producidos por compañías grandes y realizados por autores extranjeros, ya que mi modesta e insignificante opinión hará tanto daño como el impacto de un mosquito en la luna de un coche. Si la obra de un autor nacional o conocido no nos gusta, lo habitual es apartarla y sumirla en un discreto silencio, una valoración tácita pero tan contundente y definitiva como el conjunto de esputos y sandeces con los que te recreas criticando la enésima e infame bosta superheroica. Es como silbar haciéndote el despistado cuando sabes que te va a a caer un considerable marrón encima. Si no hablo de ello, mala señal. ‘No news, bad news’. Puedo ser acusado de cobardía, pero la verdad es que la mayoría de las convenciones sociales están basadas en un sistema eficaz pensado para cagados que no quieren que dar que hablar. A pesar que el anonimato otorgado por iconos y perfiles en las redes sociales ha provocado una ficticia demolición de estos convencionalismos escudando a la gentuza en barreras etéreas todavía más cobardes, se sigue manteniendo esta normativa implícita que permite caminar sin hacer ruido.

CRÍTICOS
Eso no me lo dices a la cara…

¿Sirve todo esto para algo? Lo dudo. Aparte de ser una especie de analgésico para mi conciencia y una disculpa tangencial para todos aquellos autores de tebeos que esperaba con ansia y necesitaba leer, pero que me dejaron con la triste frialdad de la decepción aferrada a mi chepa, este texto no es más que una paja mental llena de argumentos personales e intransferibles. Mis ideas. Mi gusto. Mi color. Mi culo. ¿No es esto lo que siempre se dice cuando viertes tu opinión en un texto público? ¿Hemos hablado ya de toda esa arquitectura de valores inventada por los pichaflojas para no encabronar a nadie?

Pues eso.

Sigue a La Isla de las Cabezas Cortadas en Twitter y en Facebook.

Acerca de Javier Marquina 214 Articles
Nací, crecí, vomité ácido blanco y lechoso sobre un donut y me lo comí.

1 Trackbacks y Pingbacks

  1. ¿MOLA O NO MOLA? Vol. XLVII - La Isla de las Cabezas Cortadas

Leave a Reply

Tu dirección de correo no será publicada.


*